lunes, 30 de diciembre de 2019

Feliz Navidad hermanos

“Cuando un silencio todo lo envolvía, y la noche estaba a la mitad de su carrera tu Palabra omnipotente, Señor, se abalanzó a una tierra condenada al exterminio” (Sab 18,14-15).

Siempre nos volverá a conmover que en un silencio que nos envuelve, haya una palabra que rompa su mutismo, y que en una tierra rota y enfrentada esa palabra encienda una luz capaz de alumbrar, reconciliada, todos los caminos.
Así es la Navidad, siempre igual y siempre en trance de reestreno. Por eso, además de engalanar nuestras calles y poner guirnaldas de color en nuestro entrecejo, sabemos que hay un porqué, que hay un por quién en estas fiestas que nos llenan de alegría y esperanza. Un porqué y un por quién que tiene nombre, que logran encender de nuevo la humilde luz de Dios que nos alumbra sin deslumbrar, que nos abraza sin posesión, que nos acompaña con paciencia y discreción.
Porque la luz que el Señor encendió necesita de candeleros de hoy en donde luzca, y la gracia que nos regala precisa de manos de ahora que la repartan. Es la Navidad continua, la que no tiene guirnaldas, la que nunca caduca, pero que llena de paz y bien cada carencia y cada entraña.
Como hiciera el mismo San Francisco de Asís con aquel primer belén viviente, deseo que la Navidad sea abrazo de Dios a nuestra vida, iluminación de nuestras oscuridades y salvación de nuestros callejones sin salida. El pregón de Navidad es al mismo tiempo un pregón de novedad. Que esta santa Navidad cristiana nos llegue como el anuncio nuevo de la Buena Noticia que por venir de Dios nunca se gasta. Dios sea con nosotros en su Madre bendita.

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