sábado, 14 de septiembre de 2019

Pequeños gestos


A veces, estamos tan inmersos en nuestras vidas que no nos damos cuenta de que al tener un pequeño acto generoso con los demás podemos hacer que su día sea más brillante, feliz e incluso que ganen en confianza hacia ellos mismos y alegrarles el día. Este estar inmersos en nuestras necesidades nos ocurre cuando no estamos conectados con el presente, cuando nuestra mente está pensando en cosas pasadas o preocupada por hechos futuros, porque cuando realmente estamos viviendo el ahora, no se nos escapan esos pequeños detalles que podemos tener con los demás.

Un pequeño detalle puede marcar una gran diferencia en la vida de alguien

Fabula estrella de mar

En ocasiones, si no nos animamos a realizar una buena acción por una buena causa es porque pensamos que solamente con nuestro esfuerzo no es suficiente, que no tiene sentido, que si nadie más hace lo mismo, no tendrá la suficiente fuerza nuestra acción, pero estamos equivocados. Existe una fábula, la del niño y la estrella de mar que viene a explicar esta sensación que a veces nos desanima cuando pensamos en realizar una labor altruista:
Hubo una vez, un hombre mayor, que salía a pasear todas las mañanas por la playa, allí, durante varios días, veía a un niño que se afanaba muy inquieto en devolver al mar todas las estrellas que podía cuando la marea las dejaba en la arena de la playa. Las estrellas de mar sólo pueden vivir cinco minutos fuera del agua y en la arena había cientos de ellas. El hombre, todas las mañanas veía la misma escena y se preguntaba por qué perdía el tiempo ese niño. Una mañana decidió acercarse a él y preguntarle que por qué lo hacía, si la mayoría de ellas morirían, entonces el niño abrió su manita y le mostró una estrella de mar de color rojo brillante y antes de devolverla al agua le dijo «Porque para ella sí tiene sentido».

Esta fábula viene a ilustrar que no es necesario que nuestras acciones lleguen a un gran número de personas, cuando tenemos un detalle con alguien, esa persona va a ser más feliz, y probablemente también le apetezca a ella tener detalles con otras personas. Con la generosidad se produce el efecto dominó. La fuerza de la amabilidad es como una onda expansiva, las personas suelen abrirse a ella y les anima a ser mejores y dar lo mejor de ellos mismos.

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