sábado, 16 de febrero de 2019

Jesús, las bienanturanzas y los pobres



No las leo si no es a la sombra de la cruz y a la luz del crucificado: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Sólo en esa sombra y con esa luz puedo acercarme al misterio que las palabras encierran.
En esa cruz, condenado a ella, clavado en ella, está un pobre, un hombre al que sólo quedan en propiedad heridas y palabras.
Un día, en el llano, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos los pobres.
Otro día, desde lo alto de una cruz, bajando los ojos hacia ti y hacia mí, como quien deja un testamento a sus hijos, nos hizo llegar el eco de aquella asombrosa revelación: Dichosos los pobres.
Volví a leer la pasión en el evangelio de Lucas, escudriñé tus palabras, Señor, y tus heridas: Repartiste tu cuerpo como un pan, y con tu sangre sellaste una Alianza nueva y eterna. Dijiste palabras de advertencia a las mujeres que lloraban tu destino de muerte: Van a llegar días en que se dirá: «Dichosas las estériles, los vientres que no han parido y los pechos que no han criado». Entonces, la gente pedirá a los montes: «Desplomaos sobre nosotros», y a las colinas: «Sepultadnos». Pediste al Padre perdón para todos los implicados en la muerte de su Hijo. Hiciste promesas de paraíso a un ladrón sin futuro.
El cenáculo, el camino de la cruz, la cruz, nos devuelven las palabras de la revelación en el llano: Dichosos los pobres, y nos invitan a entrar en su misterio: Dichosos los discípulos que comieron el cuerpo entregado del Señor y bebieron la nueva Alianza sellada con su sangre. Dichosos los verdugos que oyeron una súplica de perdón impetrado para ellos. Dichoso el ladrón, crucificado con Cristo, que aquel día entró con el Rey en el paraíso.
Para discípulos, para verdugos, para ladrones, ¡para los pobres!, el Reino de Dios se llama Jesús, y está allí para todos, como un pan y una misericordia. Si tienen hambre, serán saciados; si lloran, reirán. Los saciados, tendrán hambre; los que ríen, llorarán.
“Dichosos los pobres, porque Jesús el Reino, el perdón, el paraíso- es para ellos, y ellos lo acogerán.
Y dichoso Jesús, el Hijo que se hizo pobre para ser nuestra riqueza, pues cuando todo lo ha dado, también la vida, conoce la dicha de recibir a los pobres que ha amado: a los discípulos, al jefe de los soldados, a un ladrón a nosotros.
Hoy, cuando os reunáis en asamblea eucarística, sabréis cumplidas en vuestra celebración las palabras del evangelio: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Hoy se os entrega el Señor; hoy es para vosotros su cuerpo y su sangre, su Reino, su gracia, su misericordia, su amor.
Para los otros pobres, nosotros hemos de ser presencia real de Jesucristo el Señor.
Para todos, en Jesús, estamos llamados a ser paraíso, pan y consuelo.
Feliz domingo.

Fr. Santiago Agrelo
+ Arzobispo de Tánger

sábado, 2 de febrero de 2019

Hoy y aquí



«Hoy» y «aquí», adverbios para la gracia y la fiesta:



“En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: _Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Queda atrás la profecía, queda fuera la reflexión moral, quedan allí sin sentido la exposición doctrinal y la exhortación piadosa. Las palabras de Jesús son revelación de un acontecimiento turbador. Cuando Jesús dice, hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír, sus palabras, no sólo desvelan el misterio de la profecía que acaba de leer, sino que empiezan a desvelar también su misterio personal, el de un hombre que ha sido ungido por el Espíritu Santo, y ha sido enviado para que lleve a los pobres la buena noticia de la gracia de Dios.
Una reflexión moral, una exposición doctrinal, una exhortación piadosa son intemporales. Los acontecimientos están necesariamente anclados a un «ahora» en el tiempo, y a un «aquí» en el espacio. De ahí la importancia que tiene en las palabras de Jesús el adverbio de tiempo «hoy», y la locución espacial en vuestros oídos”, que la traducción oficial lamentablemente ignoró y substituyó por un desubicado que acabáis de oír”.
«Aquí» acontece. «Hoy» se cumple. «Hoy, aquí» es salvación cumplida evangelio- lo que hasta hoy era sólo salvación prometida profecía-.
A donde llega Jesús la salvación se hace cosa de «aquí» y de «hoy»: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador dice el ángel a los pastores en la noche de Belén-. Hoy tengo que alojarme en tu casa…Hoy ha llegado la salvación a esta casa le dice Jesús a Zaqueo, el publicano de Jericó-. Hoy estarás conmigo en el paraíso le dice Jesús a uno de los malhechores ajusticiados con él-.
Jesús es la salvación. Lo fue para los pastores de Belén, para Zaqueo, para el ladrón del paraíso. Lo es para nosotros, que hoy nos encontramos con el Señor y escuchamos su palabra en la asamblea litúrgica de la comunidad cristiana.
La salvación que es Jesús, es gracia de Dios para enfermos y pecadores, para publicanos y malhechores; y porque es gracia, es también alegría, fiesta en el corazón, para enfermos y pecadores, para recaudadores y bandidos.
Feliz domingo. Feliz encuentro con Cristo Jesús, hoy, en la celebración eucarística.

Fr. Santiago Agrelo
+ Arzobispo de Tanger

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