sábado, 1 de diciembre de 2018

Evangelio del Domingo 2 de Diciembre de 2018

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO 2018

Si la semana pasada, la liturgia de la Iglesia nos proponia las características del Reino de Dios que trae Jesús a través del Evangelio de Juan haciendonos ver un Dios Amor hasta el extremo y por tanto un Reino de Dios desde el servicio al hermano necesitado como eje central de la HISTORIA DE LA SALVACIÓN realizada en la redención de Jesucristo, en su muerte y Resurrección. 

Ahora justamente la Iglesia a través de este período de ADVIENTO, nos anuncia una llegada de un Nacimiento, sin el cual la HISTORIA DE LA SALVACIÓN proclamada en el Nuevo Testamento no se hubiera producido. La Iglesia nos anuncia la llegada del Redentor, de un Dios que salva desde la HISTORIA HUMANA, del nacimeinto de Jesús, para lo cual hay que prepararse. 

El ADVIENTO es este periodo de cuatro semanas que nos propone la Iglesia al cristiano a modo de reflexión, de preparación a través de oraciones y lecturas que nos llama a convertir nuestro corazón de piedra en un corazón de carne", a reflexionar en la palabra y encontrar su profundo mensaje, a interpretarlo a la luz del Espíritu Santo.

Es el anuncio precisamente de que ese Reino de Dios está cerca, de que ese Reino de Dios es posible, de que ese Reino de Dios tiene Nombre en un Dios que actúa en la historia humana y que actúa como Historia de Salvación, un Nombre llamado Jesús ("Dios salva"), un "Dios con nosotros".

Este Reino de Dios está cerca y lo anuncia la Iglesia conmemorando el Nacimieto de Jesús. El Reino de Dios está cerca y no es el Reino de los reinos de la tierra en el contexto de aquella pregunta que le hizo Pilato a Jesús, presentado en el Evangelio de Juan el Domingo pasado, poniendo en boca de Jesús justamente que su "Reino no es de este mundo". Evidentemente en aquel contexto el "mundo" tiene unas connotaciones negativas, donde habita la codicia, la envidia, la ambición, el odio No es este evidentemente el ámbito del Reino de Dios donde Jesús reina. 

La Iglesia en este periodo de Adviento nos anuncia con el Nacimiento de Jesús, que el Reino de Dios está cerca, y que actúa en el mundo para transformarlo, para restaurarlo, para cambiarlo porque se anuncia así, un "cielo nuevo y una tierra nueva" posible, donde "cielo y tierra se abrazan". Así un "mundo nuevo" es posible, un "mundo nuevo" es realizable en "este mundo". Con el nacimiento de Jesús prepara la Iglesia a anunciar un "mundo nuevo" donde habita el Reinado de Dios, donde reina Jesús, donde "la justicia y la paz se besan", donde reina la paz y el amor de Dios, donde se proclama "unos cielos nuevos y una tierra nueva un periodo que llamamos ADVIENTO (Venida, llegada) de cuatro semanas, para que el cristiano vaya sopesandolo, reflexionandolo, orando, viviendo en su entorno más cercano y más lejano viviendo este Espíritu de la Iglesia, como anunciadores y miembros de ella. Seamos pues, anunciadores alegres de esta Buena Noticia, la del Evangelio que se realiza en la Pascua redentora de Jesus con su muerte y Resurrección y que se inicia en esta PASCUA en esa Encarnación de Dios en la humanidad, haciendose Niño desde la más asombrosa humildad divina. 

Para esta preparación de la Navidad la Liturgia de la Iglesia nos propone estas cuatro semanas del ADVIENTO, comenzando este PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO, con unas citas del CAPÍTULO 21 DEL EVANGELIO DE LUCAS. (Lc 21, 35-28. 34-36)

El Evangelio de Lucas es uno de los tres Evangelios sinopticos junto a Mateo y Marcos y que por lo tanto tienen una misma estructura catequética y paralelismos que indican una misma fuente tradicional oral y probablemente escrita. Un Evangelio el de Lucas cuya composición no se ponen de acuerdo los autores pero en cualquier caso en el siglo I sobre el año 60 al 80. Es un Evangelio escrito a cristianos de comunidades nuevas surgidas fueras de Israel. Según parece acompañó a San Pablo y es autor de Hechos de los Apóstoles según escribe en el comienzo de este libro como "segunda parte de su Evangelio".

COMENTARIO AL EVANGELIO DE LUCAS CAPÍTULO 21, 25-28. 34-36)

Son estos versículos del Evangelio de Lucas que junto a los de Marcos y Mateo, una clara alusión a la irrupción de irrupción de unos TIEMPOS NUEVOS, y como es corriente en los géneros apocalipticos llenos de símbolos que nos quieren expresar un CAMBIO. 

LLegado el ADVIENTO justamente que quiere prepararnos para un acontecimiento principal en la HISTORIA DE LA SALVACIÓN que el cristiano proclama como es la llegada, el nacimiento de Jesús, esto es la Encarnación, la acción de Dios en la historia humana habitando entre nosotros, tomando nuestra propia condicion humana sin dejar de ser divina el Niño Jesús.  La lectura nos quiere preparar dándonos a entender que todo cambio como va a ser la llegada de unos "cielos nuevos" y una "tierra nueva" como refería en los párrafos introductorios, necesariamente alterarán este "mundo" para su conversión. El Reino de Dios que proclama el Nuevo Testamento en muchas citas con recursos metafóricos: "singos en el sol, la luna, las estrellas", "estruendo del mar..." "potencias del cielo sacudidas" "angustias...", "vendrá el Hijo del Hombre sobre las nubes...." , " entonces levantad se acerca vuestra liberación...". 


Con estos sígnos y símbolos el evangelista Lucas al igual que hace Mateo y Marcos nos quiere expresar esa llegada definitiva del Reino de Dios, para lo cual nos propone que estemos preparados. Nos propone así prepararse a la venida de un cambio que "alterará" los cielos y la tierra. Un anuncio de que el "Reino de Dios" se realizará que Jesús tendrá la definitiva victoria. Es el Reino de Dios nacido de la Redención ya realizada con su muerte y resurrección. Es la revelación de la salvación escatológica en ese "ya pero todavía no". En esa esperanza cristiana en esa llegada continua de unos cielos nuevos y una tierra nueva para lo cual hay que estar preparados.

Así pues la lectura del capítulo 21 del evangelio de Lucas realizada en este contexto de Adviento, nos insta a PREPARARNOS simpre de la llegada de un Dios que viene que asume la humanidad en el Niño Jesús, y nos propone ser anunciadores de esa Pascua ya realizada en Jesús siendo instrumentos de Paz y Amor en el mundo, curando heridas en medio del dolor humano, anunciando así unos cielos nuevos y una tierra nueva siendo instrumentos escatológicos del Reino de Jesús.

Pedro García Pérez

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