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miércoles, 17 de febrero de 2016

LA DOCTRINA SOCIAL

Me preocupa la reiteración de algunos comentaristas cuando insisten en que la Iglesia no ha escrito o no ha actuado con contundencia ante los cambios producidos por nuestro mundo durante los dos últimos siglos. Que ha persistido casi silente y no ha promovido la respuesta adecuada ante la transformación social. Como si no le interesara esta cuestión que afecta y ha hecho sufrir a tanta gente en nuestro entorno. Y eso, creo, es profundamente injusto y fruto del desconocimiento o del desinterés.

Esta página semanal me permite recordar algunos datos al respecto. Y, por supuesto, ofrecer a los católicos algún criterio de actuación. También para muchos lectores que buscan información sobre la conducta y la implicación de los cristianos en estos ámbitos. Es una preocupación personal después de algunas lecturas de las últimas semanas. Cualquiera podría encontrar obras publicadas recientemente que abordan esta cuestión.

Buscando aconsejar un buen resumen, diferentes autores me han llevado a una obra que el Pontificio Consejo Justicia y Paz publicó en 2005 y que tituló Compendio de la doctrina social de la Iglesia (BAC / Planeta). Son 300 páginas de contenido y 120 de índices. Parece un poco extenso, pero, teniendo en cuenta toda la documentación existente, es un perfecto sumario de las convicciones que los cristianos debemos saber aplicar a nuestra vida y enseñar a los que se interesen por la palabra de la Iglesia en el mundo de hoy.

Esta obra contiene una introducción (Un humanismo integral y solidario) y trece capítulos con los siguientes títulos: El designio de amor de Dios para la humanidad; Misión de la Iglesia y doctrina social; La persona humana y sus derechos; Los principios de la doctrina social de la Iglesia; La familia, célula vital de la sociedad; El trabajo humano; La vida económica; La comunidad política; La comunidad internacional; Salvaguardar el medio ambiente; La promoción de la paz; Doctrina social y acción eclesial. Termina con una conclusión (Hacia una civilización del amor).

Obsérvese que surgen los grandes temas que afectan al ser humano, su dignidad y origen y sus relaciones con los demás, con la sociedad y con el universo. De cada tema, se describe su naturaleza, las conveniencias y dificultades en su aplicación, sus fundamentos en la Palabra de Dios y en el Magisterio, un análisis de la situación y unas perspectivas de futuro.

De aquí se deducen también unos criterios de actuación para cada individuo y cada grupo social, teniendo siempre presente el núcleo esencial de las palabras del Señor: todos somos hijos de Dios, hermanos suyos y de todos los hombres, y como tales deben actuar todos los cristianos.

La justicia, la misericordia, el amor y el perdón son las actitudes básicas para cumplir las exigencias evangélicas. Haría falta recordar también los últimos documentos del papa Benedicto (Dios es amor) y del papa Francisco (La alegría del Evangelio y Laudati Si).

Son muy aleccionadores y completan algunos aspectos señalados antes, precisamente ahora que tanta gente se muestra como defensora indiscutible de la justicia, del medio ambiente y del bienestar.

Para los cristianos no debería suponer ninguna novedad.

Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida

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