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domingo, 6 de diciembre de 2015

Vivir la Caridad

Jesús nos revela el rostro de Dios con su comportamiento
compasivo hacia los hermanos marginados y pobres, un
amor “visceral”. Miremos a todos con la mirada compasiva
de Jesús, para consolar a cada descartado, afligido, herido de
la vida, a cada empobrecido. Nada más concreto que la ternura
de Dios para orientar nuestro itinerario en el año jubilar
de la misericordia y ver a Cristo mismo en cada uno de los
necesitados (cf. Mt 25, 31-45). Vivamos la caridad en toda su
extensión y sus múltiples expresiones y realizaciones vibrando
ante las pobrezas que nos rodean. El camino de las obras
de misericordia corporal nos muestra que es posible realizarlo
y que la Iglesia es experta en misericordia. Las incontables
obras presentes en nuestras parroquias, comunidades religiosas,
cofradías, etc. son muestra de ello y, sobre todo en
este año jubilar, una llamada imperiosa para prestar nuestra
ayuda y cambiar nuestro corazón a la medida del de Cristo.
Debemos reconocer el rostro sufriente de Cristo en los hermanos
y concretar nuestro amor a los necesitados, abriéndonos
también a las nuevas pobrezas, como la soledad, la
angustia, la desesperanza, el sufrimiento de los emigrantes
y refugiados. La misericordia ha de llevarnos también a la escucha
y al acompañamiento. Cuidad con toda atención la caridad
que habitualmente hacéis, como visitar a los enfermos,
en los hospitales y en sus casas, cuidar a los ancianos, visitar
las residencias, darles conversación, acompañarles, sacarles
de paseo; acompañar a las mujeres que han abortado con
misericordia, y procurar que curen sus heridas sicológicas;
mantened con empeño asiduo y entrega responsable Cáritas
Parroquial, los dispensarios de comida, los roperos, etc.
Propongo, además, que cada parroquia o comunidad asuma
una obra de misericordia para dedicarse prioritariamente a
ella durante el jubileo (especialmente si ya atiende una institución
o le resulta cercana). En el rico “mapa” de la misericordia
de nuestra diócesis (cuyo elenco reducido ofrezco al
término de esta carta) cada comunidad y cada persona debe
hacer su propia ruta.

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