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lunes, 16 de noviembre de 2015

FRANCISCANOS EN ACCION GUATEMALA

“Para los países subdesarrollados la Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres”. Con estas palabras proféticas el Papa Juan XXIII invitaba a los cristianos y sobre todo a sus “hermanos Obispos” a llevar una vida de pobreza y a ser una “Iglesia sierva y pobre”.
Una ”Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres”.
¿Cuántas veces hemos dicho que tenemos que cerrar el paraguas para mojarnos?
No hay más que dejarse calar por la actitud pastoral y los gestos del Papa Francisco. Una Iglesia que se caracterice por el amor cálido, por el encuentro vivo entre las personas y con Cristo presente entre nosotros, por la misericordia sin límites, por la “revolución de la ternura” y por la conversión pastoral. Tanto que, hasta él como pastor, tiene “olor a oveja”, porque convive con ella y la acompaña a lo largo del camino.
San Juan Pablo II nos decía: «A lo largo de los caminos de la existencia diaria es donde podréis encontrar al Señor! Ésta es la dimensión fundamental del encuentro. No hay que tratar con algo, sino con Alguien, con “El que vive”».  Unos encontramos a Jesús en la cruz de cada día, o en medio de las alegrías, los encuentros, la amistad, etc.
Hoy nos atrevemos proponeros




Si quieres saber más de ellos, pulsa en el siguiente enlace:

lunes, 2 de noviembre de 2015

La libertad de elegir

La libertad de elegir da para mucho, si no que se lo pregunten a Milton Friedman y Rose Friedman.
Estamos ante unos momentos de emergencia, entendida la misma como acontecimiento y proyección de cambio a través de los representantes sindicales en las empresas y de nuestros representantes en las Cortes Generales: Diputados y Senadores.
Con harta frecuencia, el acto de elegir a nuestros representantes se basa, exclusivamente, en filias o fobias del todo ajenas al hacer o no de quienes pretenden representarnos, lo que supone una fortísima irresponsabilidad.


Por eso, no es baladí apelar a la responsabilidad individual de todos y cada uno de nosotros a la hora de tomar una decisión tan personal y libre como es la de depositar la confianza a través de un voto en unas siglas, sindicales o políticas, o cualesquiera otras, que supone confiar en un programa verdadero, en un equipo compacto, en una línea sin fisuras y en un trabajo arduo.
La vida de todos y cada uno de nosotros, como sabemos, son decisiones, pequeñas o grandes, pero decisiones al fin y al cabo, que suponen la forma en que afrontamos los retos que nos impone la cotidianidad, pero también suponen la asunción de las consecuencias de nuestras acciones.
Esto nos lleva a un importante concepto de las democracias, esto es, la participación, abierta de manera especial a ámbitos como el mundo del trabajo, la vida social y la política;
participación que es y debe ser característica de la subsidiaridad, es decir, el criterio que pretende reducir la acción del Estado a lo que la sociedad civil no puede alcanzar por sí misma y, por extensión, al hacer del individuo en la manera de sus posibilidades, sin delegaciones cómodas e interesadas.
La participación, como expresaba Pablo VI en la Octogesima adveniens, se expresa, esencialmente, en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. La participación es un deber que todos debemos cumplir conscientemente, de modo responsable y con vistas al bien común. Nuestro interés o desinterés no puede ir contra el citado bien común, pues a la postre todo repercute en el cuerpo social. Por tanto, no es sólo un mero papel cívico, sino un ejercicio de responsabilidad, también para con los demás, desde los más cercanos, como podrían ser familiares, a los cuerpos intermedios en los que nos integramos, hasta repercutir en la sociedad en su conjunto.
Por ello, y a mi entender, es del mayor de los intereses la profundización que ha realizado la doctrina social en las formas insuficientes e incorrectas de participación, denunciando el Concilio Vaticano II, en la Gaudium et spes, y Juan Pablo II, en la Centesimus annus, los intentos de los ciudadanos de “contratar” con las instituciones las condiciones más ventajosas para sí mismos, casi como si éstas estuviesen al servicio de las necesidades egoístas; y en la praxis de limitarse a la expresión de la opción electoral, llegando aun en muchos casos, a abstenerse.
A tenor de lo anterior, y respecto de los sindicatos, la función fundamental desarrollada por los mismos, es defender los intereses vitales de los trabajadores, sobre la base de la lucha frente a los empresarios y a los propietarios de los medios de producción o, en su caso, la Administración, pero con el fin específico de buscar el bien común, construyendo el orden social y la solidaridad.
El sindicato, siendo ante todo un medio para la solidaridad y la justicia, es también sujeto de representación y solidaridad, teniendo como misión el redescubrimiento del valor subjetivo del trabajo: “Hay que seguir preguntándose sobre el sujeto del trabajo y las condiciones en las que vive”. Por ello, “son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y de solidaridad con los hombres del trabajo”, como ya sostenía de manera magistral Juan Pablo II en la Laborem exercens. También deben asumir mayores responsabilidades en relación a la producción de la riqueza y a la creación de condiciones sociales, políticas y culturales que permitan a todos aquellos que pueden y desean trabajar, ejercer su derecho al trabajo, en el respeto pleno de su dignidad de trabajadores.

En definitiva, y volviendo sobre la cuestión precedente: Somos responsables de las elecciones que hacemos y ello repercute, seamos consciente o no, en nuestro entorno y proximidad.
¡Elijamos bien!

Nuevo coordinador del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa


En la asamblea celebrada el 29 y 30 de octubre en Estrasburgo (Francia), se ha aprobado por unanimidad la elección de la candidatura de Manolo Copé, militante de la HOAC, elegiéndolo nuevo coordinador del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa, por consenso, y con el principal objetivo es impulsar el compromiso del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE).

Desde aquí le pedimos que no se olvide, en estos tiempos difíciles, de quienes deciden cruzar las fronteras por el motivo que sea, y que, con toda probabilidad, tendrán que bajar sus cabezas para poder seguir sobreviviendo, para que la vida a nuestro lado les ofrezca lo que, del otro lado, no les permitía levantar.

Manolo Copé (Alicante, 1974) padre de familia y militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de la diócesis de Orihuela-Alicante, es cercano a la realidad de los movimientos que integran el MTCE, por la responsabilidad y el servicio desarrollado durante los últimos años en las relaciones internacionales de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). El servicio y la responsabilidad de Coordinador del MTCE es para los próximos tres años.

Junto a Copé, el grupo Coordinador del MTCE queda integrado por Otto Meier, Presidente del MTCE (KAB, Alemania); Armin Hürner, Tesorero MTCE (KAB, Suiza);  Gerard Müller, Consiliario MTCE (ACO, Francia); Jim Dearlove (MCW, Inglaterra); Josef Girtler (KVW, Italia); Olinda Marques (LOC, Portugal); Silvain Knittel (ACO, Francia); Peter Koutny (KAP, Rep. Checa) y Celia Santiago (ACO, España).

El MTCE es una red de 24 organizaciones de trabajadores y trabajadoras cristianas en 15 países de la Unión Europea y Suiza. La orientación central del MTCE es el respeto a la dignidad humana, la solidaridad y la justicia social y entre sus objetivos, favorecer y defender una Europa social y justa junto a impulsar la realización de un modelo social europeo.

Este Movimiento utiliza el método de Ver-Juzgar-Actuar. La base de la reflexión es la percepción consciente y el análisis de las circunstancias vitales de las personas. El juzgar, es la valoración según los parámetros del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. De ella emana la actuación política y pastoral, así como la elaboración y formulación de soluciones de problemas políticos, que se introducen en la política europea. Las estructuras laborales y organizativas de las diferentes organizaciones de trabajadores nacionales son diferentes.

Al mismo tiempo que existen diferentes movimientos con una amplia tradición, también existen algunos movimientos en desarrollo, sobre todo en Europa oriental. La base para el trabajo social, cultural y emancipador en cada uno de los movimientos es el Evangelio, el cual ubica al ser humano como el centro de toda acción.


El MTCE representa la coordinación europea del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC).

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