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miércoles, 7 de octubre de 2015

Voluntariado franciscano


La realidad social en la que estamos evidencia que el hombre es cada menos hombre: la libertad real de muchos hombres es cada vez menor, el sentido de su vida cada vez más difuso, la autonomía cada vez mas precaria; la felicidad se ve mas lejos y el futuro mas incierto.

Necesitamos voluntarios que pretendan poner sus dotes, dones, servicios a funcionar desde una identidad de pobres y necesitados que están dispuestos a aprender con otros, y aportar su grano de trigo que ayude a dar fruto abundante. Se necesitan artistas que construyan y den identidad a su vocación de siervos pequeños y pobres.

Una característica del voluntario franciscano es que haga el servicio desde la gratuidad que nace del amor, y lleva a la entrega personal, a la lucha por la dignidad de cad persona y a la construcción de otro tipo de sociedad. Su comprensión requiere de cualidades: la donación o la comprensión, dar o recibir, servicio o recompensa justificada, que la persona alcance sus metas.

La gratuidad es también una energia que nos anima. Los franciscanos tenemos como principal fuente de energía el compromiso de la opción preferencia por los mas pobres “los leprosos”. Ellos fueron siempre los proferidos de Aquel que dio la vida por todos. Y no olvidemos que la dio voluntariamente.

El estimulo de voluntario es la generosidad que reviste de belleza la misma acción. Reside en demostrar interés por las personas, por su bien, desde la minoridad. Ver el rostro feliz de la persona a quienes acompañamos y que esperan con impaciencia nuestra presencia, que les habla de esperanza e ilusión.

Una segunda característica que quisiera señalar es buscar el encuentro desde la fraternidad, centrada en el optimismo y la visión centrada en la convivencia y factores positivos. Se trata de crear un estilo que de vida que afecta y empuja a las personas a la transformación vital. Caminar, desde la fraternidad, es una expresión que recarga la identidad de lo que somos y hacemos, con Jesucristo como centro, a la luz de Francisco de Asís nos hacemos solidarios manteniendo viva la llama de la utopía. No trabajamos en solitario sino solidariamente fraternos sostenidos y apoyados por la misma llamada.

Finalmente precisamos como franciscanos hacer nuestra protesta-propuesta, desde la denuncia, y la presencia públicas expresadas con propuestas. La finalidad no es resignarse desde la teoría, sino convertirla en práctica cotidiana. Se trata de ser voz de los sin voz “los voceros de Dios en medio de nuestro pueblo”. Desde ahí exigir derechos fundamentales construyendo escenarios de participación. Se trata de un estar juntos provocando sueños, sumando voluntades, fortaleciendo vínculos, franciscanizando desde el servicio voluntario menor, fraterno, gratuito y solidario.


Fr. Severino Calderón Martínez, ofm.

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