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viernes, 23 de octubre de 2015

Una imagen


"Esto es lo que se me ha quedado en la retina: la imagen de miles de personas, hombres, mujeres y niños, que marchan apretujados sobre una estrecha franja de tierra, delimitada por fuerzas militares, hombres armados, hombres a caballo, máquinas de guerra…

Y esto es lo que la retina sugiere a la memoria: Filas interminables de judíos que, escoltados por militares, eran conducidos, en tiempos no lejanos, desde todos los ángulos de Europa a campos de exterminio. Filas interminables de prisioneros de guerra que, siempre escoltados por militares, eran conducidos a campos de concentración. Las niñas secuestradas por Boko Haram, que siempre escoltadas por gente armada hasta los dientes, eran conducidas a un inicuo cautiverio. Y la sugerencia más suave que se asoma a mi memoria es la del Oeste americano, con sus vaqueros armados y sus manadas de animales, conducidas a través de praderas interminables, a nuevos pastos o a recintos donde van a ser subastadas.


Intenté imaginar, en la fila de la vergüenza, a los millones de turistas que visitan Europa a lo largo de un solo año. Me pregunté quién ponía la diferencia entre turistas y refugiados. Y sólo encontré una respuesta: el dinero. ¡En Europa, el dinero da derechos, y la necesidad te los quita!"

Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger


La costa turca del mar Egeo es traicionera. Su geografía irregular crea bahías y calas de aguas calmas, en apariencia ideales como punto de partida para los botes que llevan a los migrantes y refugiados a las cercanas islas griegas, algunas a menos de 10 kilómetros del continente. Pero son espejismos: en cuanto las barcas salen a mar abierto, las corrientes y el oleaje convierten estas miserables pateras en cascarones de nuez a merced de la voluntad del mar.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha informado sobre un incremento de las llegadas de barcas a las islas griegas desde Turquía durante la última semana, que atribuye a “una mejora temporal del clima, la prisa por adelantarse a la llegada del invierno y el miedo a que se cierren las fronteras europeas”. El otoño ya ha llegado y con él una mayor dificultad de navegar. “Ha comenzado a soplar un fuerte viento y las aguas se han enfriado”, explica por teléfono Ahmet Acar, residente de la ciudad costera de Bodrum y buen conocedor de las rutas migratorias.

Doce afganos y sirios —entre ellos cuatro menores— tratando de llegar a isla de Lesbos; un niño de siete años que viajaba en una embarcación con 110 refugiados en aguas de la isla de Farmakonisi; cinco personas que se dirigían a la isla de Kastellorizo; seis migrantes —de ellos cuatro niños— en ruta hacia la isla de Kalymnos, han sido los últimos muertos, este fin de semana, de la larga lista de naufragios en lo que va de año.

La enorme distancia entre los lugares donde se han producido dichas tragedias indica también la gran flexibilidad de las rutas. “Los traficantes son tan móviles como los refugiados, en cuanto se incrementa la vigilancia en un punto, inmediatamente cambian la ruta”, explica Acar: “Y los refugiados, pese a la vigilancia y a que las condiciones meteorológicas han empeorado, siguen empeñados en cruzar a Europa. O cruzamos o morimos”, dicen.

Quizás en pocos sitios de Alemania se ha notado tanto el brusco bajón de temperaturas de esta semana como en el número 21 de la Turmstrasse. Hace meses que en esta calle berlinesa se acumulan centenares de personas que aguardan pacientes durante días, o incluso semanas, con la esperanza de conseguir los papeles que les abran la puerta a la condición de asilado político. Pero la espera se ha hecho especialmente dura en los últimos días.

“Llevamos aquí cinco días mirando las pantallas con la esperanza de que salga nuestro número, pero nunca llega. Mis padres y yo hemos dormido aquí para guardar sitio porque las colas empiezan de madrugada, pero el frío empieza a ser insoportable”, asegura en un inglés fluido Kayhan Kohestani, que a sus 15 años ya sabe lo que es huir de los talibanes en Afganistán y acabar en un país del que los desconoce casi todo. Tras un verano que parecía haberse alargado, las temperaturas en Alemania han caído alguna noche hasta los cero grados.

La situación es extremadamente delicada. Algunos voluntarios temen que el frío y las enfermedades puedan dejar víctimas mortales. “Vemos a niños pequeños que no dejan de tiritar durante horas. No puedo excluir que vaya a haber muertos”, asegura la directora de Caritas Berlín, Ulrike Kostka. Algunas noches, grupos de distintos países se han peleado por guardar un sitio. Las autoridades acaban de inaugurar otro centro de Asuntos Sociales para descargar a la oficina de la Turmstrasse, pero la sensación de caos continúa.

“Vemos a niños tiritar durante horas. Puede morir gente”, alerta Caritas
Hace tiempo que el Gobierno alemán temía que el invierno complicara la situación. Pero no preveía que los problemas se agolparan tan pronto. En Hamburgo, un centenar de refugiados se manifestó el martes con carteles de una sencillez aplastante. “Tenemos frío” o “No dejéis que nuestros hijos se congelen”, decían. El periódico Die Welt estima que de los 300.000 asilados en centros para recién llegados, más de 42.000 duermen en tiendas de campaña, muchas no preparadas para temperaturas bajo cero.

El centro de refugiados de Spandau es el único de Berlín con tiendas de campaña. Este antiguo cuartel militar en el que operaba el Ejército británico tras la II Guerra Mundial acoge a 1.600 personas. De ellas, 350 duermen en tiendas blancas alineadas milimétricamente. “No están acondicionadas para temperaturas bajo cero, pero bastan para el frío de estos días. Ahora hay que decidir qué hacer en los próximos meses”, responde una portavoz del centro, que califica de bueno el ambiente entre los refugiados.

Habib Rachman tiene una visión más negativa. “Los alemanes son buenos y nos tratan muy bien. Pero lo peor es el frío. Por las noches solo tenemos un calentador para los diez que dormimos en la tienda”, asegura este paquistaní de 19 años que llega con una carpeta bajo el brazo con sus apuntes de alemán. En sus casi dos meses en Berlín ha aprendido a decir frases como “Ich liebe dich” (te quiero).

La llegada de las bajas temperaturas presiona aún más a las autoridades regionales en la búsqueda de nuevos espacios. En algunos periódicos empiezan a aparecer noticias de ciudadanos alemanes a los que se les rescinde el contrato de alquiler social para acoger a inmigrantes. Hamburgo y Bremen han aprobado normas para confiscar terrenos privados vacíos; y otros Estados barajan dar pasos similares. La escasez de espacios permite también que algunos se estén enriqueciendo al alquilar sus propiedades a precio de oro.

Y mientras la crisis se agrava, el flujo de llegadas no se atenúa. Según publicaba ayer el Spiegel online, entre el 5 de septiembre y el 15 de octubre los Estados federados alemanes registraron a 409.000 nuevos inmigrantes, unos 10.000 al día. Nadie sabe cuánto tiempo continuará esta marea humana. La canciller Angela Merkel ya ha dejado claro que no está en su poder decidir cuántas personas entran cada día por las fronteras. Y las imágenes de refugiados haciendo cola con mantas con las que matar el frío acrecientan la idea de que la situación está fuera de control.

miércoles, 14 de octubre de 2015

La humillación de ser niño pobre


A pesar de conocer muy bien los efectos de la escasez crónica de agua sobre sus medios de vida y supervivencia, las niñas y niños consultados en algunas zonas rurales de Bolivia han destacado, por encima de todo, la humillación de no poder lavarse y por tanto ser etiquetados de malolientes o sucios. Reconocieron que una de las peores consecuencias de ser considerados pobres es la vergüenza que ello les produce, así como la exclusión social y la humillación por parte de sus pares.
En España “la pobreza es no poder invitar amigos a casa porque me da vergüenza” recordaba la charla TEDx La emergencia silenciosa de la pobreza infantil en España (2014). La misma percepción la tienen dos escolares del sur de Sevilla, Coral y Antonio, que como otros tantos en España sortean en abandono escolar y la exclusión gracias al trabajo de una organización social que los recoge antes del cole para brindarles un baño caliente, ropa limpia y un desayuno. Humillación, vergüenza, auto exclusión, estigmas y baja autoestima, así como un estrechamiento gradual de sus horizontes sociales y económicos, que desemboca en bajas expectativas vitales. No solo lo manifiestan niñas y niños, sino que también lo expresan educadores e investigadores del bienestar de la infancia, que en la última década han presentado evidencias del impacto relacional de la pobreza infantil.
El impacto relacional se traduce en sutiles etiquetas de la pobreza que marginan a niñas y niños. Lo que les preocupa no es la falta de recursos per se, según explican educadores e investigadores en bienestar infantil, sino la exclusión de las actividades que otros parecen dar por sentadas y la vergüenza por no poder participar en igualdad de condiciones con las demás niñas y niños.
En los países de Europa ser pobre significa para niñas y niños no poder participar plenamente en la educación o espacios de ocio, recreativos, deportivos y culturales, así como el miedo a la exclusión por falta de condiciones materiales –‘significantes adecuados’ dicen los especialistas- para  socializar. Así lo corrobora en el Informe de Bienestar infantil de Educo (2015), la educadora social de Sevilla, Irene Marco. Ella relata que “algunas niñas y niños no tienen agua caliente o ropa, o no tienen para desayunar, por ello vienen a la Asociación (Entre Amigos) antes de ir al cole. La idea es que no falten por no tener ropa limpia o estar aseados (…). También se lavan los dientes allí. Son niñas y niños de 8 o 10 años que ya están perdiendo sus dientes fijos. Un grupo de voluntarios los llevan los lunes a la clínica para arreglos. Y ellos lo agradecen muchísimo, mejora su auto confianza”.
Las evidencias sobre el impacto relacional de la pobreza y su efecto en el bienestar de la infancia demuestran además la importancia de valorar la perspectiva de los niños – lo que expresan, sienten y piensan- en la consideración de los problemas que les conciernen. De esta forma, el bienestar infantil incluye cuestiones subjetivas y relacionales, que permiten la ampliación del enfoque tradicional de reducción de la pobreza que generalmente se circunscribe a una dimensión material, o sea a los recursos a disposición de las personas.

El impacto de la pobreza infantil en las interacciones sociales puede llegar a ser para ellas y ellos tan importante como la privación material. Pero ello no significa subestimar ni dejar de considerar la importancia de los recursos como base de su bienestar. Como analizaremos en el próximo Congreso de Educo sobre “El Bienestar de la infancia y sus derechos. La protección infantil a debate” (Caixaforum Madrid, 22-24 octubre), de lo que se trata es de reivindicar la importancia de informaciones útiles que surgen de las opiniones y valoraciones de niñas y niños, para la toma de decisiones políticas a nivel de los Estados, que deben garantizar la mejora del bienestar infantil y el cumplimiento de los Derechos de la Infancia.

El problema de los refugiados


La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha elevado por encima de 350.000 los inmigrantes y solicitantes de asilo que han llegado hasta Europa tras cruzar el Mediterráneo

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha elevado por encima de 350.000 los inmigrantes y solicitantes de asilo que han llegado hasta Europa tras cruzar el Mediterráneo.

En un nuevo informe con datos hasta el 1 de septiembre, la organización ha situado también en 2.643 el número de fallecidos en un drama migratorio que no cesa.

En este vídeo se explica en dos minutos el problema de los refugiados.

Cruz Roja Española ha lanzado  un llamamiento de Emergencia para dar respuesta a las necesidades humanitarias de los refugiados y solicitantes de asilo que huyen de los conflictos que asolan sus países de origen buscando un entorno seguro que les permita vivir en paz. (más información http://prensacruzroja.es/ ).

Este llamamiento  contribuye con las acciones que se desarrollan en nuestro país y a las que desarrollan las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja en Grecia, Macedonia, Serbia y Hungría que han incrementado sus actividades en respuesta a esta aguda crisis humanitaria. Las principales líneas de trabajo son: Acceso a agua potable; Distribución de alimentos y artículos de primera necesidad (ropa, artículos de  higiene, pañales, etc.); Primeros auxilios y Apoyo psico-social; o Restablecimiento de contactos familiares.

En España, desde hace más de treinta años, Cruz Roja Española desarrolla un Programa de Atención a Solicitantes de Asilo y Refugiados. Este programa, además de facilitar alojamiento, manutención y cobertura de necesidades básicas, contempla una intervención integral a través de otros servicios imprescindibles: Intervención Social, Atención Psicológica, Asesoría Legal, Empleo y Ayuda Económicas.


Su objetivo es la integración en nuestra sociedad de las personas beneficiarias de Protección Internacional y de sus familias. En este momento, se está trabajando para incrementar esta capacidad de acogida y llegar a disponer de un mayor número de plazas para atender a las personas refugiadas que están llegando a nuestro país.


¿Qué es la opción preferencial por los pobres?


No podemos caer en la rutina. Tira el paraguas. ¡Mójate!

Dentro de nuestra preocupación por la dignidad humana se sitúa nuestra angustia por los millones de latinoamericanos que no pueden llevar una vida que responda a su dignidad. Nuestra fe proclama que Jesucristo es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Por eso, la opción preferencial por los pobres, que no es exclusiva ni excluyente, está implícita en la fe en Jesucristo, el Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Los cristianos, como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos. Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo. Todo lo que tenga que ver con Cristo tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Cristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt. 25, 40).

De nuestra fe en Jesucristo brota también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y transformación de su situación. La Iglesia está convocada a ser abogada de la justicia y defensora de los pobres ante intolerables desigualdades sociales y económicas que claman al Cielo; y dentro de la Iglesia son especialmente los laicos católicos los llamados a promover en los ambientes donde se desenvuelven, sociales, económicos o políticos, los cambios necesarios a la luz de nuestra doctrina social, para crear una sociedad más justa y la consecución del bienestar general sin excluidos. La Doctrina Social de la Iglesia es capaz de suscitar esperanza en medio de las situaciones más difíciles, porque si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, ni siquiera para los ricos.

La opción preferencial por los pobres exige que la Iglesia preste especial atención a los católicos que están a cargo de las finanzas de las naciones, o son empresarios llamados a crear riqueza con justicia y empleos dignos, o políticos que deben crear condiciones apropiadas para el desarrollo económico de los países, a fin de darles orientaciones éticas coherentes con su fe para que actúen en beneficio de todos, especialmente de los pobres. La Iglesia latinoamericana está llamada a ser sacramento de amor, solidaridad y justicia en nuestros pueblos.

Algunas personas defienden demasiado sus espacios de privacidad y disfrute, actuando egoístamente, y se dejan contagiar por el consumismo individualista y la indiferencia hacia las necesidades de los demás. Por eso, nuestra opción por los pobres corre el riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo, sin verdadera incidencia en nuestro comportamiento y en nuestras decisiones. Las obras de caridad son buenas y necesarias, y caracterizan a los cristianos; pero es necesario un compromiso permanente asumiendo opciones y actos concretos que procuren cambios en las estructuras sociales, económicas y políticas con una perspectiva auténticamente cristiana, solidaria y humanista.

El documento conclusivo completo se puede consultar PULSANDO AQUÍ 


CÍRCULO DE SILENCIO: SOLIDARIDAD CON MIGRANTES Y REFUGIADOS

CIRCULO DE SILENCIO CÁDIZ

del próximo miércoles 14 de octubre,

desde las 20.00h hasta las 20.30h, en la plaza de la Catedral, en

SOLIDARIDAD CON TODOS LOS MIGRANTES Y REFUGIADOS.

El Círculo de Silencio es una acción no violenta que se realiza en un espacio público, habitualmente un día fijo al mes, en solidaridad con los migrantes y refugiados y que apela a la conciencia de todos para que se busque una respuesta de justicia y de dignidad a las situaciones que viven estas personas.

Los Círculos de Silencio comenzaron en Toulouse a finales de 2007 en el seno de una comunidad franciscana. Hoy reúnen en Francia a varios miles de personas de distinta procedencia, en más de 180 ciudades, una vez al mes. Esta iniciativa se ha extendido por otras ciudades europeas como Ginebra, Varsovia, Trento, Bruselas, Liverpool y otras. También en España se reúnen círculos silencio en ciudades como Madrid, Burgos, Granada, Jaén, Salamanca, Zaragoza, Sevilla, Valladolid y otras.

De esta iniciativa participan muy diversas personas, creyentes de distintas religiones o no creyentes, y todas pueden sentirse cómodas.

En nuestra coordinación de la Pastoral de Migraciones entre las Dos Orillas se propuso realizar esta acción de solidaridad en la tarde de los segundos miércoles de cada mes, en ambas orillas. Se pondrá en marcha el miércoles 14 de octubre, desde las 20.00h hasta las 20.30h, en la plaza de la Catedral de Cádiz y en el atrio de la Catedral de Tánger. Otras ciudades como Ceuta, Tarifa, Tetuán y Nador están concretando su puesta en marcha.

MESA DIOCESANA DE ATENCIÓN Y AYUDA A LOS REFUGIADOS



 (*) El Secretariado de Catequesis secunda esta iniciativa y pide a los catequistas que con su presencia muestren su solidaridad  con todos los migrantes y refugiados. No olvidemos al mismo tiempo, encomendar a Dios esta acción en nuestras oraciones.

viernes, 9 de octubre de 2015

34 años en la Amazonía peruana



El pasado 1 de julio fallecía Fr. Victor de la Peña Pérez, ofm, el misionero que convirtió una motonave en su palacio episcopal. Un franciscano de grandes valores personales, afable, sonriente y entregado siempre a su labor.

De él, acabamos de recibir como un gran regalo, un libro de apenas 120 páginas, editado por la Fundación Cultura y Misión "Francisco de Asís", de este hombre nacido en Burgos, y natural por amor y dedicación del Amazonas peruano.

“34 Años en la Amazonía peruana”, es el título de esta puerta abierta a la aventura de ser misionero.

Desde que llegara a Orellana, el 28 de diciembre de 1971 cumpliendo su deseo de ser misionero – “te has salido con la tuya”, le dijo su madre – en la vida del que fuera durante casi veinte años obispo de Requena se han sucedido mezclándose los siguientes verbos: Vayan, enseñen, curen, bauticen. Verbos que son el lema que, según él mismo, resume sus años de misionero.

Su primer destino fue Orellana, en la Selva Baja, como se conoce la llanura Amazónica peruana. Allí llegó el 28 de diciembre de 1971 y allí también vivió las primeras experiencias misioneras y trabajó en la atención de los 23 caseríos de la parroquia al centro misional en el que estaba. En 1974 sus superiores lo trasladaban al que sería su destino final, Requena, donde encontraría una Iglesia joven y bien organizada. En 1983 sería nombrado obispo auxiliar del Vicariato Apostólico de Requena, “un territorio”, como él mismo cuenta, “de 80.000 kilómetros cuadrados, sin carreteras, solo grandes ríos que comunican los pueblos entre sí. Y selva adentro, pequeñas trochas”.

Mons. Odorico Sáiz, antecesor como obispo de Requena, le recomendó que lograra “movilidad”. Así fue como nació el “palacio episcopal flotante”. El 14 de octubre de 1986 se matriculaba en la capitanía de Iquitos, la legendaria motonave Granada, en la que este obispo franciscano recorrería innumerables veces los ríos, llevando biblias, lo necesario para los sacramentos, medicinas, azúcar, sal, café… porque el resto, pescado, yuca, arroz, lo facilitaban las comunidades que visitaban.

Estos viajes, narra el misionero, no sólo promocionaban la fe, también eran una oportunidad para la celebración de los sacramento, sí, pero también para cuidar a los enfermos, animar a inscribir a los hijos que habían nacido, crear botiquines comunales, llevar ayuda de Cáritas...

Por supuesto, el libro, como el de todo buen misionero, no es estrictamente autobiográfico, desde la página 55, leyendas del folclore loretano, se habla de la cultura del pueblo al que le ha tocado servir como misionero y anécdotas, interesantísimas, en las que no es él el protagonista. Como concluye fray Víctor, son “pinceladas de mi vida como misionero”.

jueves, 8 de octubre de 2015

Por un trabajo digno en una sociedad decente


Desde aquí, nos suscribimos a la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) que ayer anduvo celebrando distintos actos públicos con motivo de la Jornada Mundial del Trabajo Decente.

La HOAC reclama una sociedad “decente” que garantice la dignidad en el trabajo



Julio Ruiz, militante de la HOAC y responsable de animación al compromiso, nos recordaba ayer, 7 de octubre, que se conmemora la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, un día instituido por Naciones Unidas a través de la Organización Mundial del Trabajo. “Se trata de reivindicar un trabajo digno. No basta con tener trabajo, sino que debe ejercerse en unas condiciones que posibiliten que la persona y su familia se desarrollen”, ha explicado. Asimismo, ha indicado que numerosas organizaciones de la Iglesia española, y en el ámbito internacional el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos, se han sumado a esta convocatoria.

Ruiz ha señalado que tanto la sociedad civil como la doctrina social de la Iglesia han hecho hincapié en esta idea del trabajo decente. “Los últimos papas, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, insisten mucho en este término y en la preocupación de que el trabajo sea algo central en la vida pero no cualquier trabajo ni a cualquier precio”.

Por último, ha comentado que la HOAC ha pretendido llevar a cabo “un sencillo gesto público”. A continuación se ha celebrado una eucaristía “para darle la dimensión eclesial y de la fe que esta realidad del trabajo debe tener”.

A continuación reproducimos el comunicado al que se dió lectura:

7 DE OCTUBRE. JORNADA MUNDIAL POR EL TRABAJO DECENTE.
“Por un trabajo digno en una sociedad decente”

El 7 de octubre se celebra la jornada mundial por el trabajo decente. Numerosas organizaciones sociales y eclesiales, en España y en el mundo, se suman a esta celebración.

Para la Doctrina Social de la Iglesia y para la HOAC la dignidad de la persona es sagrada y todo el ordenamiento económico, social, político, cultural y religioso debe descansar sobre este principio.

En esta concepción de la vida, de la persona y de la sociedad, el trabajo humano desempeña un papel capital, pues no solo es el medio que posibilita su sostenimiento y el logro de los bienes necesarios, sino que el trabajo es la actividad que desarrolla y manifiesta de manera preferente la vocación humana y contribuye al avance de la creación y a la construcción de un mundo basado en la verdadera fraternidad y comunión entre sus seres.

Desgraciadamente la realidad vigente no es así y el trabajo es cada vez más precario e indecente. El sistema económico dominante lo ha convertido de enriquecimiento de unos pocos y de productividad a cualquier precio, vaciándolo de su verdadero sentido y robando la dignidad al trabajador y a su obra. El resultado es inhumanidad y destrucción crecientes expresadas bajo diferentes formas como explotación, pobreza, desigualdades, distanciamiento norte-sur, migraciones forzosas, trabajo infantil y esclavo, paro y exclusión, leyes represivas y xenófobas, destrucción de la creación…: en el mundo 80 personas poseen la misma riqueza que 3500 millones de personas; en España, aunque se está creciendo, aumentan los trabajadores pobres y se sustituyen progresivamente trabajos estables y con derechos por trabajo temporal y precario.

En este 7 de octubre reivindicamos, una vez más, como recuerda Benedicto XVI en Caritas in veritate, una economía al servicio de la persona, un trabajo decente y condiciones de vida dignas para todas las personas y familias, un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: “un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación”. (Caritas in veritate, 63)

Es, por tanto, imprescindible poner en primera línea de las agendas de nuestras organizaciones la necesidad de un trabajo decente para todas las personas.

Debe estar en la agenda política, en las agendas de las entidades sociales y empresariales y en nuestras agendas personales. Y también en las propuestas de nuestra Iglesia. Se trata de que el trabajo sea lo que debe ser.


Como dice el Papa Francisco: “No hay peor pobreza material que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad del trabajo”. “El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima de la persona”.

Fronteras contra los pobres


Pulsando sobre la fotografía podéis recuperar, en vídeo, la conferencia inaugural de Fr. Santiago Agrelo, ofm, Arzobispo de Tánger, "Fronteras contra los pobres: Fronteras contra Cristo" organizado por el Centre d'estudis Cristianisme i Justícia (Fundació Lluis Espinal)

"Las fronteras matan, aunque a veces pretendemos ignorarlo". Mons. Santiago Agrelo es testigo de cómo las fronteras de Europa se han convertido en lo que él calificó como  "lugar de represión y tortura para los pobres". La Iglesia en Tánger acoge, escucha y atiende numerosos migrantes, con la esperanza de que puedan tener un futuro mejor, pero con el temor de que en cualquier momento pueden encontrar la muerte.  "Cuando les damos la bendición para seguir su viaje es angustiosa , porque es como si les diéramos la última unción ".

miércoles, 7 de octubre de 2015

Octubre Misionero


Misioneros de la misericordia: Los héroes no existen


¿Qué es el Domund?
El Domingo Mundial de las Misiones es el día en el que toda la Iglesia reza y colabora económicamente en favor de la actividad evangelizadora de los misioneros y misioneras.
¿Para qué el Domund?
Para hacer una especial llamada a la colaboración económica de los fieles. Con los donativos se construyen templos, se compran vehículos, se forman catequistas, se atienden proyectos sociales, sanitarios y educativos...
¿Cuándo y dónde se celebra?
El Domund es una jornada que se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre. En España se lleva trabajando desde 1926, y en 1943 asumió el nombre de Domund, por el que es conocida la jornada hasta hoy.
¿Quién lo organiza?
Obras Misionales Pontificias (OMP) es la institución que se encarga de fomentar la acción misionera de la Iglesia. Depende de la Congregación para la Evangelización de los pueblos -dicasterio de la Santa Sede-, y tiene implantación en 130 países. En cada diócesis, hay una delegación de OMP que trabaja en el ámbito local por y para los misioneros.
¿Quiénes son los misioneros?
Sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos que han sido enviados, por un periodo largo de tiempo o para toda la vida, a países donde aún no se conoce el Evangelio. En la actualidad hay cerca de 13.000 misioneros españoles.
¿Qué hacen los misioneros?
Anuncian el Evangelio a quienes aún no conocen a Jesús. Al mismo tiempo, asumen la responsabilidad en proyectos educativos, sanitarios y de promoción social de las personas y pueblos a los que atienden.
¿Cómo colaborar?
Rezando por los misioneros y colaborando económicamente con las OMP para que el Papa pueda distribuir, de modo equitativo entre todos los misioneros del mundo, los donativos que llegan de los fieles. El próximo 18 de octubre las colectas de todas las celebraciones de la Santa Misa se destinarán a las misiones.

EL PAPA HABLA A LAS OMP

“Por favor, estad atentos para no caer en la tentación de convertiros en una ONG, una oficina de distribución de subsidios ordinarios y extraordinarios...
Por favor, con tantos planes y
programas, no dejéis a Jesucristo
fuera de la Obra Misionera, que es su obra”.

La Jornada del Domund se celebra en todo el mundo. Los donativos recogidos en cada país pasan a formar parte del Fondo Universal de Solidaridad de la Obra Pontificia de la Propagación de la fe –la institución que se encarga de esta jornada –. Cada continente, cada nación, cada comunidad cristiana ofrece lo que tiene para ayudar a que otros puedan celebrar la fe y vivir con dignidad. De esta forma, una parroquia de Chad puede estar ayudando a una misión en Indonesia; y un colegio de Australia puede sostener un hospital de Brasil. Es la universalidad de la Iglesia, la universalidad de la misión.

El cartel de este año, representa una historia real de misericordia. La misionera es Antonia Valverde Fernández, una hermana del Amor de Dios que dejó Murcia para llevar la misericordia de Dios a Cuba. La anciana a la que abraza es Aida, una viuda ciega de su parroquia, que  vivía con su marido en una casa en pésimas condiciones.  Cuando a su marido le diagnosticaron una grave enfermedad, las misioneras les ayudaron: no solo consiguieron atención médica y una silla de ruedas, sino que les llevaban la comunión y pasaban muchas veladas con ellos. Tras fallecer, las misioneras acompañaron a Aida en su soledad. La hermana Antonia Valverde, misionera de la misericordia, representa a los miles de españoles que entregan su vida por los más pobres en la misión de la Iglesia.

“Un gesto de misericordia, por pequeño que sea, puede curar el mundo”

DOMUND al DESCUBIERTO


Del 8 al 15 de Octubre, podremos disfrutar, dentro del #OctubreMisionero, de la Exposición "DOMUND al DESCUBIERTO".

En los salones de la Fundación LA CAIXA, en Plaza Nueva (Sevilla), podremos contemplar la magna exposición de la historia del DOMUND, que tendrá lugar en el patio central de dicha Fundación.

Todos los días se realizarán actos muy interesantes, protagonizados por testigos en la vanguardia de la misión "Ad gentes", así como por los componentes de las diversas mesas redondas.

En próximos días os iremos comunicando los diversos actos a celebrar durante la misma.

Anótatelo en tu agenda y ve a la Exposición "DOMUND al DESCUBIERTO".


Serán unos días intensos de misión.


Voluntariado franciscano


La realidad social en la que estamos evidencia que el hombre es cada menos hombre: la libertad real de muchos hombres es cada vez menor, el sentido de su vida cada vez más difuso, la autonomía cada vez mas precaria; la felicidad se ve mas lejos y el futuro mas incierto.

Necesitamos voluntarios que pretendan poner sus dotes, dones, servicios a funcionar desde una identidad de pobres y necesitados que están dispuestos a aprender con otros, y aportar su grano de trigo que ayude a dar fruto abundante. Se necesitan artistas que construyan y den identidad a su vocación de siervos pequeños y pobres.

Una característica del voluntario franciscano es que haga el servicio desde la gratuidad que nace del amor, y lleva a la entrega personal, a la lucha por la dignidad de cad persona y a la construcción de otro tipo de sociedad. Su comprensión requiere de cualidades: la donación o la comprensión, dar o recibir, servicio o recompensa justificada, que la persona alcance sus metas.

La gratuidad es también una energia que nos anima. Los franciscanos tenemos como principal fuente de energía el compromiso de la opción preferencia por los mas pobres “los leprosos”. Ellos fueron siempre los proferidos de Aquel que dio la vida por todos. Y no olvidemos que la dio voluntariamente.

El estimulo de voluntario es la generosidad que reviste de belleza la misma acción. Reside en demostrar interés por las personas, por su bien, desde la minoridad. Ver el rostro feliz de la persona a quienes acompañamos y que esperan con impaciencia nuestra presencia, que les habla de esperanza e ilusión.

Una segunda característica que quisiera señalar es buscar el encuentro desde la fraternidad, centrada en el optimismo y la visión centrada en la convivencia y factores positivos. Se trata de crear un estilo que de vida que afecta y empuja a las personas a la transformación vital. Caminar, desde la fraternidad, es una expresión que recarga la identidad de lo que somos y hacemos, con Jesucristo como centro, a la luz de Francisco de Asís nos hacemos solidarios manteniendo viva la llama de la utopía. No trabajamos en solitario sino solidariamente fraternos sostenidos y apoyados por la misma llamada.

Finalmente precisamos como franciscanos hacer nuestra protesta-propuesta, desde la denuncia, y la presencia públicas expresadas con propuestas. La finalidad no es resignarse desde la teoría, sino convertirla en práctica cotidiana. Se trata de ser voz de los sin voz “los voceros de Dios en medio de nuestro pueblo”. Desde ahí exigir derechos fundamentales construyendo escenarios de participación. Se trata de un estar juntos provocando sueños, sumando voluntades, fortaleciendo vínculos, franciscanizando desde el servicio voluntario menor, fraterno, gratuito y solidario.


Fr. Severino Calderón Martínez, ofm.

domingo, 4 de octubre de 2015

La hora de Francisco de Asis

Hay seres únicos, capaces de transmitir una energía que apacigua y reconforta. Esa presencia, esa exuberancia espiritual y humana habitaba en Francisco. Es automático pensar que ante él uno debía pensar estar ante un hombre bueno. Decente. Y humilde, porque su sabiduría partía de ser consciente de sus limitaciones, de ser crítico con él mismo y su iglesia, de no olvidar que hay que preocuparse cada día por los pobres, por los débiles, por los marginados, por los descartados.
Un hombre urdido de sencillez y profundidad, cuyo mensaje sigue clamando hoy en día con la sutileza de querer despertar a la humanidad, sacudir conciencias, sin atropellar, sin chocar, sin lastimar.
Hace 800 años, en la capilla de San Damián, los relatos recuerdan que San Francisco de Asís escuchó la voz del crucifijo, que le decía: “Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas”. Los franciscanos de hoy permanecen fieles a la continuación de esa tarea, misioneros lejos de cualquier inacción y la comodidad,  llamándonos a la solidaridad diaria, con sus ejemplos personales, en el servicio a otros.
Todos vosotros sois parte de San Francisco. Todos tenéis algo de él: la sencillez, la humildad , la entrega, la alegría, el servicio.
En su festividad, llenaos de la alegría franciscana y encomendarnos a él para pedir por este mundo lleno de desigualdades y fronteras.

sábado, 3 de octubre de 2015

Mi libertad




"La libertad humana puede hacer su aporte inteligente hacia una evolución positiva, pero también puede agregar nuevos males, nuevas causas de sufrimiento y verdaderos retrocesos" (Papa Francisco).


Dicho de otra manera: la libertad está detrás de la solidaridad y del egoísmo, detrás del amor y del odio, detrás de la generosidad y la indiferencia, detrás de los abrazos y de los muros que los impiden. La libertad humana está detrás de la opción por servir a Dios y la opción por servir al dinero, la opción por la justicia y la opción por la inequidad, la opción por dar la vida y la opción por quitarla... la opción por el bien y la opción por el mal.

El sufrimiento de los pobres tiene mucho que ver con mi libertad.

Mons. Sangtiago Agrelo (OFM) - Arzobispo de Tánger

En esto conocerán todos

Hoy os regalamos un texto escrito por +Fabio Ciardi 

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros». (Jn 13, 35).

Este es el distintivo, la característica propia de los cristianos, el signo para reconocerlos. O al menos debería serlo, porque así concibió Jesús a su comunidad.

Un escrito fascinante de los primeros siglos del cristianismo, la Carta a Diogneto, declara que «los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por la nación ni por la lengua ni por el vestido. En ningún sitio habitan ciudades propias, ni se sirven de un idioma diferente ni adoptan un género peculiar de vida»(Carta a Diogneto, V, 1-2: en Padres apostólicos ("Biblioteca de Patrística" n. 50), Ciudad Nueva, Madrid 2000, 20143, p. 560.). Son personas normales, como todas las demás. Y sin embargo, poseen un secreto que les permite influir profundamente en la sociedad y ser como su alma (Ibid.,VI, 1: en o. cit., p. 561).

Es un secreto que Jesús entregó a sus discípulos poco antes de morir. Como los antiguos sabios de Israel, como un padre respecto a su hijo, también Él, Maestro de sabiduría, dejó como herencia el arte del saber vivir y del vivir bien, que había aprendido directamente de su Padre: «Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15, 15), y era fruto de su experiencia en la relación con Él. Consiste en amarse unos a otros. Esta es su última voluntad, su testamento, la vida del cielo que ha traído a la tierra y que comparte con nosotros para que se convierta en nuestra misma vida.

Y quiere que esta sea la identidad de sus discípulos, que se los reconozca como tales por el amor recíproco:

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

¿Se reconoce a los discípulos de Jesús por su amor recíproco? «La historia de la Iglesia es una historia de santidad», escribió Juan Pablo II. Y sin embargo, «hay también no pocos acontecimientos que son un antitestimonio en relación con el cristianismo» (Juan Pablo II, bula Incarnationis mysterium,11). Durante siglos, los cristianos se han enfrentado en guerras interminables en el nombre de Jesús y siguen estando divididos entre ellos. Hay personas que a día de hoy siguen asociando a los cristianos con las Cruzadas y los tribunales de la Inquisición, o los ven como defensores a ultranza de una moral anticuada, opuestos al progreso de la ciencia.

No ocurría así con los primeros cristianos de la comunidad naciente de Jerusalén. La gente sentía admiración por la comunión de bienes que vivían, la unidad que reinaba entre ellos, la «alegría y sencillez de corazón» que los caracterizaba (Hch 2, 46). «La gente se hacía lenguas de ellos», seguimos leyendo en los Hechos de los Apóstoles, con la consecuencia de que cada día «crecía el número tanto de hombres como de mujeres que se adherían al Señor» (Hch 5, 13-14). El testimonio de vida de la comunidad tenía una fuerte capacidad de atracción. ¿Por qué hoy no se nos conoce como aquellos que se distinguen por el amor? ¿Qué hemos hecho con el mandamiento de Jesús?

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

Tradicionalmente, el mes de octubre se dedica en el ámbito católico a la «misión», a la reflexión sobre el mandato de Jesús de ir a todo el mundo a anunciar el Evangelio, a la oración y al sostenimiento de todos los que están en primera línea. Esta palabra de vida puede ayudar a todos a esclarecer la dimensión fundamental de todo anuncio cristiano. No consiste en imponer un credo, hacer proselitismo o ayudar de modo interesado a los pobres para que se conviertan. Tampoco debe primar la defensa exigente de valores morales ni el adoptar una postura ante las injusticias o las guerras, aun cuando sean actitudes obligadas que el cristiano no puede eludir.

El anuncio cristiano es ante todo un testimonio de vida que todo discípulo de Jesús debe ofrecer personalmente: «El hombre contemporáneo prefiere escuchar a los que dan testimonio que a los que enseñan»(Pablo VI, exhortación apostólica Evangelii nuntiandi,41.). Incluso los que son hostiles a la Iglesia suelen sentirse conmovidos por el ejemplo de quienes dedican su vida a los enfermos o a los pobres y están dispuestos a dejar su patria para ir a lugares de frontera a ofrecer ayuda y cercanía a los últimos.

Pero lo que Jesús pide sobre todo es el testimonio de toda una comunidad que muestre la verdad del Evangelio. Esta debe mostrar que la vida que Él trae puede generar realmente una sociedad nueva, en la que se viven relaciones de auténtica fraternidad, de ayuda y servicio mutuo, de atención coral a las personas más débiles y necesitadas.

La vida de la Iglesia ha conocido testimonios así, como las reducciones para indígenas que los franciscanos y jesuitas construyeron en Sudamérica, o los monasterios, con las aldeas que surgían alrededor. También hoy, comunidades y movimientos eclesiales dan lugar a ciudadelas de testimonio donde se pueden ver los signos de una sociedad nueva fruto de la vida evangélica, del amor recíproco.

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros».

Sin apartarnos de los lugares en que vivimos ni de las personas que nos rodean, si vivimos entre nosotros esa unidad por la que Jesús dio la vida, podremos crear un modo de vivir alternativo y sembrar en tomo a nosotros brotes de esperanza y de vida nueva. Una familia que renueva cada día su voluntad de vivir de modo concreto en el amor recíproco puede convertirse en rayo de luz en medio de la indiferencia de su vecindad. Una «célula local», o sea, dos o más personas que se asocian para practicar con radicalidad las exigencias del Evangelio en su entorno de trabajo, en clase, en la sede sindical, en la administración o en una cárcel, podrá desbaratar la lógica de la lucha por el poder, crear un ambiente de colaboración y favorecer que nazca una fraternidad inesperada.

¿No actuaban así los primeros cristianos de tiempos del Imperio romano? ¿No es así como difundieron la novedad transformante del cristianismo? Nosotros somos hoy los «primeros cristianos», llamados como ellos a perdonarnos, a vernos siempre nuevos, a ayudarnos; en una palabra, a amarnos con la misma intensidad con que Jesús amó, seguros de que su presencia en medio de nosotros tiene la fuerza de arrastrar también a los demás a esta lógica divina del amor.


viernes, 2 de octubre de 2015

Emigrantes y refugiados nos interpelan


MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO

PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO

[17 de enero de 2016]

Queridos hermanos y hermanas

En la bula de convocación al Jubileo Extraordinario de la Misericordia recordé que «hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre» (Misericordiae vultus, 3). En efecto, el amor de Dios tiende alcanzar a todos y a cada uno, transformando a aquellos que acojan el abrazo del Padre entre otros brazos que se abren y se estrechan para que quien sea sepa que es amado como hijo y se sienta «en casa» en la única familia humana. De este modo, la premura paterna de Dios es solícita para con todos, como lo hace el pastor con su rebaño, y es particularmente sensible a las necesidades de la oveja herida, cansada o enferma. Jesucristo nos habló así del Padre, para decirnos que él se inclina sobre el hombre llagado por la miseria física o moral y, cuanto más se agravan sus condiciones, tanto más se manifiesta la eficacia de la misericordia divina.

En nuestra época, los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refugiados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan. Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor. Si después sobreviven a los abusos y a las adversidades, deben hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores. Además, no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos. Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales.

Sobre la base de esta constatación, he querido que la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de 2016 sea dedicada al tema: «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia». Los flujos migratorios son una realidad estructural y la primera cuestión que se impone es la superación de la fase de emergencia para dar espacio a programas que consideren las causas de las migraciones, de los cambios que se producen y de las consecuencias que imprimen rostros nuevos a las sociedades y a los pueblos. Todos los días, sin embargo, las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la Comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo. La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida.

Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos ecuamente entre todos. ¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?guard as migrants cross the border from Serbia into Hungary near Roszke

En este momento de la historia de la humanidad, fuertemente marcado por las migraciones, la identidad no es una cuestión de importancia secundaria. Quien emigra, de hecho, es obligado a modificar algunos aspectos que definen a la propia persona e, incluso en contra de su voluntad, obliga al cambio también a quien lo acoge. ¿Cómo vivir estos cambios de manera que no se conviertan en obstáculos para el auténtico desarrollo, sino que sean oportunidades para un auténtico crecimiento humano, social y espiritual, respetando y promoviendo los valores que hacen al hombre cada vez más hombre en la justa relación con Dios, con los otros y con la creación?

En efecto, la presencia de los emigrantes y de los refugiados interpela seriamente a las diversas sociedades que los acogen. Estas deben afrontar los nuevos hechos, que pueden verse como imprevistos si no son adecuadamente motivados, administrados y regulados. ¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?

La revelación bíblica anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo. Muchas instituciones, asociaciones, movimientos, grupos comprometidos, organismos diocesanos, nacionales e internacionales viven el asombro y la alegría de la fiesta del encuentro, del intercambio y de la solidaridad. Ellos han reconocido la voz de Jesucristo: «Mira, que estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20). Y, sin embargo, no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional.

Ante estas cuestiones, ¿cómo puede actuar la Iglesia si no inspirándose en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo? La respuesta del Evangelio es la misericordia.

En primer lugar, ésta es don de Dios Padre revelado en el Hijo: la misericordia recibida de Dios, en efecto, suscita sentimientos de alegre gratitud por la esperanza que nos ha abierto al misterio de la redención en la sangre de Cristo. Alimenta y robustece, además, la solidaridad hacia el prójimo como exigencia de respuesta al amor gratuito de Dios, «que fue derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo» (Rm 5,5). Así mismo, cada uno de nosotros es responsable de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan. El cuidar las buenas relaciones personales y la capacidad de superar prejuicios y miedos son ingredientes esenciales para cultivar la cultura del encuentro, donde se está dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. La hospitalidad, de hecho, vive del dar y del recibir.

En esta perspectiva, es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respetando con reconocimiento el patrimonio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus costes. A pesar de todo, no se pueden reducir las migraciones a su dimensión política y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio. Estos aspectos son complementarios a la defensa y a la promoción de la persona humana, a la cultura del encuentro entre pueblos y de la unidad, donde el Evangelio de la misericordia inspira y anima itinerarios que renuevan y transforman a toda la humanidad.

La Iglesia apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, sobre todo ejerciendo el derecho a no tener que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen. Este proceso debería incluir, en su primer nivel, la necesidad de ayudar a los países del cual salen los emigrantes y los prófugos. Así se confirma que la solidaridad, la cooperación, la interdependencia internacional y la ecua distribución de los bienes de la tierra son elementos fundamentales para actuar en profundidad y de manera incisiva sobre todo en las áreas de donde parten los flujos migratorios, de tal manera que cesen las necesidades que inducen a las personas, de forma individual o colectiva, a abandonar el propio ambiente natural y cultural. En todo caso, es necesario evitar, posiblemente ya en su origen, la huida de los prófugos y los éxodos provocados por la pobreza, por la violencia y por la persecución.

Sobre esto es indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes.

Nadie puede fingir de no sentirse interpelado por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organizaciones criminales que venden y compran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construcción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado. Cuántos menores son aún hoy obligados a alistarse en las milicias que los transforman en niños soldados. Cuántas personas son víctimas del tráfico de órganos, de la mendicidad forzada y de la explotación sexual. Los prófugos de nuestro tiempo escapan de estos crímenes aberrantes, que interpelan a la Iglesia y a la comunidad humana, de manera que ellos puedan ver en las manos abiertas de quien los acoge el rostro del Señor «Padre misericordioso y Dios te toda consolación» (2 Co 1,3).

Queridos hermanos y hermanas emigrantes y refugiados. En la raíz del Evangelio de la misericordia el encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: Acoger al otro es acoger a Dios en persona. No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir que brotan de la experiencia de la misericordia de Dios, que se manifiesta en las personas que encuentran a lo largo de su camino. Los encomiendo a la Virgen María, Madre de los emigrantes y de los refugiados, y a san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto. Encomiendo también a su intercesión a quienes dedican energía, tiempo y recursos al cuidado, tanto pastoral como social, de las migraciones. Sobre todo, les imparto de corazón la Bendición Apostólica.



Vaticano, 12 de septiembre de 2015, memoria del Santo Nombre de María




Francisco

Todos los muros caen

Con respecto a la crisis migratoria y la decisión de varios países de blindar sus fronteras con alambres de espino, el Papa es tajante. Dice que la palabra crisis esconde detrás un proceso largo, provocado en buena parte por la explotación  y por las guerras interesadas, como ya denunció en la ONU. Pide a los Estados que, en vez de gastar dinero en defenderse, inviertan en ayuda al desarrollo. Sobre los alambres de espino, advierte: “Todos los muros caen, hoy, mañana, o dentro de cien años, pero todos caen. No es una solución. El muro no es una solución. El problema permanece. Y permanece con más odio”.

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