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sábado, 26 de septiembre de 2015

Las mafias son hijas de la actual política de inmigración



Gallego de nacimiento, el franciscano Santiago Agrelo Martínez lleva ocho años al frente del Arzobispado de Tánger, un tiempo en su vida que asegura que le ha cambiado profundamente por dentro, no en vano está viviendo en primera línea el drama humano de miles de personas que huyen de la miseria y de las guerras para encontrar una vida mejor y se encuentran con vallas y más violencia. Agrelo Martínez estuvo ayer en Burgos para inaugurar con una charla la exposición Somos Migrantes, que llega a la ciudad de la mano de Entreculturas y Atalaya Intercultural.

Usted ocupa un lugar privilegiado para observar el drama de los migrantes que proceden del África subsahariana. ¿Cómo explicaría esa realidad?
Se puede hacer a través de historias muy concretas y de fotografías como las que se ven en esta exposición. Simplemente hay que contemplar estos rostros (se refiere a los de la muestra) y si me pides que te diga algo... no puedo, ellos lo dicen todo, son expresiones que, a mí por lo menos, me golpean.

¿Uno se acostumbra a vivir en  esa realidad?
No, no, nunca. Cada semana vamos al monte de Beliones, que es el que está en torno a Ceuta, a llevar alimentos y es siempre un drama; es una alegría llevarles algo pero te vuelves a casa con una tremenda desazón porque sabes que tú tendrás una cama en la que descansar y ellos no tienen nada.
Hay una imagen en esta exposición que no por conocida golpea menos las conciencias y es la de los jóvenes subsaharianos sobre la valla de Melilla mientras dos mujeres juegan en un campo de golf de lujo, ajenas al drama que se está produciendo a su lado.

¿Es una metáfora de lo que está haciendo Europa con los migrantes?
Espero que no...

¿Qué le parece que la Unión Europea fracasara el lunes en su búsqueda de un acuerdo en la crisis de los refugiados sirios?
Ha habido una reacción tardía. Los políticos lo han asumido porque no han podido hacer frente al impacto que la foto del niño ahogado tuvo en la sociedad. La política responde siempre a lo que intuye que es un movimiento hondo en la sociedad y ahora están, de alguna manera, volviendo hacia atrás. No sé en qué medidas se concretará esta apertura a los migrantes de medio Oriente pero intuyo que esa apertura será nefasta para los inmigrantes africanos.

¿Quedarán -más aún- en un segundo plano?
Claro. Ya estaban en segundo plano, para ellos las fronteras estaban cerradas y para pasarlas tenían que enfrentarse a la muerte y ahora no quiero pensar lo que va a ser porque ya quedan sistemáticamente excluidos de toda posibilidad como si entre ellos no hubiese también personas con derecho a pedir asilo.
De todas formas, el Gobierno de España se ha saltado un poco a la torera el derecho de asilo que les asiste con las devoluciones ‘en caliente’...

¿Un poco? Se lo ha saltado totalmente. Me cuesta mucho entender que un gobierno democrático que se supone que busca la justicia para la gente con qué tranquilidad se han saltado a la torera un derecho fundamental reconocido en la Declaración Universal, el derecho a emigrar, y junto a éste, el derecho de asilo cuando una persona sale de una situación en la que la vida no es sostenible. ¡Y que tranquilamente hayan legislado de esta manera porque en el Parlamento tienen mayoría..! A mí me desconcierta.

¿Qué piensa cuando ve al ministro del Interior tan fervoroso y tan pío?
(Sonríe) Prefiero no hablar de ello porque yo llevo clavada una espina: Va para dos años de los quince muertos de la playa del Tarajal y todavía nadie ha asumido ninguna responsabilidad y si no la asume nadie, para mí, es del ministro del Interior.

Para otras cosas este Gobierno está muy atento a lo que dice y pide la Iglesia Católica. ¿No es así con la realidad de la inmigración?
Yo nunca me dirijo a los políticos. Los documentos que saco sobre este tema van dirigidos a los fieles de mi iglesia y a los medios de comunicación para que sean de dominio público. Supongo que los políticos tendrán ocasión de escuchar, de ver y de saber pero jamás han tomado nada de esto en cuenta.

¿Teme que la crisis de los refugiados sirios fomente la xenofobia en España?
No hace falta que vengan los refugiados para que este sentimiento se vaya generando en la sociedad. Lo están creando los políticos y también los medios de comunicación con el lenguaje que utilizan cuando se refieren a los inmigrantes con palabras como ‘asalto’, ‘amenaza’, ‘avalancha’ y cuando relacionan sistemáticamente inmigración con mafias. Las mafias son hijas de la actual política de inmigración, otra política distinta no daría ocasión a que surgieran. Cambien de política y acabarán con las mafias.

¿Se siente la voz que clama en el desierto?

En esta materia, sí. Solo piensan en bombardear barcos y otras ideas peregrinas que no van a ninguna parte.

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