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sábado, 26 de septiembre de 2015

Esto lo cambia todo

El papa Francisco, al que se ha definido como el misionero de la misericordia, ha convocado oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia con la publicación de la Bula “Misericordiae vultus”, que se iniciará el 8 de diciembre de 2015, y que justificó con que la Iglesia, con los grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios, pidiendo la conversión de nuestros corazones de la indiferencia a la compasión.

Por ello, la doctrina social de la Iglesia, en cuanto conjunto de normas y principios referentes a la realidad social, política y económica de la humanidad basada en el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia católica, tiene que estar dirigida por y desde las bienaventuranzas y, especialmente, desde la misericordia, pues la bienaventuranza a los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, es llamar felices a los que socorren a los infelices, porque a ellos se les dará como contrapartida el ser librados de la infelicidad, siendo que esa felicidad está en el servicio a los demás, porque donde hay misericordia está el espíritu de Jesús.

Tal y como afirmaron los Obispos norteños en la Pascua de 2015 (Misericordia entrañable), “la misericordia es activa, nos mueve a hacernos cargo del sufrimiento del prójimo, a ponernos en su lugar, a escucharlo, a defenderlo, a compartir nuestros bienes, a ayudarlo en el restablecimiento de sus derechos y de su dignidad. También conlleva un compromiso comunitario, tanto a nivel eclesial como social, político y económico, de transformación de las estructuras de pecado que generan desigualdad e injusticia. El Papa Francisco aboga por la inclusión social y eclesial de los pobres”.


La misericordia se vuelca especialmente en los pobres y excluidos, que son los destinatarios de las palabras del Evangelio y que nos recuerda Francisco: No a una economía de la exclusión (cfr. EG 53); no a la nueva idolatría del dinero (cfr. EG 55); no a un dinero que gobierna en lugar de servir (cfr. EG 57); no a la inequidad que genera violencia (cfr. EG 59). Esto significa la opción preferencial por los pobres del Evangelio y que manifiesta la misericordia de Dios hacia los más débiles, empobrecidos e indefensos.

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