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lunes, 28 de septiembre de 2015

El futuro está en manos de los pueblos


Hizo un discurso revolucionario porque realizó un llamamiento para un cambio de estructuras, y porque animaba a luchar para superar las "graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo". Fustigó con más dureza que nunca "la dictadura del dinero", que volvió a definir como "el estiércol del diablo", y al sistema económico actual, "que degrada y mata". 

Francisco, un papa considerado por algunos sectores como populista y hasta marxista, pronunció durante la clausura del Segundo Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, este pasado verano, un discurso que ha venido siendo considerado como de fuerte contenido político. Sin embargo, nosotros lo vemos repleto de humanismo y repleto de compromiso social.

"El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos", clamó.

En su discurso, Francisco volvió a hablar de un mundo sumergido en una "tercera guerra mundial en cuotas". Denunció la existencia de "un hilo invisible que une a cada una de las exclusiones: un sistema que ha impuesto la lógica de la ganancia" a toda costa. "Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan los pueblos", dijo. "Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre Tierra".

"Se está castigando a la Tierra, a los pueblos, a las personas, de un modo casi salvaje", disparó. El primer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares había tenido lugar en octubre del año 2014 en el Vaticano por voluntad de Francisco. Como recordó el propio Papa en su largo e intenso discurso, que duró una hora, y de más de seis páginas, esa vez había reclamado las tres "T": tierra, techo y trabajo para todos. "Lo dije y lo repito, son un derecho sagrado. Vale la pena luchar por ellos". 

El Papa, que elogió reiteradamente los movimientos populares -que definió como "poetas sociales"-, los llamó a impulsar un cambio. "Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden hacerlo y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres t» [trabajo, techo, tierra] y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!", dijo.

Dijo luego que ni el Papa ni la Iglesia tienen "una receta" para solucionar los graves problemas de este mundo. Pero propuso tres grandes tareas: poner la economía al servicio de los pueblos; unir los pueblos en el camino de la paz y la justicia, y defender la madre Tierra.

Al denunciar el sistema actual, llamó a decirle "no a una economía de exclusión e inequidad" y aseguró que "el problema es un sistema que sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales". Además, denunció que este sistema "atenta contra el proyecto de Jesús". "El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos".

Advirtió luego que "hay factores que atentan contra la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta". Y arremetió contra el "nuevo colonialismo", que se esconde "detrás del poder anónimo del ídolo dinero" o "bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo cuando se imponen a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas". "Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social, que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural, es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico", agregó.

"¡Basta de descartes!".

¿Consideras que su tono no fue el adecuado? ¿Fue revolucionario que reconociese que ninguno de los graves problemas de la humanidad se puedan resolver sin la interacción entre los Estados y los pueblos a nivel internacional?



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