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martes, 22 de septiembre de 2015

Bienaventurado el que no se escandalice

Un ciego no necesita un sermón sino la vista. Un cautivo no sueña con una doctrina sino con la libertad. Una buena noticia para un oprimido no es un tratado de teología sino el fin de la opresión. Un enfermo no desea ser médico sino la salud. A un pecador no lo pacifica un discurso sino el perdón. La buena noticia para los pobres no es un catecismo sino el Salvador.

Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí! (Mt 11, 2-6).

Si ése es el mundo de Jesús, ése es el mundo de la Iglesia. Si ésas son las obras de Jesús, ésas han de ser las obras de la Iglesia: Iglesia, cuerpo de Cristo, revelación del amor de Dios a los pobres.

Fr. Santiago Agrelo
+ Arzobispo de Tánger

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