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miércoles, 9 de septiembre de 2015

¡Al fin voy a ver cumplido el deseo de mi proyecto de vida! (Reflexiones)


Miles, millones, de personas de toda Europa están pidiendo a sus gobiernos que acojan a refugiados sirios. Ayuntamientos de toda España ya se han ofrecido a acoger y atender a las víctimas de esta crisis humanitaria.
Ayer, la Comisión Europea, ha pedido a los países de Europa que acojan en los próximos dos años a 160.000 refugiados, de los cuales España deberá comprometerse a acoger a unos 15.000.
Crisis humanitaria crónica: Inmigrantes magrebíes y subsaharianos que
llevan décadas arriesgando sus vidas por cruzar el Estrecho de Gibraltar
por alcanzar las costas españolas en frágiles barcas, y que
sistemáticamente han sido rechazados. Actualmente es uno de los
graves asuntos humanitarios por resolver por España, y por Europa
en su frontera sur.

Crisis humanitaria actual: Inmigrantes de Oriente Próximo que arriesgan
sus vidas por huir del conflicto sangriento y desestabilizador que asola su
Región. Cuando parecía que Europa iba a mirar para otro lado ante su
drama, se ha impuesto la cordura; aunque nos queda un sinsabor: parece
que su acogida no dista mucho de una subasta. 

Sin embargo hoy queremos poner voz a Muhammad, un humilde senegalés, que espera su oportunidad en Marruecos, acampado a las puertas de Europa... 

¡Al fin voy a ver cumplido el deseo de mi proyecto de vida! Le decía Muhammad anoche, al calor del fuego, a un compañero de fatigas.
Sus ojos se mostraban nublados por un llanto contenido por meses de espera, y de fallidos intentos por traspasar la valla que le separaba de Melilla.
Un recién llegado les había traído noticias esperanzadoras del otro lado de la frontera.
En Europa ha empezado un alud de solidaridad con los emigrantes, y España no es una excepción.
Contaba que en muchas ciudades han florecido, como un brindis al sol, enormes pancartas -a manera de gesto de exigencia humanista- que les desea "wellcome". Por lo visto, incluso algunos líderes políticos, están exigiendo alcanzar un pacto de Estado por la emigración. Hasta un ministro, Montoro creyó Muhammad escuchar, ha dicho que España tiene los medios para hacer frente a la avalancha, y que no se puede esperar menos de una Nación que es integradora.
Ya era hora. Piensa menos oye.
Además, el jefe de los cristianos, ha lanzado una propuesta brillante, y eficaz: La encomienda para que, cada parroquia, acoja al menos una familia.
Nos van a ofrecer, seguía el recién llegado, inserción laboral y cultural, y auxilio, con delicadeza, espiritual.
A esta altura, le han dejado de rechinar los dientes de impotencia, y se quita la camiseta del Barça, cuando escucha que el Madrid ha anunciado que va a donar fondos para poder sostenerlos. ¿Qué importancia tendrán unos colores?
Es demasiado para Muhammad. Sus ojos se han llenado de lágrimas que no puede contener. Más aún, cuando el que traía tantas nuevas, explica que todo eso es para los que, a través de los Balcanes, llegan desde Siria. Y se da cuenta que, después de mucho tiempo, está llorando. No lo hace por la emoción, sino por el humo de la hoguera que apenas le calienta, y en la que arde nuestra cicatería y mezquindad.
No tenía nada. Sólo un proyecto de vida. Esta noche, si antes no los han expulsado del campamento por la fuerza, volverá a intentar saltar la valla.

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