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miércoles, 30 de septiembre de 2015

El dilema moral de Occidente

La constante marea de personas que huyen de sus países en guerra para encontrar refugio y mejores oportunidades en Europa ha obligado a la conciencia europea, y a la humana en general, a afrontar un nuevo dilema moral. La llegada masiva de refugiados no es una aberración política, sino que plantea un interrogante moral sobre la civilización humana en la segunda década del siglo XXI. ¿Puede Occidente seguir presumiendo de civilizado después de un proceso que lo ha dejado conformista y satisfecho, dominado por el miedo, la violencia y, sobre todo, la indiferencia? Ante la tragedia inhumana de las nuevas migraciones, no podemos seguir aceptando la idea del progreso moral occidental. Civilizado se refiere hoy a la supuesta superioridad moral de Occidente frente a los llamados pueblos primitivos, un concepto muy utilizado en el pasado por los países colonizadores para asegurar la supremacía blanca. Pero cualquier posible autoridad moral ha desaparecido en los campos de refugiados de Hungría y Australia, donde se trata a las personas peor que a los animales. Se podría acusar a muchos países occidentales, especialmente los mencionados, de cometer el mal que aseguran querer prevenir. Si desean salvar vidas y hallar una solución a esta tragedia, lo que deberían hacer es ofrecer el mejor ejemplo de humanidad y compasión y respetar la necesidad de protección de las personas más vulnerables del mundo.

Además, la odisea de los inmigrantes que llegan a las fronteras de Europa plantea un gran interrogante sobre la regresión de la civilización en nuestras sociedades. En su magistral El proceso de la civilización, Norbert Elias dice que ese proceso es la larga transformación de las relaciones interpersonales y los modos de conducta que acompaña a la formación de un Estado unido, capaz de monopolizar la violencia y, por tanto, de pacificar gradualmente la sociedad. Sin embargo, en 2015, la crisis de los inmigrantes puede considerarse en parte una consecuencia de la inversión de estas tendencias, es decir, un proceso de marcha atrás de la civilización cuyas principales causas son la belicosidad de las sociedades occidentales, en las que la violencia urbana es cada vez más intensa, la privatización de la política como arte de organizar la sociedad en Occidente, con la lenta erosión del espacio público, la corriente de indiferencia social y política de europeos y norteamericanos, y el ascenso del conformismo como actitud social. La violencia y el miedo son los nudos gordianos de la crisis migratoria, pero también factores esenciales de la transformación moral de las sociedades occidentales, que, además de perder sus valores fundacionales, como la compasión y la amistad cívica, parecen tener un gran miedo a la degradación que pueden derivar de relacionarse con unos seres inferiores: los inmigrantes.

El paso de la idea clásica del gueto comunitario al gueto mental se debe quizá a tres factores. El primero es cómo se relativizan los valores morales. La sociedad occidental contemporánea es un terreno cada vez más fluido, en el que no se puede considerar que ninguna posición moral o ética concreta esté “bien” o “mal”, y con un sentimiento muy extendido de incertidumbre. El segundo es la imposibilidad de significar algo en el ámbito público y el ascenso de la privatización de la moral, que hace que los seres humanos sean insensibles y carentes de compasión ante los sufrimientos de otros. Y el tercero es la erosión de la presencia, el alcance y la eficacia de la educación pública.

Lo que está en juego en el debate sobre la educación como proceso de destrucción de la civilización, o como pedagogía valiosa es el concepto del pensamiento crítico. La falta de unos sentimientos compasivos y de urgencia comunes ante las tribulaciones de los inmigrantes hace pensar que las sociedades occidentales son incapaces de pensar de otra forma. La soberbia de las democracias occidentales ante la inmensa catástrofe humana que representa la nueva crisis de los refugiados les hace pensar que, si se atienen a sus “valores democráticos”, todo irá bien. Sin embargo, al presumir de carácter universal y mostrarse tan satisfechas de sí mismas, parecen haber destruido la capacidad de empatía en Europa y el resto de Occidente. El mundo de sufrimientos y tragedias de los inmigrantes que contempla hoy Europa está tan lejos de sus pensamientos como el más remoto planeta. Y esa lejanía, tan hueca de compasión, es la que hace que todo sea aún más trágico.


Ramin Jahanbegloo filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto


martes, 29 de septiembre de 2015

No permitas que la Europa de los valores se hunda en el Mediterráneo

Te animamos a conocer y firmar la campaña, de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), #UErfanos: ” No permitas que la Europa de los valores se hunda en el Mediterráneo” y darle difusión entre tus contactos.

Decálogo para la solidaridad con las personas refugiadas


1.- El derecho de asilo es un derecho humano regulado en la normativa internacional. España y los países de la Unión Europea han firmado las convenciones y tratados que les obligan a acoger y brindar protección a las personas necesitadas de protección internacional. La atención y la acogida de las mismas es una obligación de los Estados  en  cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de asilo, no un acto de voluntad altruista. Las iniciativas solidarias y la voluntad de actuar  desde el impulso de la ciudadanía ante esta situación no debe ser una excusa de los Estados para incumplir sus compromisos y obligaciones ni de detraer los recursos que deben aportar.
2.- Que la lógica humanitaria del sufrimiento y la emoción no sustituya a la lógica de la justicia y los derechos.Las personas refugiadas huyen de la violencia y la persecución y tienen derecho a recibir una adecuada protección y una acogida digna. La protección de las personas refugiadas es un derecho y una obligación contemplada en los tratados internacionales y europeos de derechos humanos, no una dádiva voluntaria o altruista, sino una forma de que todas y todos tengamos derechos. El derecho de asilo es un derecho humano universal que todos tenemos y que es inseparable de otros derechos como el derecho a una vivienda digna, a un trabajo, a una educación, a la salud, a la integridad física y psíquica.
3- Es momento de que cuestionemos el enfoque de las políticas de migración y asilo, así como la fortificación de una Europa que parece haber olvidado la base de la solidaridad y del respeto a los derechos humanos sobre el que fue construida. Es momento de que actuemos exigiendo a los responsables políticos que cumplan con sus obligaciones de acogida y protección de las personas refugiadas así como la creación de espacios de diálogo entre las administraciones públicas competentes y las organizaciones sociales especializadas  para buscar soluciones conjuntas a esta situación.
4.- Partamos de lo existente y no construyamos desde cero. Ante una situación de emergencia como la actual, es imprescindible que el trabajo con las personas refugiadas se sustente sobre el principio de acción sin daño, desde un trabajo coordinado, basado en la experiencia, lecciones aprendidas y conocimiento técnico de la red de acogida que funciona en España desde hace más de 30 años y sin que la urgencia del momento se caracterice por intervenciones que contrariamente a lo que se espera, ahonden en la situación de vulnerabilidad de las personas. Es importante reforzar la red de acogida existente y posibilitar que la sociedad civil se implique uniendo esfuerzos y evitando que se generen acciones paralelas.
5.-Debemos huir del asistencialismo y articular respuestas conjuntas desde las administraciones, las organizaciones sociales y la ciudadanía comprometida. La respuesta estará orientada a favorecer una atención integral y  fomentar la autonomía de las personas refugiadas y se buscarán modelos de acción social inclusivos que permitan coordinar la respuesta.
El objetivo de la acogida no es solo dotar de solución habitacional a las personas, sino atender de forma integral y especializada: existen necesidades de atención psicológica derivadas de la persecución, la violencia y dificultades vividas en el lugar de origen y/o en el trayecto de huida. Concurren necesidades de asistencia jurídica para el acceso al procedimiento de solicitud de asilo y el seguimiento del proceso hasta el reconocimiento del derecho. La elaboración de itinerarios integrales de inserción para poner a disposición las herramientas necesarias para el aprendizaje del idioma, formación, acompañamiento en el acceso a formas de consecución de medios de vida, etc.  Es necesario que las personas acogidas dispongan de una red de atención social especializada y con conocimiento en esta materia que generen un proceso de trabajo conjunto orientado a la consecución de soluciones duraderas a la situación de desplazamiento forzado.
6.- Este proceso debe ir acompañado por un trabajo de monitoreo y seguimiento del cumplimiento de las obligaciones que tiene España y la Unión Europea con las personas refugiadas, de modo que permita avanzar en la defensa del Derecho de Asilo denunciando los incumplimientos de la normativa internacional, europea y nacional.
7- No podemos olvidar la necesidad de entender y tomar conciencia sobre qué es el desplazamiento forzado en el mundo, su origen y causas, dimensión y herramientas para abordar la atención a personas que se encuentran en búsqueda de protección internacional, sin ahondar en la victimización ni el dolor generado por la huida y la persecución. Un sistema de acogida integral debe incorporar un eje de trabajo en materia de sensibilización sobre la cuestión dirigido, no solo a la ciudadanía en general, sino al resto de agentes clave que trabajan con las personas refugiadas: funcionarios y trabajadores públicos de servicios sociales, sanitarios, educativos, judiciales, laborales, etc.
8.- Es necesario articular vías para la participación de la ciudadanía de modo organizado  y  coordinado  asegurando una metodología de trabajo que asegure la dignidad, el bienestar y la autonomía de  las personas refugiadas. Han de incorporarse mecanismos de participación, retroalimentación y acompañamiento que eviten, al mismo tiempo, que se  genere desánimo o decepción de los ciudadanos y ciudadanas  por no poder encauzar su deseo de dar una respuesta solidaria a la situación de estas personas.
9.- Las muestras de solidaridad deben orientarse hacia el acompañamiento a las personas refugiadas  y la cooperación en sus procesos de incorporación a la vida social cotidiana, una solidaridad de proximidad: acompañar a los recursos para que se conozcan y se sepa cómo actuar en ellos, redes de encuentro interpersonal, espacios de ocio y convivencia, acogida entre pares en la escuela, etc. siempre partiendo de la premisa de que la solidaridad no es un acto de caridad, sino de transformación social. La cobertura puntual de necesidades materiales básicas (vivienda, comida…) ha de ir acompañada por procesos que impulsen la autonomía de las personas refugiadas haciéndolas participes y protagonistas de su propio proceso.

10.- Existen asociaciones y redes de personas refugiadas y migrantes que han servido para fortalecer y empoderar a las personas en búsqueda de protección internacional. La cooperación con estas asociaciones, las redes de apoyo mutuo, el fomento del asociacionismo y el empoderamiento de las personas acogidas debe ser una de las líneas de trabajo para superar también los modelos de carácter más asistencialista y trabajar desde un enfoque de restitución de derechos.
Por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado CEAR .

15 preguntas clave para entender la emergencia de los refugiados en Europa


La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha redactado las siguientes 15 preguntas para entender la emergencia de los refugiados en Europa:

1. ¿Qué es el derecho a asilo?
El derecho de asilo es un derecho humano contenido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y desarrollado en la Convención de Ginebra de 1951 y su Protocolo (Protocolo de Nueva York de 1967) y otros tratados internacionales y regionales en la materia como la Carta Europea de Derechos Fundamentales. El Estado español lo reconoce en su Constitución y lo regula a través de su Ley de Asilo- Ley 12/2009.

El derecho de asilo es el derecho de toda persona a buscar protección fuera de su país de origen o de residencia habitual y disfrutar de ella en caso de tener fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un determinado grupo social. La persecución por motivos de género, incluida aquella motivada por la preferencia sexual y la identidad de género, están incluidas en las causas de persecución que reconoce este derecho.

2. ¿Cuáles son las principales obligaciones que establecen los tratados internacionales y europeos?
España y los países de la Unión Europea han firmado las convenciones y tratados que les obligan a acoger y brindar una adecuada protección a las personas merecedoras de protección internacional.

El artículo 14.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos establece que, en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo y a disfrutar de él, en cualquier país.
El artículo 33.1 de la Convención de Ginebra, el artículo 3 del Convenio Europeo de Derechos Humanos y el artículo 19 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea recogen el principio de no devolución, piedra angular y garantía del derecho de asilo. Este principio implica la prohibición por parte de los Estados de expulsar o devolver a una persona al territorio de cualquier país en el que su vida o su libertad se encuentren amenazadas, o en el que pudiera sufrir tortura, tratos inhumanos o degradantes u otras graves violaciones de sus derechos humanos.
La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea en su artículo 18 garantiza el derecho de asilo dentro del “respeto de las normas de la Convención de Ginebra de 28 de julio de 1951 y del Protocolo de 31 de enero de 1967 sobre el Estatuto de los Refugiados y de conformidad con el Tratado de la Unión Europea y con el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea”.
3. ¿Por qué las personas refugiadas se ven obligadas a huir?
Las personas refugiadas se ven obligadas a huir porque sus vidas corren un grave peligro y necesitan protección. En la actualidad, más de 60 millones de personas viven lejos de sus hogares a causa de la persecución, la violencia y la vulneración de los derechos humanos. Asistimos al mayor éxodo de personas refugiadas desde la Segunda Guerra Mundial.

En los últimos años, se han intensificado los conflictos y la persecución a lo largo del mundo, siendo Oriente Próximo junto con el Norte de África, las regiones con mayor inestabilidad y mayor desplazamiento forzado.

No estamos ante una situación de emergencia puntual. El contexto geopolítico actual y el carácter duradero de los conflictos y de las situaciones de violencia requieren la puesta en marcha de soluciones duraderas y sostenibles para las personas que buscan protección internacional. Al mismo tiempo, es necesario abordar las causas que provocan los desplazamientos forzados.

4. ¿De dónde huyen las personas refugiadas y dónde están llegando?
Según datos de ACNUR, más de la mitad de las personas refugiadas en el mundo (53%) proceden de tres países: Siria, Afganistán y Somalia.

Europa no es ni mucho menos el principal destino de las personas refugiadas. El 86% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas en los países más empobrecidos. Los principales países de acogida son Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Etiopía y Jordania.

Por poner un ejemplo, de los más de 4 millones de refugiados sirios, 1,9 millones se encuentran en Turquía, 1,1 millones están en Líbano, 250 mil en Iraq, 630 mil en Jordania y 150 mil en Egipto. Países que tienen un PIB hasta 30 veces inferior al de España.

siria

5. Siria, ¿principal país de origen de personas refugiadas?
Siria es el primer país de origen de las personas refugiadas en el mundo. El conflicto sirio con más de cuatro años de duración ya ha originado más de cuatro millones de personas refugiadas y seis millones y medio de desplazadas internas. Durante 2014, lejos de acercarse a su fin, la guerra civil se recrudeció y organizaciones internacionales denuncian desde el terreno que todas las partes llevan a cabo arrestos y detenciones arbitrarias, torturas, ejecuciones sumarias, destrucción de vecindarios completos, uso de armas químicas e incendiarias e imposición de restricciones arbitrarias, especialmente a mujeres y niñas.

La verdadera víctima de este conflicto es la población civil. Según datos de Amnistía Internacional, al menos 190.000 personas han fallecido desde el inicio del conflicto y más de 10 millones se encuentran en necesidad de ayuda urgente. Esta situación afecta gravemente a la infancia: 5,6 millones de niños sufren en Siria situaciones extremas de pobreza de acuerdo con datos de Unicef.

6. ¿Cuál es la respuesta de Unión Europea y qué está pasando en las fronteras europeas?
La Unión Europea, lejos de facilitar el acceso a la protección internacional a personas refugiadas que se encuentran en países de origen y tránsito, ha centrado todos sus esfuerzos en impedir la llegada de estas personas a las fronteras europeas priorizando su refuerzo, su control, así como la externalización de las mismas por encima de los derechos humanos y del derecho de asilo. En los últimos años hemos visto como se han construido muros y vallas en las fronteras exteriores y se ha desplazado la gestión y el control de fronteras a países terceros (como Marruecos, Turquía y Macedonia). Todo ello, con el fin de impedir a toda costa su llegada dejándoles atrapadas en países donde sus vidas corren grave peligro y donde no se respetan sus derechos humanos ni se les garantiza una adecuada protección internacional.

Frente a la violencia y la persecución, y ante la falta de vías legales y seguras para obtener protección, (como la posibilidad de solicitar asilo en Consulados de terceros países y Embajadas, visados humanitarios…) las personas refugiadas se ven obligadas a emprender peligrosas rutas para llegar a un país europeo que les asegure una adecuada protección. Muchas de ellas pierden su vida en el mar Mediterráneo, que se ha convertido en la ruta peligrosa del mundo, con más de 25.000 muertes en los últimos 15 años, casi 2.800 solo en 2015. Por otra parte, los que consiguen llegar a Europa ven como lejos de obtener la protección y la acogida a la que tienen derecho, los países europeos son incapaces de cumplir con sus compromisos con el derecho de asilo y las personas refugiadas y siguen inmersos en reuniones eternas mientras miles de vidas se ahogan de forma impune en el mar.

7. ¿La mayoría de las personas que están llegando a Europa son personas refugiadas?
La mayoría de las personas que están llegando a los países frontera exterior de la Unión Europea son personas merecedoras de protección internacional que provienen de países en conflicto como Siria, Eritrea y Afganistán.

Los últimos datos disponibles señalan que en lo que llevamos de año han llegado más de 430.000 personas migrantes y refugiadas a Europa a través de la ruta del Mediterráneo, la mayoría de ellas a Grecia (309.356, aproximadamente el 70% de todas las llegadas de 2015) y a Italia (121.139) . Más del 80% son potenciales refugiadas. En los últimos meses la ruta más utilizada es la de Centroeuropa (Macedonia, Serbia, Hungría) hacia el norte de Europa, con Alemania como destino final.

Conflictos bélicos, violencia generalizada, persecución, torturas, abusos sexuales… son motivos de persecución de las personas en países de origen y tránsito que motivan desplazamientos forzados para solicitar protección internacional en un país seguro.

Es necesario que no se confundan los motivos de persecución que fundamentan la necesidad de protección internacional con otras vulneraciones de derechos que son origen de los movimientos migratorios por motivos económicos, las cuales también merecen un tratamiento bajo la perspectiva de los Derechos Humanos, pero a las que no se aplica la normativa internacional y europea de asilo.

8. ¿Cuáles son las principales rutas, el papel de las mafias y la razón de su fortalecimiento?
Cuando tu vida corre peligro, no hay tiempo para preparativos. Hay que huir, poner tu vida y la de los tuyos a salvo. Las personas refugiadas no tienen más opción que elegir entre la tumba o la maleta.

Las rutas hacia Europa se han ido modificando en función de los controles fronterizos y el origen de los desplazamientos. La ruta Oeste-Mediterránea, que atraviesa Marruecos y Mauritania, constituida por el paso marítimo del norte de África a la Península Ibérica, así como la ruta terrestre a través de Ceuta y Melilla, actualmente no es una de las principales rutas debido al refuerzo de fronteras y a los dispositivos de control existentes. La ruta del Mediterráneo Central, que pasa por Libia hacia Italia, y la del Mediterráneo Oriental son actualmente las más utilizadas, sobre todo esta última que se define como el paso utilizado cruzando desde Turquía a la Unión Europea a través de Grecia, el sur de Bulgaria o Chipre. La descomposición del Estado libio abrió esta vía, que es la más peligrosa. Esta ruta es utilizada principalmente por la población subsahariana aunque también por la población siria desde Turquía.

La inexistencia de vías legales seguras para obtener protección obliga a las personas refugiadas a arriesgar sus vidas en estas rutas recurriendo a las mafias. La Agencia Europea para la Gestión de Fronteras -Frontex- señala que las principales redes de contrabando de personas operan en Turquía, en Estambul, Izmir, Edirne y Ankara. Los datos son confusos y contradictorios, pero distintas fuentes calculan que viajar supone una cantidad entre 3.000 y 5.000 euros.

Por más muros y vallas que se construyan, las personas refugiadas seguirán buscando la manera de llegar a un país seguro para salvar sus vidas. La Unión Europea no puede ponerlas en riesgo. Es el propio sistema de fortalecimiento de fronteras europeas lo que está obligando a las personas refugiadas a recurrir a las mafias, reforzando su papel y poniendo su vida en grave peligro.

9. ¿Dónde queda la Europa de la solidaridad y los derechos humanos?
Hasta el momento la respuesta dada por la Unión Europea ha sido completamente insuficiente, descoordinada e insolidaria. La situación actual identificada como “crisis de los refugiados” es, en realidad, la crisis de la Europa de los valores. Se ha intentado “impermeabilizar” la frontera, en contra de los compromisos internacionales de los derechos humanos y del derecho de asilo; pero es imposible contener el horror producido por la guerra y la huida de la población ante la muerte, la represión y la vulneración sistemática de los derechos humanos. Al mismo tiempo la Unión Europea no está garantizando una acogida y protección dignas a las personas que se encuentran en países europeos como Grecia, Italia o Hungría, que se encuentran completamente desbordados por el incremento de llegadas y la limitada capacidad instalada para la recepción y acogida de personas.

La solidaridad de los países europeos, el respeto del derecho de asilo y los derechos humanos y la consecución de un sistema europeo común de asilo parecen cada vez más inalcanzables. Los países de la UE no están actuando en base a los tratados internacionales y europeos, ni en coherencia con los valores fundacionales de la Unión Europea de solidaridad y respeto de los derechos humanos.

La Unión Europea que aparece hoy ante nuestros ojos es la Europa Fortaleza, insolidaria y totalmente incapaz de hacer cumplir a los Estados que la componen aquello que aceptaron y que por tanto, les obliga.

10. ¿En qué consisten las cuotas de acogida de personas refugiadas? ¿Cuál es la posición de España?
La Comisión Europea, en respuesta a la grave crisis humanitaria en el Mediterráneo, ha elaborado una propuesta de cuotas para la acogida de las personas refugiadas estableciendo dos tipos: cuotas de reubicación y cuotas de reasentamiento. Las primeras se aplican a personas refugiadas que ya han conseguido llegar a países europeos como Italia, Grecia o Hungría, mientras que las de reasentamiento se refieren a personas refugiadas que se encuentran principalmente en los campos de refugiados de los países limítrofes a los del país en conflicto o en el mismo país de conflicto.

En mayo de 2015 se lanzó una primera propuesta por parte de la Comisión Europea para la reubicación de 40.000 personas que ya se encuentran en Grecia e Italia. Tras varios meses de reuniones en las que los líderes europeos han “regateado” el número de personas refugiadas a las que acoger, el 14 de septiembre de 2015 se adoptó la decisión formal de acoger a 40.000 personas en un periodo de dos años.

El 9 de septiembre 2015, la Comisión lanzó una nueva propuesta de reubicación de 120.000 personas, añadiendo a Hungría como país de procedencia. Esta propuesta está pendiente de decisión puesto que en la cumbre extraordinaria de Ministros de Justicia e Interior no se llegó a un acuerdo. Asimismo, la Comisión propuso una cuota de reasentamiento de 20.000 personas. Esta propuesta está pendiente de discusión.

Teniendo en cuenta que estas discusiones comenzaron en mayo y que en lo que llevamos de año ya son más de 400.000 personas las que han llegado a los países frontera exterior de Europa, resulta irrisorio que los Estados europeos hayan tardado meses en dar respuesta a 40.000, dando muestra durante el proceso de una insolidaridad sin precedentes.

En lo que se refiere a la postura de España, hasta el mes de septiembre de 2015, el gobierno se ha mostrado reticente a asumir la cuota de reubicación propuesta por la Comisión mostrando su cara más insolidaria en las negociaciones tanto con el resto de los países europeos como con las personas refugiadas. Mientras otros países como Francia o Alemania aceptaron e incluso reforzaron la propuesta de mínimos, España la rechazó anunciando acoger a menos de las personas refugiadas que le proponía la Comisión Europea .

Sin embargo, a principios de septiembre el gobierno español dio un giro en el discurso mostrándose favorable a las propuestas de reubicación lanzadas por la Comisión, aunque sin acabar de concretar una cifra y evitando el debate de la obligatoriedad .

La presión de las organizaciones sociales y de la opinión pública, indignada ante la crisis humanitaria, así como el anuncio de la creación de la red de ciudades refugio, han tenido efecto determinante en la evolución de la postura del Gobierno que ha comenzado a dar pasos para organizar la acogida.

11. ¿Existen alternativas a la actuación de la UE y mecanismos legales para que las personas refugiadas lleguen sin poner en peligro sus vidas?
Ante la situación que estamos viviendo en el Mediterráneo y en las fronteras de la UE, los Estados miembro no han sido capaces de dar una respuesta coordinada, planificada y solidaria. Debaten el reparto a través de un sistema de cuotas de reubicación y reasentamiento de personas solicitantes de protección internacional que la apremiante realidad ya ha dejado obsoleto y que ha impulsado que la UE inicie de nuevo el debate para aumentar el número de estas cuotas. Mientras tanto miles de personas siguen perdiendo su vida en el mar. La Unión Europea debe poner en marcha de forma inmediata las siguientes medidas:

Desarrollar una nueva política de asilo e inmigración europea en la que se prioricen los Derechos Humanos, en coherencia con los valores fundacionales de la UE. Es urgente un cambio de enfoque en estas políticas, cuyo único enfoque actualmente es la seguridad y el control de las fronteras.
Responder de manera inmediata a una necesidad urgente: es necesario que los Estados Europeos abandonen sus discusiones eternas y lleguen a un acuerdo urgente con un enfoque común para la acogida de las personas que ya se encuentran en países de la Unión Europea desbordados en sus capacidades. Todo ello, teniendo en cuenta las cifras reales de llegadas (400.000 personas en lo que llevamos de año). Además es necesaria la aprobación de un mecanismo permanente que permita actuar de forma ágil, coordinada y solidaria en futuras situaciones de emergencia.
Poner en marcha una operación de rescate y salvamento en el Mediterráneo, con un mandato humanitario claro, que cuente con medios suficientes para cumplir con el deber de socorro y que incluya mecanismos para asegurar la posible solicitud de asilo en frontera.
Habilitar vías legales y seguras que garanticen el acceso de las personas refugiadas, creando corredores humanitarios que partan de enclaves anteriores a los puntos de partida de la ruta del Mediterráneo Central u Oriental, evitando que tengan que emprender travesías mortales para obtener protección en un país seguro.
Reforzar los programas de reasentamiento en coherencia con el número de refugiados, con un reparto equitativo y solidario entre todos los Estados. Hay que reforzar, en coherencia con el número de refugiados existente, los programas de reasentamiento.
Deben concederse visados humanitarios y eliminar la exigencia de visado de tránsito para aquellas personas que proceden de zonas en conflicto.
Del mismo modo, garantizar la posibilidad de pedir asilo en embajadas y consulados en los países de origen y tránsito.
Activar políticas de concesión de visados humanitarios.
Activar y que se haga efectiva la Directiva Europea de Protección Temporal en vigor desde 2001 y nacida para dar respuesta precisamente a estas emergencias humanitarias, activando el mecanismo contemplado para hacer frente a emergencias humanitarias.
Abordar las causas que provocan estos éxodos y desplazamientos forzados actuando en los países de origen y de tránsito.
12. ¿Qué necesidades tiene una persona refugiada al llegar a un país?
Tras la huida, la migración forzada que en ocasiones dura meses e incluso años, el tránsito por diversos países hasta alcanzar un país donde haya garantías de conseguir la protección que necesitan una persona refugiada o en búsqueda de protección internacional tiene una necesidad urgente de cubrir necesidades básicas como la alimentación, alojamiento, servicios de sanidad, vestido, normalmente cubiertas por los servicios públicos que se enmarcan en el sistema de acogida existente.

Además, existen necesidades de atención psicológica derivadas de la persecución, la violencia y dificultades vividas en el lugar de origen y/o en el trayecto de huida. Concurren necesidades de asistencia jurídica para el acceso al procedimiento de solicitud de asilo y el seguimiento del proceso hasta el reconocimiento del derecho; así como la garantía de su permanencia legal en el país de acogida. La elaboración de itinerarios integrales de inserción para poner a disposición las herramientas necesarias para el aprendizaje del idioma, formación, acompañamiento en el acceso a formas de consecución de medios de vida, etc. es fundamental.

Por todo ello es necesario que las personas acogidas dispongan de una red de atención social especializada y con conocimiento en esta materia que generen un proceso de trabajo conjunto orientado a la consecución de soluciones duraderas a la situación de desplazamiento forzado.

13. ¿Cómo es la acogida de las personas refugiadas en España? ¿Qué trabajo se está realizando ya y qué sería necesario hacer?
Las personas refugiadas y en búsqueda de protección internacional, que han visto sus derechos humanos violados, se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad que requiere de una acogida y atención especializada e individualizada que aborde sus necesidades desde un enfoque integral, superando por tanto la respuesta habitacional y de necesidades básicas e incorporando la atención psicológica, jurídica, formativa, entre otras. En España existe desde hace décadas una Red Estatal de Acogida que engloba:

Los cuatro Centros de Acogida de Refugiados (CAR) -dos en Madrid (Alcobendas y Vallecas), Sevilla y Valencia (Mislata), dependientes del Ministerio de Interior y destinados a solicitantes y beneficiarios de protección internacional.
Los dos Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes- CETI (en Ceuta y Melilla) dependientes del Ministerio de Interior y destinados a solicitantes, beneficiarios de protección internacional y personas migrantes que acceden de forma irregular a estas ciudades.
Otros dispositivos de acogida dependientes del Ministerio de Empleo y Seguridad Social- MEYSS, gestionado por entidades y ONG especializadas en Asilo: CEAR, ACCEM y Cruz Roja.
Esto comprende:

Alojamiento temporal.
Información y asesoramiento legal sobre nueva situación.
Orientación para su incorporación al sistema educativo, sanitario y social.
Atención psicológica.
Atención social especializada y gestión de ayudas económicas complementarias.
Desarrollo de cursos para aprendizaje de la lengua y de habilidades sociales básicas.
Orientación e intermediación para la formación profesional e inserción laboral.
Actividades ocupacionales y de ocio y tiempo libre.
Es importante que en la atención a personas refugiadas y en búsqueda de protección internacional no construyamos de cero, sino que partamos de lo existente y no creemos sistemas paralelos que por la urgencia del momento ahonden en la situación de vulnerabilidad de las personas. El sistema de acogida español posee una enorme experiencia atesorada por los servicios públicos que trabajan en materia de asilo, las organizaciones sociales y las personas que trabajan en este ámbito –de forma remunerada y voluntaria –con conocimiento, competencias y habilidades específicas en este terreno. Esta red tiene capacidad para dar respuesta técnica y organizativa a esta situación, para lo que debe dotarse con recursos adecuados a través de los presupuestos europeos y de los gobiernos de los Estados miembro (incluido el español) para enfrentarse a algo que sucede desde hace muchos años, pero que en este momento ha cobrado una dimensión extraordinaria, de modo que sea posible la ampliación de los programas ya existentes.

Además, no podemos olvidar la necesidad de sensibilizar, entender y tomar conciencia sobre que es el desplazamiento forzado en el mundo, su origen y causas, dimensión y herramientas para abordar la atención a personas que se encuentran en búsqueda de protección internacional y entender la especificidad de sus necesidades cuando llegan al país de acogida.

14-¿Qué iniciativas sociales se están impulsando en España?
Ante la ineficacia de la aceptación de las decisiones europeas por parte de los Estados miembro y la falta de voluntad política por parte de los gobiernos a asumir su responsabilidad internacional, ha cobrado impulso la iniciativa de gobiernos locales acompañada, a su vez, por un impulso de solidaridad ciudadana sin precedentes.

El impacto generado por algunas imágenes en los medios de comunicación, han sido un revulsivo para que las personas reaccionaran con una ola de solidaridad ciudadana que ha dado lugar a numerosas iniciativas muy relacionadas con la puesta a disposición de alojamiento y donaciones de alimentos, ropa, medicamentos y utensilios de primera necesidad.

La sensibilización y participación de la ciudadanía en general y las propuestas de los municipios han sido decisivas para demostrar que la sociedad demanda dar respuesta de justicia a las personas refugiadas y al cumplimiento de las obligaciones del Gobierno y como respuesta a las posturas xenófobas, presionando a los responsables políticos a no mirar a otro lado. Esperamos que esta solidaridad, muchas veces denominada solidaridad en caliente, se mantenga de forma sostenida y fortalecida.

Debemos huir del asistencialismo y articular respuestas conjuntas desde las administraciones, las organizaciones sociales y la ciudadanía comprometida. La respuesta estará orientada a favorecer una atención integral y fomentar la autonomía de las personas refugiadas y se buscarán modelos de acción social inclusivos que permitan coordinar la respuesta.

En España ya hay decenas de Ayuntamientos y Corporaciones locales que se han declarado “Ciudades Refugio” como apuesta de ciudades inclusivas y dispuestas a apoyar el proceso de acogida de las personas refugiadas. En este sentido, desde CEAR, hemos elaborado una propuesta de Declaración Institucional para aquellos Ayuntamientos que quieran dar un paso al frente en su compromiso con las personas refugiadas.

15. ¿Cuál es la mejor forma de colaborar en esta situación?

Es necesario articular vías para la participación de la ciudadanía de modo organizado y coordinado asegurando una metodología de trabajo que garantice la dignidad, el bienestar y la autonomía de las personas refugiadas y que eviten, al mismo tiempo, que se genere desánimo o decepción de los ciudadanos y ciudadanas por no poder encauzar su deseo de dar una respuesta solidaria a la situación de estas personas.


EL SILENCIO ES EL PEOR MURO. ¡NO TE CALLES!


Hay muros que no dejan salir, y muros que no dejan entrar.
Hoy en día, Europa asiste atónita y desprevenida a la llegada masiva de seres humanos que huyen del horror de la guerra y la desesperanza. La agudización de los conflictos en los países de origen no ha hecho más que aumentar el número de los que paradójicamente se juegan la vida para sobrevivir.
Ojalá no nos rindamos al imperio de la indiferencia
Los muros, semillas plantadas sobre la Tierra para aislar y aislarse.
Los muros, frutos del trabajo paciente y tenaz de muchas personas en respuesta al sufrimiento de los miles de hombres y mujeres que se deben enfrentar a ellos.
Mientras existan muros, los sufrimientos no cesarán, todo lo contrario.
De los muros se nutre la compasión, el dolor por el dolor del prójimo. Son lugares que dan la fuerza necesaria para emprender la transformación de realidades a priori inamovibles, y que llevan a esperar contra toda esperanza.
La compasión no sabe de imposibles, de falta de alternativas, de ineficiencia. La compasión mueve a hacer algo, porque ante el dolor ajeno no podemos quedarnos quietos. Debe llevarnos a abrir caminos inéditos concitando así la esperanza que también impulsa a caminar.
Guardar silencio ante los muros no es ninguna opción. La quietud y la indignación tampoco. La elección que tenemos que realizar, tras reconocer el sufrimiento, y compadecernos, es acompañar. Propulsarnos hacia más compromiso, e implicarnos en la transformación de la realidad que nos separa. El acompañamiento, un acto aparentemente simple e ineficaz, pero aumenta la fuerza a ambos lados de los muros para derribarlos.
No es necesario inventar nada. Cada persona debe romper los suyos, utilizando sus competencias y responsabilidades para dotar de humanidad y dignidad el trato a los inmigrantes y refugiados. Siempre empatía, responsabilidad, cortesía, esfuerzo y diálogo.  en policías, directores, médicos y jueces. Nunca abuso, agresividad, despotismo, negligencia e indiferencia.
El Estrecho de Gibraltar, el Mediterráneo… no deja de engullir vidas ante una Europa que languidece en la traición de sus esencias e ideales. Pero muros de indiferencia hay por todas partes. Ante ellos no hay tregua. Y, como nada, tenemos que desgastarnos, resistir desiertos, dedicar mucho tiempo y energía personal para conseguir pequeños cambios. Somos una generación de resultados y eficiencia y es contracultural conformarnos con empujar la historia para que puedan ser otros los que algún día vean los resultados de nuestro esfuerzo.

Y si aun así, si nada cambia, hicimos lo que teníamos que hacer. Para esto sí que no teníamos alternativa, nos jugábamos nuestra humanidad. Porque quizá el quid de la cuestión está en que es a nosotros a quien la lucha por la justicia y por la humanización del mundo nos configura y nos cambia.


lunes, 28 de septiembre de 2015

El futuro está en manos de los pueblos


Hizo un discurso revolucionario porque realizó un llamamiento para un cambio de estructuras, y porque animaba a luchar para superar las "graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo". Fustigó con más dureza que nunca "la dictadura del dinero", que volvió a definir como "el estiércol del diablo", y al sistema económico actual, "que degrada y mata". 

Francisco, un papa considerado por algunos sectores como populista y hasta marxista, pronunció durante la clausura del Segundo Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, este pasado verano, un discurso que ha venido siendo considerado como de fuerte contenido político. Sin embargo, nosotros lo vemos repleto de humanismo y repleto de compromiso social.

"El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos", clamó.

En su discurso, Francisco volvió a hablar de un mundo sumergido en una "tercera guerra mundial en cuotas". Denunció la existencia de "un hilo invisible que une a cada una de las exclusiones: un sistema que ha impuesto la lógica de la ganancia" a toda costa. "Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan los pueblos", dijo. "Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre Tierra".

"Se está castigando a la Tierra, a los pueblos, a las personas, de un modo casi salvaje", disparó. El primer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares había tenido lugar en octubre del año 2014 en el Vaticano por voluntad de Francisco. Como recordó el propio Papa en su largo e intenso discurso, que duró una hora, y de más de seis páginas, esa vez había reclamado las tres "T": tierra, techo y trabajo para todos. "Lo dije y lo repito, son un derecho sagrado. Vale la pena luchar por ellos". 

El Papa, que elogió reiteradamente los movimientos populares -que definió como "poetas sociales"-, los llamó a impulsar un cambio. "Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden hacerlo y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres t» [trabajo, techo, tierra] y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!", dijo.

Dijo luego que ni el Papa ni la Iglesia tienen "una receta" para solucionar los graves problemas de este mundo. Pero propuso tres grandes tareas: poner la economía al servicio de los pueblos; unir los pueblos en el camino de la paz y la justicia, y defender la madre Tierra.

Al denunciar el sistema actual, llamó a decirle "no a una economía de exclusión e inequidad" y aseguró que "el problema es un sistema que sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales". Además, denunció que este sistema "atenta contra el proyecto de Jesús". "El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos".

Advirtió luego que "hay factores que atentan contra la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta". Y arremetió contra el "nuevo colonialismo", que se esconde "detrás del poder anónimo del ídolo dinero" o "bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo cuando se imponen a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas". "Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social, que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural, es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico", agregó.

"¡Basta de descartes!".

¿Consideras que su tono no fue el adecuado? ¿Fue revolucionario que reconociese que ninguno de los graves problemas de la humanidad se puedan resolver sin la interacción entre los Estados y los pueblos a nivel internacional?



¿Corres detrás de un like...?

Al presidir el encuentro con obispos de los cinco continentes presentes en Filadelfia (Estados Unidos) con ocasión del Encuentro Mundial de las Familias 2015, el Papa Francisco lamentó que en el mundo actual la sociedad viva “una soledad con miedo al compromiso” pero que al mismo tiempo se encuentra en “una búsqueda desenfrenada por sentirse reconocido”.
“Corriendo detrás de un like, corriendo detrás de aumentar el número de followers en cualquiera de las redes sociales, así van –así vamos– los seres humanos en la propuesta que ofrece esta sociedad contemporánea”, lamentó.
El encuentro con los obispos comenzó alrededor de las 9:00 a.m. (hora local), en el Seminario San Carlos Borromeo de Filadelfia. Previamente, en ese mismo lugar, entre las 8 y las 9 el Santo Padre se reunió con víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero.
Francisco advirtió que el mundo parece haberse convertido en un gran centro comercial, “donde la cultura ha adquirido una dinámica competitiva”.
“Ya no se vende fiado, ya no se puede fiar de los demás. No hay un vínculo personal, una relación de vecindad”, lamentó, e indicó que “la cultura actual parece estimular a las personas a entrar en la dinámica de no ligarse a nada ni a nadie”.
Lo más importante en la actualidad, criticó, “parece que es ir detrás de la última tendencia, de la última actividad. Inclusive a nivel religioso”.
“Lo importante hoy parece que lo determina el consumo. Consumir relaciones, consumir amistades, consumir religiones, consumir, consumir. No importa el costo ni las consecuencias”.
Este consumo, dijo, “no genera vínculos, un consumo que va más allá de las relaciones humanas. Los vínculos son un mero ‘trámite’ en la satisfacción de ‘mis necesidades’”.
“Esto genera una herida grande, una herida cultural, muy grande. Me animo a decir que una de las principales pobrezas o raíces de tantas situaciones contemporáneas está en la soledad radical a la que se ven sometidas tantas personas”, dijo.
El Santo Padre cuestionó: “¿Debemos condenar a nuestros jóvenes por haber crecido en esta sociedad? ¿Debemos anatematizarlos por vivir en este mundo? ¿ Ellos deben escuchar de sus pastores frases como: ‘Todo pasado fue mejor’, ‘El mundo es un desastre y, si esto sigue así, dónde vamos a ir a parar’?”.
“No, no creo que este sea el camino. Nosotros, pastores tras las huellas del Pastor, estamos invitados a buscar, acompañar, levantar, curar las heridas de nuestro tiempo”.
Francisco subrayó que “el Evangelio no es un producto para consumir, no entra en esta cultura del consumismo”.

Los pastores, señaló el Papa, están llamados a “mirar la realidad con los ojos de aquel que se sabe interpelado al movimiento, a la conversión pastoral. El mundo hoy nos pide y reclama esta conversión pastoral”

domingo, 27 de septiembre de 2015

EL ESCÁNDALO HIPÓCRITA


    El punto de partida de este Evangelio es la "extrañeza" que sintieron los discípulos de Jesús cuando vieron a un "extraño" que sin ser del grupo que seguía al Maestro, se permitía nada menos que echar demonios en su nombre. Parece que este lance irritó tanto a los discípulos, que presos de la indignación, fueron a contárselo al Señor.

    Era una actitud sospechosamente celosa por parte de quienes parece que vivían su condición de discípulos un tanto interesada. Jesús responderá haciéndoles ver que el Espíritu de Dios desborda los cauces por los que normalmente transcurre, y por lo tanto, también habla y actúa allá en donde hay un destello de verdad, de bondad, de belleza... aunque estos destellos sean incompletos y parciales.

    No hay aquí una llamada a la falsa tolerancia, como si diese igual todo, o como si la verdad fuese indiferente en cualquier camino o en cualquier posición humana. Pero, ciertamente, Jesús no es favorable a los capillismos insulsos, ni a las ramplonerías partidistas. ¿A qué viene, pues, vuestro escándalo –decía Jesús a los discípulos-?

    En el lenguaje bíblico, la palabra "escándalo" tiene dos sentidos: ocasión de caída y ocasión de obstáculo. En ambos casos el resultado es parecido: no llegar a la meta deseada, no alcanzar el destino hacia el que se caminaba. Es decir, tanto en el caso de una torpeza que nos hace caer, como también en el caso de un bloqueo que nos obstaculiza el andar, llegamos a ese mismo y terrible final: nuestra vida ha fracasado inútilmente; Dios la soñó y la diseñó para un proyecto de felicidad, y nuestras torpezas y caídas nos detienen o nos hacen caminar en otra dirección... ¡Esto es lo verdaderamente trágico y preocupante, y esto es lo que Jesús quiere hacer ver!

    Podemos estar ocupados en la caza de falsos discípulos (lo cual hay que hacer, no en el sentido de "cazar", pero sí en el de no confundir lo verdadero con los sucedáneos), sin reparar que también nosotros hemos de revisar nuestra identidad cristiana, nuestro seguimiento del Maestro Jesucristo, nuestra comunión de vida con Él y con su Iglesia. Porque puede darse que estemos quejándonos de las falsedades y nosotros no estar viviendo en la verdad.

    El Evangelio de este domingo es tremendamente drástico y radical: no escandalices a los pequeños, a los débiles, no te escandalices tampoco a ti mismo, es decir, no te caigas y no derribes a nadie; no te bloquees a ti ni tampoco coartes al prójimo. Más te vale entrar cojo, o ciego, o manco... (con todo lo que sugieren estas expresiones) que haber conservado estos miembros pero haber perdido la vida, la verdadera vida.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm.

Arzobispo de Oviedo

27 septiembre 2015


26º Domingo Tiempo Ordinario

Haga clic aquí para ver EL ESCÁNDALO HIPÓCRITA

EL ESCÁNDALO HIPÓCRITA (Mc 9,37-47)

por catequesiscadizyceuta

sábado, 26 de septiembre de 2015

Esto lo cambia todo

El papa Francisco, al que se ha definido como el misionero de la misericordia, ha convocado oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia con la publicación de la Bula “Misericordiae vultus”, que se iniciará el 8 de diciembre de 2015, y que justificó con que la Iglesia, con los grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios, pidiendo la conversión de nuestros corazones de la indiferencia a la compasión.

Por ello, la doctrina social de la Iglesia, en cuanto conjunto de normas y principios referentes a la realidad social, política y económica de la humanidad basada en el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia católica, tiene que estar dirigida por y desde las bienaventuranzas y, especialmente, desde la misericordia, pues la bienaventuranza a los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, es llamar felices a los que socorren a los infelices, porque a ellos se les dará como contrapartida el ser librados de la infelicidad, siendo que esa felicidad está en el servicio a los demás, porque donde hay misericordia está el espíritu de Jesús.

Tal y como afirmaron los Obispos norteños en la Pascua de 2015 (Misericordia entrañable), “la misericordia es activa, nos mueve a hacernos cargo del sufrimiento del prójimo, a ponernos en su lugar, a escucharlo, a defenderlo, a compartir nuestros bienes, a ayudarlo en el restablecimiento de sus derechos y de su dignidad. También conlleva un compromiso comunitario, tanto a nivel eclesial como social, político y económico, de transformación de las estructuras de pecado que generan desigualdad e injusticia. El Papa Francisco aboga por la inclusión social y eclesial de los pobres”.


La misericordia se vuelca especialmente en los pobres y excluidos, que son los destinatarios de las palabras del Evangelio y que nos recuerda Francisco: No a una economía de la exclusión (cfr. EG 53); no a la nueva idolatría del dinero (cfr. EG 55); no a un dinero que gobierna en lugar de servir (cfr. EG 57); no a la inequidad que genera violencia (cfr. EG 59). Esto significa la opción preferencial por los pobres del Evangelio y que manifiesta la misericordia de Dios hacia los más débiles, empobrecidos e indefensos.

ANTES QUE LOS DERECHOS DE LAS FRONTERAS ESTÁN LOS DE LAS PERSONAS

Mons. Santiago Agrelo
Foto: Javier Sánchez Salcedo

No podemos dejar de reproducir la entrevista firmada por Rafael Armada, con fotografías de Javier Sánchez Salcedo, publicada en la publicación Mundo Negro.

Monseñor Santiago Agrelo Martínez llama la atención, entre otras cosas, porque encarna una mezcla de energía y convicción reflejadas a través de un semblante pacífico y de una apariencia sencilla. Este franciscano gallego, arzobispo de Tánger, se ha convertido en una de las voces más proféticas de la Iglesia por su defensa de los inmigrantes. Entró en el seminario a los 11 años, decisión que tomaron por él sus abuelos pero de la que nunca se arrepintió. La carrera eclesiástica le llevó por los derroteros de la enseñanza. Por eso fue él el primer sorprendido al ser nombrado obispo de esta diócesis del norte de África, trampolín para los emigrantes en su camino hacia Europa, pero también ratonera que provoca cada día gran sufrimiento.

 Se ha convertido usted en una de las voces proféticas del momento. ¿Cómo ha ocurrido? ¿Es parte de una trayectoria natural o de un repentino cambio?

A lo largo de mi vida he cambiado continuamente. Lo considero una gracia de Dios. Una vida abierta a lo que la realidad te va diciendo. He estado siempre aprendiendo cosas y espero no haber acabado de hacerlo, además de una cierta cercanía al mundo de los necesitados que fue asumiendo diferentes formas. Cuando era estudiante de Teología pertenecí a la Legión de María y me mandaban a la cárcel de Santiago de Compostela a visitar a los presos en las tardes del domingo. Ya de sacerdote, en Roma, trabajé 12 años en un suburbio, en medio de gente venida de fuera y que había hecho allí sus barracas. Fue este uno de los períodos de mi vida de los que guardo recuerdos más hermosos.

Luego, cuando regresé a Santiago, colaboré con las Oblatas en su trabajo con las mujeres de la prostitución. Mi labor consistía en dedicar una hora semanal para ayudarles a fomentar su autoestima. También fui director del albergue de transeúntes de Santiago durante varios años. Esto implicaba tener el teléfono en la cabecera de la cama por si la Policía o la Guardia Civil te traían a alguien para acomodarlo por la noche y despedirlo por la mañana, un trabajo que me dio también muchísimas satisfacciones. Levantarme en la noche para recibir a la gente me daba alegría.

¿Qué significó para usted Marruecos?

Marruecos supuso un gran impacto para mí, sobre todo el encuentro con el mundo de la inmigración y, mucho más, el hecho de tener a los inmigrantes en casa. Al principio, era un servicio de Cáritas y venían a las tres o a las cuatro de la mañana. Ahora las cosas están más organizadas, como quien va a la consulta de un médico, con cita previa. Hay un equipo que les atienden todos los días. Antes, tocaban el timbre a cualquier hora para coger vez y bajabas a abrirles, para que no estuvieran en la calle. Sin embargo, lo que más impacta no es el hecho de recibirlos, sino el ver sus problemas, su miedo, su angustia… La mayor parte de las veces ver también su esperanza o su alegría. Lo que más me sorprende, o admiro, en los inmigrantes es su serenidad, la paz que transmiten. Sin embargo, con frecuencia te encuentras también con la enfermedad y, en el caso de las mujeres, además de las dificultades propias de la maternidad, con los problemas de la prostitución o de la trata (de personas para diferentes formas de esclavitud). Tantas cosas… Eso sí me ha marcado profundamente. Ahí creo que he cambiado mucho en mi modo de pensar. Empecé a ver con claridad cosas que antes no había visto y que ahora, en cambio, me parecen luminosas. Espero, sin embargo, no haber terminado de comprender.

 ¿A qué se refiere con esas cosas luminosas?

Aquellas que ocurren cuando uno se encuentra con el hombre, algo que antes para mí no estaba claro. Es decir, yo siempre fui muy ortodoxo y muy conservador –creo que aún lo soy–, y eso me hacía centrarme en la doctrina, en el pensamiento… Marruecos me ayudó a centrarme en el hombre. En el hombre como destino, principio y fin del Evangelio, como justificación de la encarnación. La revelación de Dios se da en el hombre. Él ha querido poner en el hombre su propio destino. Son estas las cosas que no hubiera descubierto mediante una reflexión teológica si no me hubiese encontrado con el hombre en Marruecos: que Dios es para siempre hombre. Eso yo lo sabía antes, pero de otra manera.

¿Qué le cuentan los inmigrantes? ¿Vienen a hablar con usted?

No, eso es curioso. Vienen a la catedral donde me los encuentro todos los domingos. Muchos vienen a Misa y se quedan rezando al acabar. Todos te saludan, notas en el rostro una mirada de gratitud, una mirada de confianza. Notas algo que yo nunca agradeceré bastante a Dios, y es que te da la impresión de que están en su casa, en familia, de que se saben de casa y eso para mí es impagable. No buscamos otra cosa. Eso vale mucho más que la ayuda que podamos darles, siempre limitada; que sientan que han llegado a una tierra de destino, que no están en camino –aunque lo estén–, sino que están en casa.

¿Por qué deciden salir de sus tierras? ¿Con qué sueños viajan?

Eso habría que preguntárselo al equipo que trabaja con ellos y no a mí. Ellos son los que los reciben, los escuchan, los acompañan a los hospitales, escolarizan a sus niños… El equipo tiene sus servicios sociales. Llega una persona y si tiene que ir al hospital, le acompañan y se aseguran de que sea atendida. Porque si no, a lo mejor, no la atienden por ser negra, aunque estén obligados a hacerlo. Marruecos ofrece asistencia sanitaria aunque uno no tenga papeles, pero para evitar que no sean atendidos se les acompaña. Tenemos también una psicóloga para las necesidades en este campo, que suelen ser muchas. He visto casos extremos; gente que se queda sin habla, acurrucada detrás de una puerta, incapacitada para comunicarse, como víctimas de un trauma, de un sufrimiento tan atroz que los lleva incluso a colocarse en posición fetal. Y no digamos cuando una madre asiste a la muerte de un hijo.

Es frecuente atender a aquellos que sufren las consecuencias de la prostitución o de heridas graves como las de una mutilación. Se establecen criterios de prioridad en cuanto a la atención. Normalmente, primero las mujeres, las embarazadas. Hay también talleres para manualidades, para hacer joyas, bolsos, trabajos en madera; son cosas voluntarias, pero les sirven para estar ocupados y ganar algo con su venta.

 ¿Qué otras actividades tiene la diócesis y qué lugar ocupa la atención a los inmigrantes?

Todas las instituciones religiosas de la diócesis saben que los emigrantes, en cuanto que son los más necesitados, son personas privilegiadas para la Iglesia, pero el obispo no está directamente implicado en ese trabajo, como tampoco en ninguno de los proyectos que llevan las distintas instituciones religiosas de la diócesis. Somos dos mil y pico católicos y hay 15 institutos religiosos, un número muy grande que le da un determinado rostro a la Iglesia. Cada instituto tiene proyectos de acción pastoral, social, de ejercicio de la caridad... La diócesis es mucho más que la delegación de Inmigrantes, una creación de hace solo cuatro años. Al llegar pensé que era necesario establecer una entidad específica para atenderlos.


¿Cómo ve la actuación de Marruecos y de España en relación a la inmigración?

Existen dos maneras de ver la realidad. Desde la Iglesia, en el emigrante vemos al hermano y al Señor, y eso para las naciones y las autoridades políticas es una visión imposible. En último término se trata de dos visiones distintas del hombre. Mucho me temo que para los Estados, el emigrante es una mercancía, vale en tanto en cuanto puede producir un beneficio económico en el lugar a donde llega, no se considera su realidad como persona. De hecho, para responder a preguntas sobre los emigrantes, nunca se les pregunta a ellos, aunque deberían ser los primeros interpelados.

Tanto es el deseo de no saber de ellos, de no preguntarles, de ignorarles como personas que, incluso cuando consiguen entrar en el territorio nacional, en España, se les devuelve inmediatamente. Esas devoluciones en caliente se realizan para no escucharles, no porque cueste trabajo tenerlos aquí o atenderlos; son personas pacíficas, con ilusión y ansias de trabajar, con una voluntad enorme de vivir y, sin embargo, por no escucharles, por no oírles, por no darles la palabra, los devolvemos inmediatamente.

 ¿Cómo responde al argumento del Estado español de que este tiene derecho a proteger sus fronteras, a que no entre gente de forma ilegal?

No sé cuáles son los derechos de los Estados; mucho me temo que estos tienen los derechos que quieran darse. ¿Quiénes son los Estados? Los Estados son los Gobiernos y el nuestro, que se supone democrático, ha insinuado la posibilidad de legalizar las devoluciones en caliente. Quiere decir que un Gobierno establece las fronteras, las leyes que las regulan y no tiene que dar razón a nadie sobre ellas. Sin embargo, la víctima es siempre la humanidad más empobrecida, la más necesitada, con más derechos violados, con menos derechos respetados. Hablarme de fronteras como un derecho… Yo pienso que antes que los derechos de las fronteras están los de las personas; así de sencillo, no hace falta tener muchas luces para entenderlo.

En este sentido, ¿cómo valora la actuación de las Fuerzas de Seguridad?

Hace poco veía una entrevista de una cadena de televisión española realizada por un periodista a un guardia civil de Melilla. Es algo tremendo. El guardia civil se confiesa delante del periodista, cuenta cosas atroces: que violan las leyes y que él, como mandado, no puede evitar. Se le manda apalear, para que el emigrante baje de la valla y poder devolverlo. Dice algo que todos podíamos sospechar: que durante la noche no hay inconveniente en apalearlos porque nadie les ve. La preocupación llega con la luz del día y la imagen que ello pueda suscitar.

En otro vídeo que la asociación PRODEIN hizo público, y que vi varias veces, lo que más me llamó la atención no es tanto que la guardia civil pegue a un emigrante, ni que lo saquen inconsciente a través de las fronteras o lo entreguen a las fuerzas del orden marroquí. Lo que más me impresiona es la indiferencia de todos los que pasan. Indiferencia ante el hecho, ante aquel hombre inconsciente. Pasa un coche médico, una ambulancia, unas personas haciendo footing como si allí no existiese nadie ni pasara nada. Si esa indiferencia es icono de la indiferencia de la sociedad con relación a estos hechos, entonces los emigrantes tienen un problema, pero la sociedad tiene un problema mucho mayor, quiere decir que está radicalmente enferma, muy enferma.

 ¿Qué solución se le ocurre al tema migratorio?

Soluciones yo no tengo. Habría que pensar primero cómo eliminar la corrupción en la política. Me refiero a los países de origen, pero eso no está en las manos de ningún pobre como nosotros. Como Iglesia, ese poder de cambiar las estructuras o las instituciones no lo tenemos en ningún sitio, gracias a Dios, porque si no crearíamos otras estructuras y otro poder a nuestra medida, y estaríamos igual de mal, o peor. Yo no quiero tener ese poder –ni que la Iglesia lo tenga–, jamás; que solo tenga el poder de servir y de amar. La solución de los problemas, en cambio, pasa por el camino de las sociedades hacia la solidaridad –si no queremos hablar del amor–, por un camino hacia la austeridad personal y colectiva. Se trata de que aprendamos a vivir con dignidad y posiblemente con poco. Pero, ¿quién enseña eso a la sociedad? Ciertamente, no los partidos políticos que, si quieren votos, engañarán y dirán que vas a tener mucho y con poco trabajo. Hace falta amor a la verdad, pero tendría que venir Santa Teresa a enseñárnoslo. Si lo primero que hace uno para medrar en la sociedad es mentir, engañar, por ese camino vamos siempre mal, tanto en los países de origen como en los de destino o en los de tránsito. Quienes pagan siempre los platos rotos son los pobres.

¿Quiénes emigran? ¿Qué percepción tiene usted de los motivos y del perfil de los que salen?

Es una evidencia que muchos emigrantes no salen de una situación de pobreza, sino muchas veces de injusticia y violencia, de guerra. Esas situaciones debieran ser motivo más que suficiente para que en las fronteras de los países de llegada, en Europa, se les escuchase, para saber de dónde vienen, aunque también hay que contar con la capacidad del ser humano de engañar y de mentir. Si uno sabe que si vienes de una situación de guerra te van a admitir, probablemente tratará de hacerte pensar, ver o creer que viene de dicha situación.

Los emigrantes no son ni santos ni ángeles bajados del cielo, son personas como nosotros. Tienen su picaresca. A mí me encanta que me engañen, y comprendo que me engañe un pobre, es algo maravilloso, porque tienen que vivir simplemente de lo que se les da. Ahora, que me engañen los ricos, eso me da repulsa. Por otra parte, ciertamente vendrán pobres y, en todo caso, si viene gente que en su país no lo era y no huye de la violencia, seguramente no habrá salido porque le guste andar por los caminos maltratado, sino porque intuye, piensa y desea tener un futuro mejor del que se le deparará en su país de origen. Ese derecho a soñar lo tienen todas las personas. Es un derecho universal reconocido; tanto el de no emigrar como el de emigrar. Sin embargo, estos derechos están siendo conculcados sistemáticamente por unos Estados que consideran que son dueños de las fronteras. Ellos no son los dueños sino, en todo caso, los administradores, y hay gente que tiene derecho a pasar por esas fronteras y eso tiene que ser respetado.

 ¿Cuál es la buena nueva que dan a los emigrantes?


Creo que ellos encuentran un tesoro en la Iglesia como familia, y para la Iglesia ellos también son un tesoro y una estima. La Iglesia de Tánger se ha revitalizado muchísimo con la presencia de los emigrantes, no solo por los fieles que representan dentro de la Iglesia y que te hacen ver el domingo la catedral de buen ver, a veces de color negro, que es una maravilla. Llevan consigo gozos y penas muy grandes. Estos días revisaba mensajes antiguos que me habían llegado desde Casablanca, relacionados con una niña de 4 años, que tenía a su padre en la cárcel. Esa niña, que yo bauticé en Tánger, en una Vigilia Pascual, murió después en el Estrecho, junto a toda su familia. Esto es siempre una bofetada enorme para nosotros. Gente que ya forma parte de tu vida, que ha entrado en la comunidad, de repente, sabes que se han muerto… Son muchos los que el Estrecho se ha llevado por delante, gente que estaba con nosotros. Todo ello te hace sentir una gran familia, que la Iglesia no es una comunidad doctrinal, sino una comunidad de vida, de acogida, de amor. Es una presencia muy viva de Cristo en el mundo.

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