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martes, 27 de enero de 2015

Una patera para Francisco

Sinónimo de drama humano que no cesa, de sueños rotos, cargadas de historias, de globalización de la indiferencia, con su carga de muerte...
Gabriel Delgado, del obispado de Cádiz, entregó una réplica de una patera al Papa Francisco tras el Congreso Mundial de la Pastoral de Migracione.s
El padre Gabriel entrega la "patera" al papa Francisco
El padre Gabriel entrega la “patera” al papa Francisco
Del 17 al 21 de noviembre, se ha celebrado en Roma el VII Congreso Mundial de la Pastoral de las Migraciones, que ha reunido a más de 300 personas de 93 países.
Al finalizar el congreso, se celebró en la sala Clementina la audiencia con el Papa Francisco, momento en el que se produjo este momento singular, en el que el director del Secretariado Diocesano de Migraciones, de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Gabriel Delgado, entregó una pequeña patera al prelado. Él mismo, en la página web de la Diócesis de Cádiz y Ceuta explica cómo fue el momento:
“Ya, al final, cuando se marchaba, tuve la oportunidad de poder acercarme al Papa Francisco para entregarle un detalle que, aunque era sencillo y humilde – una pequeña patera -, estaba cargado de simbolismos, historias y personas.
Era una patera hecha por Modou, inmigrante africano residente en Tánger que, junto a otros compañeros subsaharianos, participa en un proyecto de la Asociación Armid, promovida por la Delegación de Migraciones de Tánger, para generar recursos para los inmigrantes.
Pude saludar al Papa Francisco, entregarle la pequeña patera y agradecerle su servicio, testimonio y ejemplo, manifestándole que la Diócesis de Cádiz y de Ceuta está muy sensibilizada y comprometida con la inmigración.
En mi corazón y en mi mente la patera iba cargada de muchos nombres, que en nuestra Diócesis han trabajado y siguen ahí entregando su vida con entusiasmo al servicio de los inmigrantes. Recordaba la historia de tantos que han estado sensibles y comprometidos, obispos, sacerdotes, laicos, amigas y amigos entrañables, tanta gente que haría falta una gran embarcación para llevarlos a todos.
También estaban los nombres de muchos inmigrantes – jóvenes y adultos, mujeres y niños – que han atravesado las aguas del Estrecho y que hemos acogido ofreciéndoles el afecto y la ternura de una Iglesia que quiere ser madre. Y aquellos otros que nos hemos encontrado detenidos en el CIE, tras haber sobrevivido a un viaje cargado de riesgos y peligros.
Pero, sobre todo, la patera era de los pobres de la tierra. Aquellos inmigrantes cuyos nombres sólo Dios conoce. Inmigrantes anónimos que enterraron sus sueños y sus esperanzas en esas noches oscuras de los dramas y las tragedias. ¡Qué de sueños y esperanzas, gritos y gemidos, noches oscuras y estrelladas, oraciones y plegarias, temblores y miedos, llantos y agonías en esa pequeña patera!
Me quedo en la retina con la mirada entrañable del Papa Francisco y con su cariñosa sonrisa, mientras se alejaba de la sala Clementina sosteniendo sobre su pecho la pequeña patera”.

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