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domingo, 2 de noviembre de 2014

Fiscalidad


La redistribución de la riqueza es uno de los mantras que repiten las organizaciones sociales. Como mecanismo para que el reparto sea más equitativo, un grupo muy importante de ellas y de miembros la sociedad civil llevan mucho tiempo reclamando una política fiscal, nacional e internacional, más distributiva. Una de las propuestas que ha cobrado fuerza, y ya es una realidad en algunos países, es que se imponga la llamada tasa Tobin. Se trata de un Impuesto sobre las Transacciones Financieras (ITF) inspirado parcialmente en las ideas del economista americano James Tobin.

El ITF está respaldado por la ONU, el G20, la Comisión Europea, e incluso el FMI, inicialmente reacio. Las razones son sólidas: un impuesto de estas características desincentiva los movimientos especulativos de los mercados financieros. Lo recaudado debería destinarse a combatir la pobreza y la desigualdad. Y esa cantidad podría ser muy abultada si se extendiera, por ejemplo, a las acciones, bonos y derivados financieros: 37.000 millones de euros solo en la Unión Europea.

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