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lunes, 24 de noviembre de 2014

Derroche y desperdicio


Es abrumador observar la inconsciente gestión del derroche generalizado con  que nos conducimos una mayoría de personas. Parecemos un empecinado colectivo de "derrochodependientes" ajenos a una lección crítica que debiéraos haber aprendido, por ser una constante de la historia de la humanidad: guardar cuando las vacas sean gordas para cuando lleguen las flacas.

Pero esta incontinencia, como miembros del primer mundo, es la gestión de lo tangible, que ofendería y sorprendería a cualquiera de nuestros antepasados, ofende aún más si nos enfrentamos con quienes nada tienen y a nada más pueden aspirar, porque la nada es su único todo.

Derroche e inmenso desperdicio como valor intangible que desechamos cotidianamente: el aislamiento individual.

Cuanto más tenemos, más desconfiados nos volvemos, dando la espalda a la cordiualidad y la afabilidad.

Es el demoledor efecto de la codicia. La decadencia cultural no es tampoco ajena.

Posiblemente, el referente político-social tiene que ver mucho con esto, pues sus ejemplarizaciones de derroche y desperdicio material y relacional son además de ingentes, visualmente manifiestas y ostentosas.

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