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jueves, 27 de noviembre de 2014

Cooperación

En los albores del s.XXI, los habitantes de Opulencia, ciudad estado gobernada por #Plutócrata, profesaban el Indiferentismo; cuyo credo se basaba en la competición individual. Su único mandamiento: Hacer que yo esté cada vez más satisfecho con tal que el otro no esté menos insatisfecho.
Los logros económicos de aquella comunidad habían mejorado hasta tal punto la calidad de vida que la población envejecía y, las empresas, ante tanta gente longeva, sana, y dispuesto a tenerlo todo, desarrollaron fácilmente sus negocios, vendiendo a costa de los salarios futuros de tantísimos compradores compulsivos.
Unos y otros entraban en confrontación tempo y ritmo precipitados por poseer más, incluso hipotecando los ingresos que aún no estaban ni regulados por contrato. ¡Deprisa, siempre deprisa! Esa era la única consigna.
Y los compradores, inconscientes, como si lo que ofrecían fuese lo último, prometían como forma de pago hasta sus prestaciones de jubilación, en un dislocado desenfreno consumista, signo y señal del status en el que, lo que tengo, superaba a lo que soy.
#Plutócrata a través de redes de información bien tejidas, controlaba los comportamientos, los hábitos; lo controlaba todo en aras a una mayor rentabilidad, motor del mundo ilusorio que había creado, en el que todos ganaban en competitividad material sobre una solera de pobreza espiritual.
Aquello duró lo que los sueños, hasta que una mañana, en la que Opulencia amaneció cubierta por una espesa niebla que impidió ver el sol durante meses.
A la oscuridad le siguieron las plagas del desequilibrio social y la injusticia, y con ellas las enfermedades mentales por la frustración de quienes creían tenerlo todo y perdían lo poseído y acaparado.
Resultaba trágico ver tantas, y tantas, capas de la sociedad de Opulencia empobreciéndose, y a los "hice sin pensar", y a los "no quise comportarme así", verlos transformarse en intransigentes en busca de cabezas culpables.
¡Siempre la misma historia! La culpa no es de nadie y castigar en lugar de construir.
¿Por qué habiendo personas de buena fe se dejaron arrastrar por la adoración de la competitividad, cuyo fruto es la confrontación, hasta para buscar a quién echarle la culpa?
Es cierto, que ningún viento es favorable para quin no sabe adónde se dirige. Pero, para nosotros, deben de existir otras formas de buscar soluciones sólidas para este mundo globalizado y diná mico que no sea una vuelta atrás.
El ser humano ha llegado hasta donde ha llegado, por encima de la competición natural, por la cooperación. 
Una de los símbolos que mejor nos representa es la de compararnos con un sólo cuerpo y cada una de sus partes.
Cooperemos. Esa es la vía.

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