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martes, 4 de noviembre de 2014

Aportaciones a las Hermanas de la Cruz y las Hijas de la Caridad

Ayer se realizó la entrega de las cantidades que se tenían consignadas por la Asociación Compromiso Marana-thá a las Hermanas de la Cruz en Cádiz, y al comedor social El Salvador, de las Hijas de la Caridad, en Jerez de la Frontera.
La Asociación estuvo representada, en Cádiz, por Fray José María Estevez (OFM) y Ramiro Navarro y en, Jerez, por Javier Rubio y Pedro García.
Ayer, nos tocó a nosotros, pero cualquier día es bueno para contar con tu ayuda.
Consecuencias de la crisis, la recesión y el desempleo, están colapsados, cada vez con más personas que no pueden mantenerse por sus propios medios. La demanda de ayuda social aumenta a un ritmo frenético que no va aparejado con el apoyo económico que aporta la Administración, que ha recortado sus ayudas; por lo que, los escasos medios con los que cuentas, no suficientes para poder llegar a todos. 
En el día a día, lo normal es encontrarse con largas colas por la necesidad de tener que llegar a los comedores sociales con mucho tiempo de antelación, para poder encontrar una comida, ya que en ocasiones no hay suficiente para todos.

NO LO CONSIENTAS
¡AYÚDALES!

HERMANAS DE LA CRUZ (Cádiz)
Treinta años pueden dar para mucho con muy poco. Si no que se lo digan a las Hermanas de la Cruz. Las monjas que llevan 30 años ayudando a los más necesitados de la ciudad. Hermanas que acompañan a la amargura y el silencio de tantos sin nada. Toda una labor social de unas mujeres que viven de la pobreza, compartiendo las limosnas, comidas y enseres que reciben con los pobres y con los no tan pobres, con toda persona que se ha quedado sin empleo. Más la labor que hacen con los enfermos de ir a sus casas para asearlos y estar con ellos.

COMEDOR EL SALVADOR DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD (Jerez de la Frontera)
Hoy toca arroz, papas aliñás y San  Jacobos. De postre naranjas y una bolsa más con galletas y zumo para la merienda. Nunca hasta ahora habían dado de comer a diario a entre 600 y 700 personas. Once hermanas de las Hijas de la Caridad de este comedor, y 30 voluntarios repartidos en distintos días a lo largo de la semana, en unas dependencias en las que el trasiego empieza desde primera hora con los preparativos del guiso del día. Fuera las colas para recoger el menú del día empiezan incluso a las 10 de la mañana, aunque no es hasta las 11.30 cuando empiezan a repartirlo a las 140 personas que vienen a llevárselo.
En la Casa de las Hermanas de la Cruz en Cádiz, y en el comedor social de El Salvador, de las Hijas de la Caridad, de Jerez de la Frontera no dan abasto, están desbordados.
Del Evangelio según san Lucas 14, 15-24
Habiendo oído esto, uno de los comensales le dijo: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!» Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: "Venid, que ya está todo preparado." Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses." Y otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses." Otro dijo: "Me he casado, y por eso no puedo ir." «Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: "Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos." Dijo el siervo: "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio." Dijo el señor al siervo: "Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa." Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena».


Meditación del Papa Francisco
Es la Iglesia de los invitados, estamos invitados a participar en una comunidad con todos. Pero en la parábola narrada por Jesús leemos que los invitados, uno tras otro, empiezan a encontrar excusas para no ir a la fiesta.
¡No aceptan la invitación! Dicen que sí, pero no lo hacen. Ellos son los cristianos que se conforman sólo con estar en la lista de los invitados: cristianos enumerados. Pero esto no es suficiente, porque si no se entra en la fiesta no se es cristiano. ¡Tú estarás en la lista, pero esto no sirve para tu salvación! Entrar en la Iglesia es una gracia; entrar en la Iglesia es una invitación. Y este derecho, no se puede comprar. Entrar en la Iglesia es hacer comunidad, comunidad de la Iglesia; entrar en la Iglesia es participar de todo aquello que tenemos, de las virtudes, de las cualidades que el Señor nos ha dado, en el servicio del uno para el otro. Además entrar en la Iglesia significa estar disponible para aquello que el Señor Jesús nos pide. En definitiva entrar en la Iglesia es entrar en este Pueblo de Dios, que camina hacia la eternidad. Ninguno es protagonista en la Iglesia: pero tenemos Uno que ha hecho todo. ¡Dios es el protagonista! Todos nosotros vamos detrás de Él y quien no va detrás de Él, es uno que se excusa y no va a la fiesta. (Cf. S.S. Francisco, 5 de noviembre de 2013, homilía en Santa Marta).

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