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martes, 28 de octubre de 2014

Yendo al grano


Si algo estamos aprendiendo, a fuerza de golpes, de la gestión en la crisis del ébola, es que nada no es ajeno; por lo que no se puede centrar los esfuerzos en las fronteras, intentando aislar a los infectados en su mundo, porque su mundo es el nuestro y siempre algo va a escapar al control. Si lo que se quiere es prevenir más contagios, habrá que ir al foco original y actuar allí, en lugar de esperar a que las cosas se vayan de las manos.

Con la pobreza y los movimientos migratorios pasa lo mismo.

Si hubiera un interés serio por solucionar estos problema, tendríamos que actuar directamente en la raíz; fortaleciendo las economías de los países de origen, en lugar de invertir dinero en vallas. 

Mientras ese, antes lejano, Tercer Mundo sea expoliado, mientras se le siga quitando sus recursos, explotando a sus personas, y llevando, a cambio, nuestros excedentes alimenticios, no cambiará nada.

La decisión para fomentar una convivencia de intercambio y crecimiento enriquecedora para todos debe ser política y económica . No puede ser sustituida por el esfuerzo social. Pero éste, el esfuerzo social, sí puede exigir que se tomen las decisiones más adecuadas.

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