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sábado, 27 de septiembre de 2014

Sacrum Commercium

SACRUM COMMERCIUM



Alianza de San Francisco con dama Pobreza
Introducción: Lázaro Iriarte, o.f.m.cap.
Traducción: Salvador Biain, o.f.m.
Texto tomado de:
San Francisco de Asís.
Escritos. Biografías. Documentos de la época.



Introducción
por Lázaro Iriarte, o.f.m.cap.
No se trata de una fuente biográfica. Es un poema alegórico, o, mejor, una representación escénica, especie de «auto sacramental», que, por su significado espiritual y por su fuerza idealizante en torno al tema de la pobreza, no puede faltar en este volumen. Basta por sí solo para dar idea de aquella nueva primavera cristiana despertada por San Francisco, que fue, a un mismo tiempo, aventura evangélica, experiencia mística, sublime poesía, gozo de vivir y tensión hacia una meta siempre cautivadora y siempre imposible.
El título
En el original latino suena así: Sacrum commercium beati Francisci cum domina Paupertate. Desde el siglo XIV ha venido traduciéndose al italiano como Mistiche nozze = Bodas místicas. Es sabido, en efecto, en qué grado fue explotado el tema del desposorio de Francisco con dama Pobreza en la literatura y en el arte a partir del canto XI del Paraíso, de Dante, y de la alegoría representada en la bóveda de la basílica inferior de Asís.
Pero ni en los escritos personales del Santo, ni en la Vida primera de Celano, ni en las fuentes biográficas relacionadas con el florilegio de los «tres compañeros» hay texto alguno que dé pie a esa concepción. Francisco hablaba, sí, de la «altísima pobreza» como de su «señora», su «dama», en lenguaje caballeresco, pero nunca la consideró como su «esposa». Fue la Vida segunda de Celano, y, tras ella, la Leyenda mayor, de San Buenaventura, la primera biografía que atribuyó al Santo una actitud de fidelidad a la pobreza como a una «esposa» (2 Cel 55.72.82; LM 7,1).
En el Sacrum commercium, Francisco aparece como enamorado de dama Pobreza, la saluda como a reina de las virtudes, pero no como a esposa. Es Cristo quien la ha «ceñido con la diadema de esposa» (cf. nn. 18. 23 y 64).
El vocablo commercium, tanto en el latín clásico como en el medieval, significa intercambio de mercancías y de cualquier clase de bienes, aun interiores; significa también comunicación, trato. En esta acepción lo emplea Celano cuando dice del grupo inicial de Rivo Torto: Coeperunt cum sancta paupertate habere commercium = «Comenzaron a familiarizarse con la santa pobreza» (1 Cel 35). Significa también, en el mismo sentido figurado, relación afectiva y aun sexual. Finalmente, es muy corriente la acepción de alianza, pacto. Es el sentido que tienen las palabras que Celano pone en labios de Francisco: Commercium est inter mundum et fratres... = «Hay como un pacto entre el mundo y los hermanos menores; ellos deben dar buen ejemplo al mundo, y el mundo debe proveerles de lo necesario» (2 Cel 70).
No parece ser otra la traducción que corresponde al título de nuestro poema. Todo el contenido va enderezado a consolidar esa alianza de Francisco y de los suyos con dama Pobreza, como lo explica el Santo en su discurso animando a los compañeros a escalar la montaña en cuya cima les espera ella (n. 13).
Autor y fecha de composición
Siete de los catorce manuscritos que contienen el texto llevan la indicación de que el poema fue terminado en julio de 1227. De ser así, el valor sube de punto al tener que colocarlo entre los escritos personales de San Francisco y las biografías. Los críticos, sin embargo, no dan importancia a ese dato, ya que todos los manuscritos provienen de otros dos del siglo XIII, hoy perdidos. Además, el texto dice constantemente beatus Franciscus, apelativo que difícilmente se comprende antes de la canonización.
Se sabe con certeza que el opúsculo era conocido a principios del siglo XIV. Ubertino de Casale lo cita en su Arbor vitae, compuesto en 1305, y parece asignarle una gran antigüedad; atribuye la paternidad a un «santo doctor» indeterminado. Algunos de los manuscritos que llevan la fecha de 1227 pertenecen al siglo XIII.
El texto no ofrece asidero para vislumbrar, por criterios internos, la época de composición. Constituye un islote entre la proliferación de las fuentes franciscanas: no se ha inspirado en ninguna de ellas; no da un solo nombre, una localidad, una alusión a un hecho real. Solamente late, como en las fuentes del sector de los celantes, la protesta amarga contra el alejamiento oficial de la Orden respecto al ideal de la pobreza; pero aun esto dentro del hilo alegórico del conjunto. Diríase que el autor vive solitariamente sus añoranzas, y se desquita dando rienda suelta a la fantasía y al sentimiento. Ironiza finamente, sin polemizar, cuando hace describir a dama Pobreza las vicisitudes por que ha pasado desde los orígenes de la Iglesia, las causas de la decadencia de la Orden, sin mencionarla; y cuando presenta el cuadro encantador de la vida sencilla, sin oratorio, sin claustro, sin sala capitular, sin refectorio, sin cocina, sin platos, ni cuchillos, ni toallas. Hay una expresión nada ambigua cuando dama Pobreza previene a Francisco y a sus hermanos contra el descenso en el fervor: «Entonces alegaréis vanas excusas: No podemos vivir con la valentía de los comienzos. ¡Han cambiado los tiempos!» (n. 55).
Por todo ello, es probable que el opúsculo fuera compuesto en los años de la marcha hacia la vida claustral en el interior de las ciudades, marcha iniciada bajo el gobierno del general Haymón de Faversham (1240-44).
La Crónica de los 24 Generales atribuye la paternidad del Sacrum commercium a Juan de Parma, ministro general de 1247 a 1257, retirado luego al eremitorio de Greccio hasta su muerte, ocurrida en 1289. Por su cultura teológica, su fuerte idealismo y su fervor en la fidelidad a la pobreza, pudo ser el autor. El opúsculo es obra de una mente muy cultivada, hecha a moverse con holgura en los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. La única objeción atendible puede ser la ausencia de expresiones de sabor profético o apocalíptico; es sabido, en efecto, que Juan de Parma fue depuesto y procesado, por orden del papa, como sospechoso de joaquinismo, y los «espirituales» le recordaban como a un venerado maestro.
En conclusión, parece poder situarse la fecha de composición hacia la mitad del siglo XIII, cuando la problemática de la pobreza no había alcanzado aún el carácter de enfrentamiento entre dos concepciones opuestas sobre la interpretación de la Regla.
Significado histórico
Obra de un teólogo-poeta, tiene el mérito de haber situado la mística franciscana de la pobreza en la perspectiva de la historia de la salvación. La pobreza, «reina y señora» por disposición divina, aparece como algo esencial en el misterio de Cristo y de la Iglesia, una disposición ineludible para entrar en el Reino, guía y maestra en la ascensión hacia Dios, piedra de toque de la verdadera perfección.
Todo ello viene expresado en la sucesión de unos cuadros escénicos al estilo de los «misterios» o representaciones sagradas, que los franciscanos habían de difundir con éxito entre el pueblo. Francisco va en busca de la pobreza como un enamorado; nadie le da razón de ella. Por fin, dos ancianos pobres le encaminan hacia la montaña. Francisco emprende la subida con algunos compañeros; en la cima les espera dama Pobreza. Se inicia el diálogo solemne: les pregunta quiénes son; ellos responden con un discurso de alabanza; y la Pobreza traza su propia historia desde Adán a Cristo; de Cristo y los apóstoles, a las órdenes monásticas, en estado de decadencia. En esa azarosa existencia, la Pobreza ve apartarse de su lado a su compañera, dama Persecución: la paz no es buen clima para la Pobreza. Y, en cambio, se ve a merced de su gran enemigo: la Avaricia, con sus satélites la Discreción, la Previsión y la Tibieza. El final del discurso se refiere directamente a la Orden de San Francisco. Finalmente, invitada por Francisco y sus hermanos, la Pobreza se encamina con ellos al lugar donde moran; sigue el delicioso diálogo del convite que ellos le preparan, todo muy del gusto de tal dama. Todo termina con una exhortación de la Pobreza a perseverar en la gracia recibida.

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