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domingo, 7 de septiembre de 2014

La mesa de los pobres

Escribió San Juan Crisóstomo:

"¿Deseas honrar el Cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentres desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonamos en su frío y su desnudez. Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó, también: Tuve hambre y no me distéis de comer... ¿De que serviría adornar la mesa de Cristo con rasos de oro, si el mism o Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que sobre, adornarás la mesa de Cristo".

Esta conversión no es posible si no nos ponemos en lugar de los últimos, de los pobres, de los ofendidos y humillados. Nos exige acercarnos a los marginados, y, además, orientar nuestros esfuerzos hacia la construcción de una sociedad más justa, más favorecedora de los débiles e indefensos.

Para este cambio... no es posible celebrar la presencia de Cristo entre nosotros sin quedar comprometidos con toda nuestra persona, abierta y entregada a los demás.

Hay que reconocerse pobres ante Dios

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