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jueves, 11 de septiembre de 2014

Habla a las mujeres



VII ESTACIÓN

JESÚS SE ENCUENTRA CON LAS MUJERES DE JERUSALÉN

Las mujeres palestinas lloran la destrucción de su pueblo, de sus tierras y de sus hogares. Sus hijos, a los que ellas criaron y educaron con ternura y afecto, de pronto yacen muertos delante de ellas. Sus maridos, de repente se encuentran en paradero desconocido, les han arrebatado sus tierras, sus cosechas estan devastadas, sus casas bombardeadas. Por eso lloran , lloran como aquellas mujeres de Jerusalén, acostumbradas a llorar por los criminales condenados a muerte, eran plañideras de profesión, su llanto era considerado una obra de misericordia. Pero Jesús les dice: no lloréis por mi; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Si queremos llorar por Jesús , tenemos que llorar por la humanidad sufriente a la que Jesús vino a sanar.

Si realmente nos entristece el sufrimiento y el dolor que él padeció, deberemos incluir en nuestra tristeza a todos los hombres, mujeres y niños que sufren en nuestro mundo de hoy. 

Si lloramos la muerte del Inocente de Nazareth, debemos ser capaces de verter nuestras lágrimas por los millones de inocentes que han sufrido a lo largo de la historia de la raza humana. 

Las lágrimas derramadas por las mujeres de estos países que están bajo el peso de la guerra y por millones de seres humanos que lloran a sus muertos en todo el mundo pueden enriquecer nuestro suelo con frutos de compasión, perdón, dulzura y acción sanante. También nosotros debemos llorar, y de ese modo , ser personas cada vez más humildes y más abiertas al dolor y sufrimiento de los hermanos.

A las mujeres que se han acercado, Tú, las has invitado a llorar más por el mundo, por un mundo donde hay tanto mal, tanta injusticia, opresión, insolidaridad. Un mundo donde hay riesgo cada vez mas riesgo y pobres cada vez más pobres. Un mundo donde los países poderosos lo utilizan todo, sin misericordia, para mantener su dominio. Un mundo donde el hambre no se acaba porqué los que podrían hacerlo acaban no queriendo. Un mundo que continua condenado a Jesús muerto.

Señor, enséñanos a mirar este mundo. Enséñanos a rezar por este mundo.

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