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jueves, 11 de septiembre de 2014

Enterrado



XIII ESTACIÓN
JESÚS ES ENTERRADO EN EL SEPULCRO

José de Arimatea depositó el cuerpo de Jesús «en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido enterrado todavía... Mientras tanto, las mujeres que habían venido con Jesús desde Galilea fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su cuerpo. Luego regresaron y prepararon aromas y mirra.  Y el sábado descansaron según la Ley ... » (Lc 23,53-56).

Había una profunda sensación de paz y sosiego en torno al sepulcro de Jesús.  El día séptimo, una vez completada la obra de la creación, Dios descansó.  El séptimo día de la semana de nuestra redención, una vez completado todo cuanto su Padre le había enviado a realizar, Jesús descansó en el sepulcro; y las mujeres, con el corazón transido de dolor, descansaron también.  De todos los días de la historia, el Sábado Santo - el día en que el cuerpo de Jesús permaneció en el silencio y la oscuridad del sepulcro, detrás de la gran piedra con que fue cerrada la entrada (Mc 15,46) - es el día de la soledad de Dios; el día en que la creación entera aguarda inmóvil y expectante; el día en que no se dicen palabras ni se hacen proclamaciones.   Este silencio divino es el más fructífero de todos los silencios que el mundo haya conocido.  A partir de él, la Palabra volverá a ser pronunciada y hará nuevas todas las cosas.
Tenemos mucho que aprender del silencioso y solitario modo de descansar de Dios. Aun en medio del estrépito de nuestras preocupaciones mundanas. también nosotros, podemos descansar en el silencio y la soledad de Dios y permitir que dé fruto en nosotros.  Se trata de un descanso que no tiene nada que ver con la inactividad, aunque ésta puede ser un indicio de aquél.  El descanso de Dios es un profundo sosiego del corazón que puede mantenerse aun cuando nos rodeen las fuerzas de la muerte.  Es el descanso que nos ofrece la esperanza de que nuestra existencia escondida, a menudo invisible, será fructífera aun cuando no podamos saber cómo ni cuándo.  Es el descanso de la fe, que nos permite seguir viviendo con un corazón alegre y tranquilo aun cuando las revoluciones y las guerras sigan desbaratando el ritmo de nuestra vida diaria.  Este descanso divino lo conocen cuantos viven en el Espíritu de Jesús, cuyas vidas no se caracterizan precisamente por la ociosidad, la pasividad o la resignación, sino que, por el contrario, se distinguen por la acción creativa en favor de la paz y la justicia.  Pero esa acción es fruto del descanso de Dios en sus corazones y está libre, por tanto, de la obsesión y la compulsividad y es rica en seguridad y confianza.


Delante del sepulcro de Jesús, la Iglesia vela, la humanidad vela.

Delante del sepulcro de Jesús, hay un gran silencio en la tierra.


Señor, ahora recordamos tus palabras: "Si el grano de trigo cuando cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da muchos frutos". Señor, en silencio, delante de tu sepulcro, velamos juntos por la fe y la esperanza. Porqué creemos que el grano de trigo colgado en la tierra dará fruto. Porque creemos que el amor - tu amor- será siempre más fuerte que el mal y la muerte. Porqué creemos que tu, resucitas de entre los muertos, vas delante de tu pueblo, este pueblo de hombres y mujeres salvados, llamado a ser testimonio de la gran noticia de tu salvación.

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