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jueves, 11 de septiembre de 2014

Encuentra a su madre


IV ESTACIÓN
JESÚS SE ENCUENTRA CON  MARÍA.

Nos encontramos delante de una mujer ucraniana que acaba de perder a su hijo en la guerra, está invadida por una infinita tristeza, pero no está en absoluto abatida. Me mira fijamente a los ojos, con una inmensa confianza en la victoria que está más allá de la muerte.

Uno de nosotros le pregunta, sintiéndonos corresponsables de una guerra tan absurda como todas las guerras; ¿Podrán ustedes perdonarnos por la violencia que ustedes y sus familias han padecido? Después de un largo silencio, respondió, “Sí, les perdonamos”, otro se volvió y le preguntó , “Pero, ¿podrán perdonarnos también los años de sufrimiento y angustia provocados por el bloqueo económico que nuestro país ha impuesto al suyo?, y la respuesta fue la misma, e incluso más decidida, “les perdonamos, y nos gustaría trabajar con ustedes por un mundo mejor, para que la muerte de nuestros hijos no sea inútil.

          Jesús se encontró con su madre mientras se dirigía al lugar donde iba a ser ejecutado.  Pero María no se desmayó, ni se puso a gritar de rabia o de desesperación. ni trató de impedir que los soldados siguieran torturándolo.  Se limitó a mirarle a los ojos, y supo que aquella era “su hora”. El dolor de su hijo y el de ella se hicieron uno para dar a paso a la profunda convicción de que había llegado la hora de que se cumpliera el plan salvífico de Dios. El dolor de María iba a hacer de ella no sólo la madre de Jesús, sino también la madre de todos sus hijos dolientes. Ella permaneció de pie junto a la cruz, y allí sigue, mirando a los ojos de quienes sienten la tentación de reaccionar a su doloir con la venganza, la represalia o la desesperación.  Su dolor convirtió  su corazón en un corazón que da cobijo a todos sus hijos, sean quienes sean, y les ofreceel consuelo y el alivio maternos.

Cuando contemplo a María y a todas las madres dolorosas, una pregunta se alza incontenible del fondo de mi ser: ¿Como podéis manteneros en pié, con todo ese dolor, y seguir perdonando?. María, al igual que muchas otras madres dolorosas del mundo son las que me guían por el camino cada vez más estrecho, del dolor y la esperanza.

Señor: María, la vuestra madre, ha salido al  encuentro. Entre el gentío, le has visto los ojos y te has sentido profundamente acompañado por ella. Haz que su mirada acompañe a todos los que se sienten cansados. Haz que su mirada nos acompañe también a nosotros.

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