-

-

sábado, 6 de septiembre de 2014

El rostro de la vejez




El rostro de la vejez, uno de los rostros ocultos de la pobreza hoy en día, es un drama social, humano y político. Una realidad cada vez más emergente de una sociedad que desplaza a sus padres y abuelos, abandonándolos al olvido, no sólo por sus familias; cuando la familia es el núcleo de dicha sociedad.
¿Son acaso una carga? ¿Es que son improductivos?

Muchos de ellos malviven en el abandono emocional, en esta sociedad que desprecia a los débiles, y llega a atentar contra sus vidas, bien lejos del humanismo que preconiza. Está claro que, cuando en los planes económicos, políticos o sociales la vida humana llega a contar como un bien físico más, equiparable a otros; cuando bajo la fórmula de un derecho a la vida reconocido se ocultan restricciones para quienes, por su deterioro físico o mental, no pueden defender su inclusión, cuando no se enfoca la educación de los más jóvenes hacia el robustecimiento de los valores, sino como el fomento de una falsa libertad, concebida como la realización de sus propios deseos, reducimos nuestra cultura a una civilización contraria a la vida, que ha de ser denunciada y combatida.
El extremo más negativo nos lo podemos encontrar en el PABELLÓN DE LA MUERTE , el Pabellón V del Hospital Lainz de Viena, en el que se utilizaron técnicas tan eufemísticas como el lavado de boca, que tanto recordaba el discurso nazi, para acabar con sus pacientes. Al final se demostró que fueron más de 400 en poco menos de 10 años.
Nos escandalizó. ¿Pero cuantos ancianos permanecen aparcados solitarios en residencias o apenas sobreviven con menos de la mitad contra los que muchos luchas por considerar que va contra la dignidad de las personas?
Es el resultado de una sociedad hedonista, en la que esa dignidad individual de las personas se encuentra amenazada por algunos de los rasgos más sombríos de un cierto modo de pensar y de vivir que se hace pasar por moderno y desarrollado.


Cuando el mundo lo organizamos a partir del individuo y del intercambio de bienes materiales, dejamos a la persona a merced del utilitarismo y del tecnicismo que valoran más el bienestar, el placer y la eficacia productiva que a las personas en sí mismas.
Hay que combatir como cristianos ese estilo de vida que identifica de modo creciente la vida mismas con la calidad de vida, como bienestar físico, entereza mental, y capacidad productiva, porque -según ella- la vida débil, enferma o sufriente no podría ser en modo alguno una vida con calidad.

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *