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domingo, 7 de septiembre de 2014

¿Dónde están los últimos?

¿Dónde? ¿Salimos a su encuentro y no los vemos? Quizás sea necesario abrir más los ojos para ver los rostros sufrientes y, en ocasiones, crispados, hambrientos, sedientos, desnudos, enfermos, inmigrantes, prisioneros. ¿No véis los rostros sufrientes de Cristo? ¿Quiénes reclaman entonces vuestra atención? ¿La infancia desprotegida, los ancianos abandonados emocionalmente, los drogadictos autolesionados, los discapacitados sin oportunidades? Abre entonces el corazón y reconoce al hermano pobre crucificado que vive.

Jesús vivió esta realidad del encuentro con los últimos y recorrió los caminos de la vida en clave de donación y entrega, de compasión y misericordia. Allí donde encontró sufrimiento, dolor y tristeza dio paz, amor y alegría.

No se guardó nada.

Jesús salió al encuentro de los últimos haciéndose el último.

Su ejemplo: Hay que ocupar el último puesto para servir a todos. Estamos llamados a caminar desde Cristo y, por lo mismo, desde los últimos.

Mucho nos queda por hacer.

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