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viernes, 19 de septiembre de 2014

Domingo XXV Tiempo ordinario


COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO XXV Tiempo ordinario

por catequesiscadizyceuta
COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO XXV Tiempo ordinario
El Convenio. (Mt 20,1-16)
Pedro y los discípulos están asistiendo boquiabiertos a la sabiduría de su Maestro, y poco a poco van comprendiendo lo que en sus mismas vidas está sucediendo desde que han encontrado a Jesús. Aunque no siempre entienden, o a veces lo entienden mal, lentamente va tomando cuerpo en ellos el significado de la pertenencia al Señor. El Evangelio de este domingo trata de aclarar más esta pertenencia, de precisar mejor lo que implica seguir a Jesús y formar parte de su nuevo Pueblo.
Poco antes, Mateo ha presentado un diálogo entre Jesús y un joven rico, que al final se marchó triste, dice el evangelista, porque tenía muchas riquezas. Ante aquello será Pedro quien coja la palabra para abundar en el tema: "nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué obtendremos como recompensa?". Acaso por la curiosidad provocada cuando lo del joven rico, o como una vieja pregunta que desde el comienzo tenía Pedro, quería conocer sus "honorarios" discipulares.
La parábola de Jesús era clara hasta la provocación. Desde el amanecer hasta el atardecer, incluyendo la media mañana, el medio día y la media tarde, el propietario de la parábola fue contratando en diversos turnos a varios jornaleros. Tan sólo con los de la primera hora había fijado el salario: un denario por jornada. Al resto les pagaría "lo debido". El momento del pago resultó un tanto emocionante cuando a los de la última hora les entregó precisamente un denario: exactamente igual que a los primeros.
Esta era la respuesta de Jesús a Pedro. Y este era el "convenio laboral" de aquel propietario que en el fondo representa a Dios. A unos y a otros da lo mismo, o mejor dicho, les da lo más que puede dar: a su propio Hijo. Y este "salario" lógicamente, no está en función de las horas trabajadas, sino en función de la generosidad del dueño de la viña: su amor desmedido. Trabajar en ésta es un don. Recibir el denario, es un don. Quien no entiende esta clave de generosidad divina, quien cree que puede recibir de Dios el pago por los servicios prestados en su Iglesia, no ha entendido nada.
En la pertenencia al Señor y en el trabajo por su Reino no existen trienios, ni primas, ni pluses. Sólo hay una cosa, la importante, y quien la entiende ha comprendido todo: que todo es don de Dios, y que Él es el mejor salario, el único salario. Los que no comprenden esto, vivirán comprando a Dios su salvación o vivirán resentidos porque Él no les paga en las monedas con que ellos habían fijado un precio así de torpe y de mezquino.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Domingo 25º Tiempo ordinario


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