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jueves, 11 de septiembre de 2014

Despojado


IX ESTACIÓN

JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Hay un anciano durmiendo en el banco del parque. No tiene más que una vieja manta con la que cubrir su envejecido cuerpo. Su vida, en otro tiempo llena de gratos sonidos y alegre colorido se ha visto reducida al siléncio. Todo y todos han desaparecido. Dicen que está loco, y se mofan de él. No hay nadie que la defienda, que hable en su nombre o proteja su dignidad. Dicen que él no se deja ayudar y que su mente es pura confusión. ¿Quién se ha acercado para regalarle dos minutos de su tiempo y preguntarle?

He aquí la verdadera desnudez. Toda dignidad humana ha desaparecido. Son incontables los hombres y mujeres ancianos que viven su desnuda existencia al margen del acelerado mundo de nuestro siglo. Los años no les han dejado más que una existencia desnuda totalmente a merced de los ocasionales favores que alguien quiera concederles.

Jesús fue desnudado, y los soldados escharon a suerte quién de ellos se quedaría con su túnica y le dejaron sin nada.Él, imagen de Dios invisible, fue despojado de todo poder y dignidad y expuesto al mundo en la más absoluda vulnerabilidad. Jesús soportó nuestro sufrimiento. Su cuerpo desnudo nos revela la inmensa degradación que los seres humanos padecen en todo el mundo. Pero Jesús también apunta en otra dirección: la vida es una constante llamada a desprenderse de los deseos, del éxito y de la autorrealización, a renunciar a la necesidad de controlarlo todo, a morir a la ilusión de la grandeza. La alegría y la paz que Jesús ofrece se esconden en el camino descendente de la cruz, donde anidan la esperanza, la victoria y la vida nueva que sólo se nos dan perdiendolo todo. “El que pierda su vida la ganará”.

Tú lo has dado todo, Señor. Te lo han quitado todo, te has quedado sin nada.

A veces nosotros también, Señor, nos sentimos un poco como Tú: muy pobres, muy solos, con muy pocos lugares donde cogernos.

Señor, en estos momentos de Tú desnudo, haznos sentir cerca de Ti. Haz que comprendamos que nuestra pobreza es hermana de la tuya. Haz que sintamos el gozo de poderte acompañar.

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