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jueves, 11 de septiembre de 2014

Bajado de la cruz


XII ESTACIÓN

Jesús es descendido de la cruz


Tres religiosas italianas que aliviaban el sufrimiento de sus semejantes y enseñaban con su vida que las personas pueden amarse verdaderamente unas a otras, fueron brutalmente asesinadas. Sus cadaveres fueron encontrados, cubierto de lodo y basura, poco después de que hubieran sido asesinadas. “¿ Hasta cuándo, Señor, hasta cuando reinará la injusticia?

Después de que Pilato se cerciorara de la muerte de Jesús, entregó el cadaver de este a José de Arimatera, un respetable miembro del Consejo. José compró una sábana, descolgó a Jesús de la cruz y lo envolvió en la sábana. María, la Madre de Jesús,  que se encontraba presente, recibió el cuerpo muerto del Hijo y lo sostuvo en sus brazos, invadida  por una inmensa sensación de soledad. Amar de verdad, significa estar dispuesto a abrazar el dolor. El amor a Jesús hizo que aquella cuatro religiosas llevaron en sus corazones el dolor de los pobres del mundo. La vida de un cristiano es una vida de amor a Jesús. No hay amor sin dolor, como no hay compromiso sin sufrimiento, ni consagración sin pérdida, ni entrega sin desgarro. Cuando intentamos eludir el dolor, nos incapacitamos  para amar. Cuando elegimos el amor, elegimos también las lágrimas. Cuando se hizo el silencio en torno a la cruz, una vez que todo estuvo consumado, el dolor de María s extendió hasta los confines de la tierra. Pero cualquiera que llegue a experimentar ese dolor en su corazón lo experimentará también como el manto protector del amor de dios y lo apreciará como el misterio escondido de la vida.

Señor, delante de tu cuerpo bajado de la cruz te pedimos que, cuando nos llegué a cada uno de nosotros la hora de la muerte, sepamos recibirla con  fe y  confianza.

Señor, cuando nos llegué la hora de la muerte, recíbenos en tu Reino.

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