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viernes, 19 de septiembre de 2014

4 son 4...

Escribió, en una ocasión, Bertolt Brecht: "Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general, y crece el silencio de los hombres".

Si la paz, es ese don tan anhelado, aunque tengamos que reconocer que no solo con deseos se logra y protege, y si, nosotros, por vocación hemos de servirla y trabajar por ella, ¿por qué, en oposición, venden nuestras cerrazones, nuestros miedos y cortedades?, ¿por qué las distancias entre poblaciones e individuos, ricos y pobres, norte y sur, aparecen cada día como una grave amenaza para ella?

A la vista de como actuamos parece que sólo valoramos la paz, como fruto de la ausencia de guerra, ¿por qué tenemos que llegar hasta ese extremo?,  ¿por qué no educar-NOS en la justicia, el amor y el reconocimiento a la dignidad humana?

¿Qué relaciones existen entre la paz y la guerra, el poder y el hambre, la riqueza y la miseria, la enfermedad...?

¿En qué medida contribuyo a extender la pobreza y minar la esperanza?

Sin respuestas piadosas y sentimentales, ¿trabajamos por merecernos esa paz construyéndola, salimos simplemente al paso, o nos  quedamos cruzados de manos?

Nada en este mundo queda ya lejano, y ninguno podemos desinteresarnos de las espantosas miserias que padecen en muchos lugares de la tierra a causa de la guerra. No es justo. Urge un serio compromiso por parte de todos para que la desproporción entre ricos y pobres que clama al cielo y que pone en peligro la paz mundial.

¿Tan difícil es ponerse al servicio del hombre integral, sin distinciones, en vez querer ser servido a través del lucro y el poder?

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