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viernes, 15 de agosto de 2014

Sueños estafados


Nuestra sociedad se encierra en sí misma tras las vallas de la indiferencia. No hay mayor declive que el de un mundo que se encoje sobre sí, y no se abre a la vida. Lo hace, dejando al otro lado de los alambres de espinos, un sur desigual; acuchillando la esperanza de los que buscaban un sueño.


Sueños estafados...

“Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y Jesús permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era   fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló en seguida y les dijo: “Tranquilícense, soy yo; no teman”.  Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. (Marcos 6, 47-51) 

Nos llegan a diario, a centenares, a miles, de todos lados. Los consideramos problemas que ponen en peligro nuestra estabilidad. No sabemos qué debemos hacer, ni cómo hacerlo, en el mejor de los casos. Porque lo peor es la indiferencia con los que los miramos. Si Jesús no nos defrauda, si nos da su confianza, si nos pide abrirnos, los cristianos debemos unirnos ante este sufrimiento para buscar y aportar soluciones, porque a nosotros no deben interesarnos las fronteras, sino las personas.

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