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lunes, 25 de agosto de 2014

Si me falta el amor nada soy


Si algo hemos aprendido con los años es que... "si me falta el amor, nada me aprovecha".


Bien podemos recordar aquí la conocida frase de San Pablo en el himno a la caridad. Si nos falta el amor, nos sobra burocracia. Podríamos tener una perfecta organización, abundancia de medios económicos y expertos en problemas sociales, pero si no tenemos caridad, nuestras instituciones serán frías, sin alma, y a nuestra acción caritativa y social le faltará impulso, entusiasmo, entrega, constancia, paciencia, ternura y generosidad, tan necesarias siempre en este campo de la atención a la indigencia, la miseria y la marginación.
"Si me falta el amor nada soy"

Es evidente que la ayuda efectiva al necesitado es absolutamente indispensable como fruto de la caridad cristiana. Pero caeríamos en un materialismo y pragmatismo inhumanos si olvidáramos la actitud afectiva en una acción caritativa y social que pretenda llamarse realmente cristiana.
Quisiéramos dejar espacio para la reflexión personal, para que cada cual revise ahora de la relación existente entre nuestra vida espiritual y el compromiso de la acción caritativa y social...

¿Son dos campos separados e independientes?

¿Son opuestos e incompatibles?

¿O se vinculan entre sí, como los vasos comunicantes, que suben o bajan de nivel conjuntamente?



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