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viernes, 29 de agosto de 2014

Ite Missa Est

Tenemos que volver al cenáculo que nuestra Iglesia lleva en su corazón. Volver a la mesa en la que el Señor parte el pan, en la que visualizamos la misión y recibimos el aliento del Espíritu, y lugar de encuentro con el Señor en fraternidad.

En la Novo Millennio Ineunte, Juan Pablo II, dirigiéndose a María, le decía: "Tú, que junto a los apóstoles has estado en oración en el cenáculo esperando la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, invoca su serena efusión sobre todos los fieles laicos, mujeres y hombres, para que correspondan plenamente a su vocación, como sarmientos de la verdadera vid, llamados a dar mucho fruto para la vida del mundo". 

Seamos coherentes. No podemos decir que queremos una Iglesia misionera y evangelizadora, y dejar de participar en ese encuentro. No podemos esperar arreglar la casa de los demás, "saca la viga de tu ojo", si no arreglamos antes la nuestra. No podemos decirnos cristianos si, además, no le prestamos la importancia y dedicación a los más desfavorecidos de la sociedad. 

¿Qué podemos hacer? ¿Qué puedo hacer yo?, es la pregunta que a diario muchos nos hacemos. Empecemos por recuperar ese cenáculo,   No podemos anunciar sin una misión. Recuperemos, pues, el cenáculo, y salgamos de él con la misión de trabajar juntos, de manera sencilla, sacrificada y perseverante. Haciéndolo así, no será necesario soñar con grandes actuaciones, y estaremos promoviendo un laicado adulto y comprometido.

Ite Missa Est.

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