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lunes, 25 de agosto de 2014

Con todos los sentidos

Escuchemos las voces que piden auxilio, sean gritos altos de dolor, o silencios de resignación, que nos llaman, tanto del Tercer Mundo, como del cercano Cuarto Mundo.

¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cómo viven o malviven? ¿Cuáles son las causas de su situación? ¿Qué solución darles? ¿Sabemos escucharles? ¿Los escuchamos?

Son muchos los graves interrogantes que nos rodean.


Abramos los ojos sobre el escenario de la pobreza, contemplaremos su realidad desoladora, sus condiciones de alimentación, la infravivienda, la educación, la higiene, la sanidad, etc.

No se tratan de exageraciones retóricas, ni de falsas alarmas, sino de una terrible realidad que oprime de forma insoportable a hermanos nuestros.


Debemos, pues, ser cristianos con todos los sentidos, escuchándolos y viéndolos, pero pertenecientes a la Iglesia por el Bautismo, desde ella estamos llamados a acercarnos y tocarlos, besarlos, y abrir nuestras narices (1 Cor 12,12) para recibir el soplo de Dios y dar una respuesta comunitaria a la cultura del individualismo y la insolidaridad, trabajando por la Justicia, siguiendo las huellas del que anduvo sobre el mar.


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