-

-

sábado, 23 de agosto de 2014

Compromiso activo


Todos aspiramos a un sueño: El de la Iglesia samaritana. Pero difícilmente podremos aspirar a la misma, si no lo somos cada uno de los cristianos.Este espíritu samaritano y solidario necesita realizarse en la práctica desde  unas claves para asegurar su significancia y efectividad y conlleva unas propuestas de acción:

* Vivir la dimensión política de la caridad (como veremos más adelante).

* Superar el mero asistencialismo, buscando más bien la promoción de los pobres.

* Realizar el discernimiento comunitario y profético (CLIM 60).

* Recibir una formación a la luz de la doctrina social de la Iglesia que integre sus principios fundamentales, sus criterios de juicio y sus directrices de actuación. 

Hoy  en día, el clamor de los que sufren suena más alto que nunca.

Pobres que carecen de lo necesario para desarrollarse como persona en el medio en que a cada uno le toca vivir, así como el no poder ejercer los derechos esenciales. Por tanto, no podemos hablar de pobreza en general y ceñirnos a lo estrictamente económico, sino de distintas pobrezas, puesto que se trata de un fenómeno cambiante y complejo. 

Pobreza económica, donde se pueden distinguir distintos niveles: el umbral de la pobreza, en el que vive un tercio de la población española y cuyos ingresos totales por persona están por debajo de la mitad de los ingresos medios por persona en nuestro país. Y en ese umbral la pobreza relativa o moderada y la pobreza extrema, situación en la que se encuentra en nuestro país medio millón de personas.

Pobreza de exclusión social: indigencia, miseria y marginación. Entre los indigentes se puede incluir a los llamados en otra época pobres vergonzantes y, en la actualidad, con los reajustes sociolaborales, también estarían incluidos los nuevos pobres: parados indefinidos, algunos jubilados y los que perciben pensiones por motivos diversos (enfermedad, carencia de ingresos...).

Pobreza psicológica: deficiencias, minusvalías, trastornos psíquicos; cultural: 30.000 analfabetos reales que hay sólo en Castilla y León, niños no escolarizados, fracaso escolar...; fisiológica: enfermos crónicos, terminales, disminuidos psíquicos, alcohólicos, toxicómanos; sociológica: soledad, aislamiento, especialmente en el medio rural.

La pobreza de la enfermedad. En línea evangélica, nuestras parroquias seguirán considerando la atención a los enfermos como un signo mesiánico absolutamente irrenunciable. Descubrirán la enfermedad como una de las mayores pobrezas. Encarnarán en nuestra sociedad el servicio sanadorde Cristo: -defendiendo la vida y la dignidad de toda persona humana, -luchando contra la enfermedad, sus causas y consecuencias, -comprometiéndose en todo aquello que ayude al hombre a vivir de manera sana, eliminando de su seno todo lo que sea patógeno; e impulsando una cultura que asuma la limitación del hombre y la realidad del dolor, la enfermedad y la muerte.

Pobrezas por crisis de valores, de insolidaridad, y de indiferencia.

No es que no percibamos estas y otras muchas manifestaciones de la pobreza; lo que nos cuesta es mirar a los ojos a los pobres. Ese es el gran obstáculo.

Como cristianos, más que un sueño, tenemos un compromiso que no es una opción que se puede asumir si se quiere y rechazar si no se quiere. Es una exigencia como bautizados, por el que Jesús nos envía a transformar nuestro mundo a semejanza de su Reino: "La Iglesia se juega su presente y su futuro en el servicio a los pobres. Sólo una Iglesia que se acerca a los pobres y los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje evangélico" (IP 10). La Iglesia tiene que ser samaritana y salir al encuentro de los pobres. Nosotros debemos ser samaritanos. Estamos comprometidos a mirarles a los ojos, a llamarlos por su nombre, a conocerlos y quererlos, a salir a su encuentro, en lugar de esperar a que sean ellos quienes acudan en busca de apoyo, y a andar a su lado.

Compromiso activo estamos diciendo que hay que estar: con espíritu de lucha, de superación y de transformación de la realidad, con conciencia de estar promoviendo la justicia y viviendo la fe como encuentro personal con Jesucristo en su Iglesia y expresándola en el testimonio y en el compromiso por la liberación, sobre todo, de los más desprotegidos. Pero además, hoy más que nunca, se requiere capacidad y educación para trabajar en equipo, una "fe de resistencia" contra el desaliento y una gran dosis de compasión y ternura ante tanto sufrimiento.

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *