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viernes, 15 de agosto de 2014

¡Atrévete!

Se considera un virus que hace saltar todas las alarmas, una epidemia ante la que tenemos que cerrar nuestras fronteras, porque viendo cómo actuamos, y opinamos, parece que el mundo civilizado descuenta el hecho de estar combatiendo lo que ya considera casi una pandemia. Por lo menos, teniendo en cuenta que, tanto los fondos como los medios que se emplean, son para aislarnos y contenerlo.

No, no se habla aquí del ébola, sino de la inmigración. Un problema que, hoy por hoy, más que desde las dimensión humana, la estamos considerando desde la dimensión política. Y, mientras así lo sea, difícilmente tendrá solución. Y se dice difícilmente, porque al igual que no hay candado sin llave, no hay problema sin solución. Un problema que, sin ponernos colorados, llamamos ilegal, otorgándole con ello la condición de culpable a la persona desesperada que se juega la vida en una balsa, en el motor de un coche, en los bajos de un camión, cruzando un desierto... ¿Por qué no los llamamos desplazados, refugiados...?

Desde nuestra altanería siempre hemos pensado que el sur no puede existir sin el norte. Es lo primero que deberíamos intentar cambiar. Mirarlos de tú a tú, con el valor de saber que, el norte, tampoco puede vivir sin el sur. Pasar de la acción reactiva, del socorro y la compasión, a la proactiva, de escuchar y conocer por qué los subsaharianos se fijan en nosotros como su norte.

¿Han perdido, el norte, o lo que han perdido es la esperanza, queriendo dejar la miseria en busca de la vida, aunque perder una les lleve a perder la otra? Sólo actúa así el que nada espera.

Los cristianos, si respondemos con sinceridad a la pregunta, no podemos negarle el pan nuestro de cada día a quienes viven con ese padecimiento. Tenemos claro que no quieren vivir así. ¡Huyen! Luego debemos unirnos, y hacernos fuerte, sabiendo que nos atacará el egoismo y los insolidaridad. Ante esto sólo queda ser valientes y justos, al menos para excitar las conciencias para que se busque una solución compartida. Un plan básico de desarrollo que no se pueda hacer sin ellos. Debe ser con ellos, de ellos y para ellos.

No se nos debe olvidar que en la actualidad, además de Gaza e Iraq, África es un continente en guerra, asolado por el hambre, y por otras enfermedades como el SIDA, que provocan muchísimas más muertes que la del virus del ébola; como también las provoca la inmigración y atestigua la fosa común del Estrecho y las costas gaditanas.

No,ésta no es una invasión, No son hordas que aprovechan nuestro declive. Son personas que huyen de la miseria, arriesgando su vida, sin preocuparse de perder gran parte, por no decir toda, de su dignidad.

A buen seguro, fray Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger, podría explicaros por qué lo hacen, por qué se arriesgan, y cómo se sienten cuando llegan a nuestro territorio. Él ejerce su compromiso activo entre el impulso de esos pobres y desheredados y la cerrazón de una sociedad satisfecha e indiferente como la nuestra.

Nuestra manera de ver las cosas nos dice que se arriesgan a perder todo porque nada esperan, aunque la duda razonable a su favor nos debe llevar a pensar en realidad que son capaces de darlo todo, sin apenas nada, porque su mayor arma es la esperanza, y en base a ella dejan atrás la miseria que les mata por alcanzar una pobreza que les da la vida.

¿Cuántos foros creamos sin pies ni cabeza? Alentemos uno en el que trabajemos por proponer acciones muy diversas destinadas a resolver los problemas en origen y en destino, y cuyas conclusiones pueda romper la dialéctica política e  irracional que se mantiene sobre un drama que, ante todo, es humano.

No pongamos más excusas. Como cristianos abramos puertas donde otros cierran fronteras. Estamos llamados a hacer que se llamen las cosas por su nombre, y si es necesario a sacarle los colores a quienes prefieren mirar para otra parte.

¡Atrévete!

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