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viernes, 15 de agosto de 2014

Alegrías, duelos, esperanzas

Benjamín es inmigrante, es músico, tiene su grupo musical: todos inmigrantes, todos sin papeles salvo uno que es marroquí.
Hace unos días dieron un concierto en una sala de Tánger, felices ellos de ser artistas y ganar unos dirham para sobrevivir; felices nosotros de verlos salir adelante en un mundo impúdicamente hostil con esta humanidad desechada por los intereses económico-financieros del mundo rico.
Hoy, me dicen que uno de los miembros del grupo y un hermano suyo han muerto en las aguas del Estrecho.
Anteayer, en este muro, escribí: «Han pasado. Están vivos». La alegría había llenado esta casa, alegría de familia al saber que los hijos están vivos después de haber superado un gravísimo peligro.
Era un milagro que pasasen tantos sin que ninguno muriese. Es siempre un milagro que sólo hayan muerto dos. Pero duelen como si no hubiese milagro ninguno.
Lo único grande, humano, digno de ocupar las páginas de los medios de comunicación en estos días de travesía del Estrecho, hubiera sido el drama de estas personas que, empujadas por la necesidad, se enfrentan a la muerte para sobrevivir. ¿Y qué es lo que preocupa, entretiene y reclama respuestas al cielo y al abismo, a España, a Marruecos, a Europa? No son los emigrantes sino las fronteras: la seguridad de las fronteras, la inviolabilidad de las fronteras, la amenaza que suponen los pobres para los privilegiados que se esconden detrás de las fronteras. Los emigrantes no existen: sólo existe el miedo que producen; y vamos pidiendo a gritos mascarillas, guantes, gafas, monos, controles, protocolos…
En la portada de un medio digital, he visto hoy una fotografía en la que el mundo resulta humano: un guardia civil juega a la pelota con unos niños negros. Pero hay algo en esa foto que te devuelve a la realidad: el guardia civil lleva una mascarilla. Y piensas: seguro que ya le obliga a ello algún protocolo… Y, protocolo a protocolo, norma a norma, a los guardias y a nosotros nos van robando los espacios de la libertad.
No quiero hablar de 13 TV. Espero que hablen y decidan mis hermanos en España. A nadie habrá de quedar duda de que, para la Iglesia, lo importante no son las fronteras sino los emigrantes, para gozar con ellos si viven, para llorar por ellos si mueren, para caminar con ellos en la esperanza.
Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger


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