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domingo, 31 de agosto de 2014

IV ENCUENTRO DE BLOGUEROS CON EL PAPA



Pueden consultar esta información e inscribirse en la página del Encuentro

Compartiendo

"...tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama". Quien hablaba así era Santa Teresa, en su Libro de la Vida, refiriéndose a la oración. Esa llamada desde el interior, invitación constante y paciente, a establecer una relación personal e íntima con Dios, en la verdad, en la pobreza, y la sencillez del que carece de defensas y se entrega a ese encuentro amoroso entre el hombre que espera a "Aquel que está más presente a ti que tú mismo" (San Agustín).

Retomando a Santa Teresa, decía que para ella era "un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría".

Pero, por muy íntima que sea esa relación, no debemos olvidar su dimensión comunitaria. Ante Dios nos presentamos solidariamente con mis hermanos: "Vosotros rezad así: Padre Nuestro..." (Mt 6,7-15).

A lo largo de todo este blog tratamos a Jesús como nuestro modelo de entrega y servicio a los demás, explícita o implícitamente. Sin embargo, no se nos debe olvidar que Él, ora con frecuencia al Padre, madruga, se retira, nos enseña a orar y muere orando. Si llegados al punto de querer entregar parte de nuestro tiempo a nuestros hermanos, sabiendo que el que empleemos no puede ser sustituido por nada, tenemos que tener la convicción de estar dispuesto a darlo igualmente para la oración. 

Así, si siempre os estamos animando a interrogar y escuchar la Palabra de Dios, celebrando su Amor e implantando por doquier su caridad, en profundidad y coherencia evangélica, hoy proponemos que os unáis a compartir con nosotros unos minutos para algo tan profundo y tan elemental al mismo tiempo como lo es la oración, tomando como fondo el tweet visto hoy, para que os acerquéis a conocerlo, asimilarlo y vivirlo, como en él se dice, sonriente y alegre, sabiéndose útil y servicial.

Quienes piensan y trabajan por un mundo más justo y más fraternal, sólo pueden, siguiendo su modelo, ser gentes sonrientes y alegres.







sábado, 30 de agosto de 2014

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



A la Iglesia, que tiene sed de Dios: 

Paz y Bien.

El creyente sabe que Dios no es para él una idea, pues lo ha sentido como fuego que abrasa, como caudal inagotable y limpio de agua que refrigera. El creyente no piensa en Dios para poder decir de él algo novedoso o admirable, sino que se acerca a Dios para abrasarse en su fuego, busca a Dios para apagar en él la sed, y sólo dejará de agitarse cuando Dios sea para él el aire que respira, la luz que lo ilumina, la dicha que lo posee.

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío”. Éste ha sido hoy el estribillo de nuestra oración responsorial. Son palabras de fe para labios creyentes; y serán palabras verdaderas sólo para quien haya conocido al Señor, sólo para quien haya experimentado su fuerza y su gloria, su gracia y su amor.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío”. Las palabras de la oración expresan a un tiempo plenitud y vacío, cercanía y ausencia, conocimiento y búsqueda. El orante –Jeremías, el salmista, Jesús de Nazaret, nuestra asamblea eucarística, la Iglesia entera- madruga por Dios para buscarlo mientras Dios camina con él y lo sostiene; tú tienes sed de Dios, aunque todo tu ser está unido a él; tienes ansia de Dios, ¡y cantas con júbilo a la sombra de sus alas! Dios es caudal inagotable de agua, y en su presencia nosotros somos siempre “como tierra reseca, agostada, sin agua”.

Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío”. Las palabras de la oración han puesto a Dios en el centro de tu vida: “Tu amor me sacó de mí. A ti te necesito, sólo a ti. Ardiendo estoy día y noche, a ti te necesito, sólo a ti… Tu amor disipa otros amores, en el mar del amor los hunde. Tu presencia todo lo llena. A ti te necesito, sólo a ti, pues “tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero”. ¡Plenitud y vacío, cercanía y ausencia, conocimiento y búsqueda!

De ti, Señor, dice tu profeta: “Me sedujiste, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste”. Lo cautivaste, Señor, con el atractivo de tu palabra, lo cegaste con el resplandor de tu belleza, y así lo llevaste a tu luz y a su noche, a tu fuego y a su oprobio, a tu gloria y a su cruz.

Considera la noche del profeta: “Yo era el hazmerreír todo el día; todos se burlan de mí… La Palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día”. Considera la noche oscura de Jesús: “Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: Tú que destruyes el santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz! Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él, diciendo: A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere”. Ahora ya puedes, Iglesia de Dios, mirarte a ti misma en el espejo de Cristo, pues otra cosa no eres que el cuerpo del Hijo que todavía está subiendo a Jerusalén, a su noche, al sufrimiento, a la muerte, a la vida. Mírate a ti misma en el espejo de los pobres, que otra cosa no son que el cuerpo de Cristo, tu propio cuerpo, subiendo a la noche de sus angustias. Si estabas sedienta de Dios porque habías conocido su bondad y su hermosura, su gloria y su poder, ahora que has experimentado la noche, la de Cristo, la de los pobres, tu propia noche, eres delante de Dios como “tierra reseca, agostada, sin agua”. Tenías sed, y la noche hizo que la sed te devore, hasta hacer de ti pura sed de Dios.

Feliz domingo

Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger

Opciones y propuestas. ¡Participa!


De frente a la economía de la exclusión, el Papa Francisco pide "la inclusión social de los pobres" con el fin de hacer frente al desarrollo integral de las personas más frágiles y abandonados por la sociedad.

Un paso preliminar necesario, sobre el que venimos tratando desde hace tiempo, es el de superar la apatía y la indiferencia, salir de la mentalidad individualista, y asumir un pensamiento de vida más humano y evangélico.

Además, Francisco, nos exhorta a salir de la "mentalidad del descarte" que lleva al desprecio y al abandono de los más débiles, de cuantos sean considerados inútiles.

Él espera que toda la Iglesia esté dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual.

Él mismo da un claro testimonio con la "encíclica de los gestos" que ha iniciado desde el día de su elección.

¡Más signos y gestos concretos!

"¿Qué sentido tiene que las paredes de nuestros templos estén cubiertas de perlas, mientras Cristo muere de hambre en el pobre?" (San Jerónimo)

¿Qué estrategias o medios piensan poner para asegurar su cercanía a los pobres?

¿Qué opciones consideran necesarias para una alternativa económica más fraterna y solidaria?

PARTICIPA CON TUS COMENTARIOS
¿TÚ QUE PROPONES?


viernes, 29 de agosto de 2014

Ite Missa Est

Tenemos que volver al cenáculo que nuestra Iglesia lleva en su corazón. Volver a la mesa en la que el Señor parte el pan, en la que visualizamos la misión y recibimos el aliento del Espíritu, y lugar de encuentro con el Señor en fraternidad.

En la Novo Millennio Ineunte, Juan Pablo II, dirigiéndose a María, le decía: "Tú, que junto a los apóstoles has estado en oración en el cenáculo esperando la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, invoca su serena efusión sobre todos los fieles laicos, mujeres y hombres, para que correspondan plenamente a su vocación, como sarmientos de la verdadera vid, llamados a dar mucho fruto para la vida del mundo". 

Seamos coherentes. No podemos decir que queremos una Iglesia misionera y evangelizadora, y dejar de participar en ese encuentro. No podemos esperar arreglar la casa de los demás, "saca la viga de tu ojo", si no arreglamos antes la nuestra. No podemos decirnos cristianos si, además, no le prestamos la importancia y dedicación a los más desfavorecidos de la sociedad. 

¿Qué podemos hacer? ¿Qué puedo hacer yo?, es la pregunta que a diario muchos nos hacemos. Empecemos por recuperar ese cenáculo,   No podemos anunciar sin una misión. Recuperemos, pues, el cenáculo, y salgamos de él con la misión de trabajar juntos, de manera sencilla, sacrificada y perseverante. Haciéndolo así, no será necesario soñar con grandes actuaciones, y estaremos promoviendo un laicado adulto y comprometido.

Ite Missa Est.

Duc in altum

Miremos de nuevo nuestras ideas y fuerzas. Sí, necesitamos emplear los mejores medios para el triunfo de la justicia. ¿Será la escasa praxis social de las Iglesias locales la justificación de tantos creyentes no practicantes, que pretenden entenderse a solas, como dicen, con su Dios?
No sólo debemos actuar a título individual, entablando relaciones con nuestros semejantes que tienen de la vida social y económica una concepción distinta para tratar de fórmulas, sino que hemos de actuar en grupos organizados: enseñando y practicando, con la palabra y las obras, "ajustando nuestra actividad a los principios y normas de la Iglesia". (Carta Encíclica Mater e Magistra - 1963) 
La Doctrina Social de la Iglesia no se limita a dictar principios generales ni tampoco pretende sostener estructuras determinadas de poder político y económico, sino que es la respuesta que ofrece a la cuestión social, es decir, a los problemas suscitados por la injusta situación de cualquier estructura, de cualquier grupo humano, de cualquier... hermano..., junto con el esfuerzo de cada uno de nosotros por cambiar las condiciones sociales y ordenarlas de acuerdo al bien común.
Duc in altum, no nos queda otra cosa, bogar mar adentro...

jueves, 28 de agosto de 2014

Tiempo de transformar...


"Cuando se lee el Evangelio sin una idea preconcebida, se advierte, sin lugar a dudas, que Jesús vino a traer verdades nuevas sobre nuestro destino, no sólo de vida nueva, superior a aquella de la que nosotros tenemos conciencia, sino también y realmente un poder físico nuevo para actuar sobre nuestro mundo temporal. Sin embargo, no convendría que nuestra timidez o nuestra modestia nos convirtiesen en unos malos operarios. Si realmente podemos influir, por nuestra fe en Jesús, en el desarrollo del mundo, no tenemos perdón al dejar dormir en nosotros ese poder"

P. Teilhard de Chardin


Para reflexionar (II)


"No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo..."
"El Señor quiso que esta tierra fuera poseída en comunidad por todos los hombres..."
"Desgraciado quien tiene facultades para liberar a tantas vidas de la muerte y no quiere..."
Las expresiones de San Ambrosio son claras y duras.


Para reflexionar (I)




"El pan que tu retienes pertenece a los hambrientos..."
 (San Basilio)

martes, 26 de agosto de 2014

Magnificat

Entre las muchas meditaciones que ofrece este misterio, hay una especialmente atractiva.
Conocido es que, teniendo María noticias del embarazo de Isabel, marchó presurosa a felicitarla, a celebrar y compartir con ella la alegría de una maternidad largo tiempo deseada y suplicada: ¡Qué lección a cuantos descuidamos u olvidamos acompañar a los demás en sus alegrías!
El encuentro de estas dos mujeres, sus cantos de alabanza y acción de gracias, y las escenas que legítimamente podemos imaginar a partir de los datos evangélicos, constituyen un misterio de particular ternura humana y religiosa. Parece como la fiesta de la solidaridad y ayuda fraterna, del compartir alegrías y bienaventuranzas, del cultivar la amistad e intimidad entre quienes tienen misiones especiales en el plan de salvación. Sería delicioso conocer sus largas horas de diálogo, sus confidencias mutuas, sus plegarias y oraciones, sus conversaciones sobre los caminos por los que Dios las llevaba y sobre el futuro que podían vislumbrar para ellas y para sus hijos. Podemos pensar que, de alguna manera, se resumen en la bienaventuranza que Isabel dirigió a María, y en el cántico de acción de gracias por el pasado, el presente y el futuro, que ésta elevó Dios.
Todo ello constituye un magnífico programa:
"Su amor preferencial por los pobres está inscrito admirablemente en el Magníficat de María. El Dios de la Alianza, cantado por la Virgen de Nazaret en la elevación de su espíritu, es a la vez el que «derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos..., dispersa a los soberbios... y conserva su misericordia para los que le temen». María está profundamente impregnada del espíritu de los «pobres de Yahvé», que en la oración de los Salmos esperaban de Dios su salvación, poniendo en Él toda su confianza (cf. Sal 25; 31; 35; 55). En cambio, ella proclama la venida del misterio de la salvación, la venida del «Mesías de los pobres» (cf. Is 11,4; 61,1). La Iglesia, acudiendo al corazón de María, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magníficat, renueva cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don,de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magníficat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús.
La Iglesia, por tanto, es consciente -y en nuestra época tal conciencia se refuerza de manera particular- de que no sólo no se pueden separar estos dos elementos del mensaje contenido en el Magníficat, sino que también se debe salvaguardar cuidadosamente la importancia que «los pobres» y «la opción en favor de los pobres» tienen en la palabra del Dios vivo. Se trata de temas y problemas orgánicamente relacionados con el sentido cristiano de la libertad y de la liberación. «Dependiendo totalmente de Dios y plenamente orientada hacia Él por el empuje de su fe, María, al lado de su Hijo, es la imagen más perfecta de la libertad y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su integridad el sentido de su misión»ndo nuestro corazón y nuestro espíritu".
EL "MAGNÍFICAT" DE LA IGLESIA EN CAMINO por Juan Pablo II, Redemptoris Mater, nn. 35-37
Esta introducción nos sirve para presentar una loable experiencia, que recibe este nombre, y que se viene realizando en los colegios marianistas de la Fundación Domingo Lázaro, con el objetivo de impulsar la cultura de la solidaridad y del voluntariado en la familia colegial. Con este propósito se organizan charlas de formación a padres, profesores y alumnos y, lo que es lo más importante, se invita a los alumnos de primero de Bachillerato a colaborar con ONGs que desarrollan una acción social.
Cola de alumnos para entregar las solicitudes
para participar
en el Programa Magnífica
en el colegio marianista
San Felipe Neri de Cádiz
Un Programa, en el que los chicos y chicas, salen al encuentro de los vulnerables y ponen al servicio de ellos su juventud, su alegría, sus ideales, sus corazones, y parte de su tiempo.
Ellos nos enseñan y nos dan hoy ejemplo de cercanía, de opción por los más desfavorecidos, de cariño... De cómo amándose, y amándoles..., aprenden a
am-ARTE...
¡Qué arte!


Llamados al testimonio

¿Nos movemos?
Nosotros, Iglesia, debemos sentirnos llamados al testimonio mediante la Justicia y la Caridad en favor de los pobres:

- Promoviendo su presencia entre ellos y el compromiso de nuestra comunidad en favor de los que experimentan las diversas formas de pobreza.

- Favoreciendo la presencia y participación de ellos en nuestra vida comunitaria.

- Denunciando las causas que provocan la pobreza y la exclusión social.

- Defendiendo la dignidad y los derechos de todos los seres humanos.

- Promoviendo la educación de nuestros hermanos en la doctrina social de la Iglesia.

- Demandando que el conjunto de los bienes eclesiales esté al servicio de los pobres.

Y, en la nuestra en particular, sentir la llamada urgente ante la llegada de inmigrantes a nuestras tierras, acogiéndolos fraternalmente como hijos de Dios.

lunes, 25 de agosto de 2014

Testimonio


Si me falta el amor nada soy


Si algo hemos aprendido con los años es que... "si me falta el amor, nada me aprovecha".


Bien podemos recordar aquí la conocida frase de San Pablo en el himno a la caridad. Si nos falta el amor, nos sobra burocracia. Podríamos tener una perfecta organización, abundancia de medios económicos y expertos en problemas sociales, pero si no tenemos caridad, nuestras instituciones serán frías, sin alma, y a nuestra acción caritativa y social le faltará impulso, entusiasmo, entrega, constancia, paciencia, ternura y generosidad, tan necesarias siempre en este campo de la atención a la indigencia, la miseria y la marginación.
"Si me falta el amor nada soy"

Es evidente que la ayuda efectiva al necesitado es absolutamente indispensable como fruto de la caridad cristiana. Pero caeríamos en un materialismo y pragmatismo inhumanos si olvidáramos la actitud afectiva en una acción caritativa y social que pretenda llamarse realmente cristiana.
Quisiéramos dejar espacio para la reflexión personal, para que cada cual revise ahora de la relación existente entre nuestra vida espiritual y el compromiso de la acción caritativa y social...

¿Son dos campos separados e independientes?

¿Son opuestos e incompatibles?

¿O se vinculan entre sí, como los vasos comunicantes, que suben o bajan de nivel conjuntamente?



Con todos los sentidos

Escuchemos las voces que piden auxilio, sean gritos altos de dolor, o silencios de resignación, que nos llaman, tanto del Tercer Mundo, como del cercano Cuarto Mundo.

¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cómo viven o malviven? ¿Cuáles son las causas de su situación? ¿Qué solución darles? ¿Sabemos escucharles? ¿Los escuchamos?

Son muchos los graves interrogantes que nos rodean.


Abramos los ojos sobre el escenario de la pobreza, contemplaremos su realidad desoladora, sus condiciones de alimentación, la infravivienda, la educación, la higiene, la sanidad, etc.

No se tratan de exageraciones retóricas, ni de falsas alarmas, sino de una terrible realidad que oprime de forma insoportable a hermanos nuestros.


Debemos, pues, ser cristianos con todos los sentidos, escuchándolos y viéndolos, pero pertenecientes a la Iglesia por el Bautismo, desde ella estamos llamados a acercarnos y tocarlos, besarlos, y abrir nuestras narices (1 Cor 12,12) para recibir el soplo de Dios y dar una respuesta comunitaria a la cultura del individualismo y la insolidaridad, trabajando por la Justicia, siguiendo las huellas del que anduvo sobre el mar.


Abramos los ojos

  Recordaréis que dos ciegos salieron al encuentro de Jesús. Quisieron verlo y Él se los abrió.

 Abramos los ojos, porque somos corresponsables de tanta injusticia, y no hagamos simplemente como que vemos. Abramos los ojos, no como simple artificio retórico, más bien para abrir honestamente espacios a la solidaridad y el compromiso.

  Recordemos que el año que viene es el cincuentenario de la clausura del Concilio Vaticano II, que anunció Juan XIII con aquel rotundo abramos las ventanas para que entre aire nuevo.

  ¡Qué necesario era entonces que se imponían pensamientos humanistas!; como el de Sartre, que decía: "Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren". ¡Qué necesario es hoy en día, cuando el individualismo nos deshumaniza!

  Entonces, nos abrimos a la realidad del mundo casi en un nuevo Pentecostés, no sin resistencias, ni desidias. Cincuenta años después seguimos abriendo ventanas.

   A los cristianos nos toca también ahora abrir otras. Nos toca abrir, por ejemplo, la economía a otras perspectivas, en especial a la del bien común, porque la economía no es perversa, lo es quien la maneja y cree que las soluciones más rentables no pueden ser las más humanas. Esa es la perversión de la cultura del individualismo deshumanizador.

  La labor de todos, y de los economistas es la de intentar facilitar el empoderamiento de la persona, los artesanos, los profesionales, las pymes versus los mercados, abriendo una nueva era.


  Pero es un proceso, como el del CV II, que encuentra sus resistencias, y no es de efecto inmediato. Depende de las decisiones de cada uno de nosotros, de las millones de personas que tienen la libertad de elegir entre el compromiso de apoyar un mundo más humano, comprando por poner un ejemplo sencillo al comerciante de la esquina, o no, e ir a las grandes e impersonalizadas grandes superficies.

  Respondamos con sinceridad: ¿Quién de nosotros compra primando, en su decisión, el mercado más cercano, la calidad de los productos, el efecto en el medio ambiente para su producción, la salud de las personas, la elección adecuada de proveedores, la gestión responsable, y las condiciones laborales de los trabajadores...?

  Sí, somos corresponsables con nuestras decisiones, y a todos nos corresponde, por Justicia, abrir la economía dejando espacio a la reflexión y la coherencia individual, y a consumir con conciencia. Sólo entonces, la suma de todas esas decisiones conscientes, y elegidas en libertad, irán provocando la evolución que dará lugar al cambio.

  Sólo cuando creamos que la finalidad primordial de la producción no es el beneficio, sino el servicio de la persona humana.

  Sólo cuando se produzca una profunda renovación cultural y el RE-descubrimiento de los valores de fondo.

  Se dice que una crisis abre a un mundo de posibilidades. Aprovechemos ésta para evolucionar hacia uno desde las ideas más positivas, sin revoluciones dañinas, y rechacemos las negativas y populistas.

   Tenemos que tener confianza en que Dios nos ayudará a discernir, pero sin olvidar que cada uno tenemos que arrimar el hombro, sin resignarse aún cuando veamos pasar el tiempo, para abrir ventanas al bien común

   "Señor, que se abran nuestros ojos" (Mt 20, 29-33)

sábado, 23 de agosto de 2014

Compromiso activo


Todos aspiramos a un sueño: El de la Iglesia samaritana. Pero difícilmente podremos aspirar a la misma, si no lo somos cada uno de los cristianos.Este espíritu samaritano y solidario necesita realizarse en la práctica desde  unas claves para asegurar su significancia y efectividad y conlleva unas propuestas de acción:

* Vivir la dimensión política de la caridad (como veremos más adelante).

* Superar el mero asistencialismo, buscando más bien la promoción de los pobres.

* Realizar el discernimiento comunitario y profético (CLIM 60).

* Recibir una formación a la luz de la doctrina social de la Iglesia que integre sus principios fundamentales, sus criterios de juicio y sus directrices de actuación. 

Hoy  en día, el clamor de los que sufren suena más alto que nunca.

Pobres que carecen de lo necesario para desarrollarse como persona en el medio en que a cada uno le toca vivir, así como el no poder ejercer los derechos esenciales. Por tanto, no podemos hablar de pobreza en general y ceñirnos a lo estrictamente económico, sino de distintas pobrezas, puesto que se trata de un fenómeno cambiante y complejo. 

Pobreza económica, donde se pueden distinguir distintos niveles: el umbral de la pobreza, en el que vive un tercio de la población española y cuyos ingresos totales por persona están por debajo de la mitad de los ingresos medios por persona en nuestro país. Y en ese umbral la pobreza relativa o moderada y la pobreza extrema, situación en la que se encuentra en nuestro país medio millón de personas.

Pobreza de exclusión social: indigencia, miseria y marginación. Entre los indigentes se puede incluir a los llamados en otra época pobres vergonzantes y, en la actualidad, con los reajustes sociolaborales, también estarían incluidos los nuevos pobres: parados indefinidos, algunos jubilados y los que perciben pensiones por motivos diversos (enfermedad, carencia de ingresos...).

Pobreza psicológica: deficiencias, minusvalías, trastornos psíquicos; cultural: 30.000 analfabetos reales que hay sólo en Castilla y León, niños no escolarizados, fracaso escolar...; fisiológica: enfermos crónicos, terminales, disminuidos psíquicos, alcohólicos, toxicómanos; sociológica: soledad, aislamiento, especialmente en el medio rural.

La pobreza de la enfermedad. En línea evangélica, nuestras parroquias seguirán considerando la atención a los enfermos como un signo mesiánico absolutamente irrenunciable. Descubrirán la enfermedad como una de las mayores pobrezas. Encarnarán en nuestra sociedad el servicio sanadorde Cristo: -defendiendo la vida y la dignidad de toda persona humana, -luchando contra la enfermedad, sus causas y consecuencias, -comprometiéndose en todo aquello que ayude al hombre a vivir de manera sana, eliminando de su seno todo lo que sea patógeno; e impulsando una cultura que asuma la limitación del hombre y la realidad del dolor, la enfermedad y la muerte.

Pobrezas por crisis de valores, de insolidaridad, y de indiferencia.

No es que no percibamos estas y otras muchas manifestaciones de la pobreza; lo que nos cuesta es mirar a los ojos a los pobres. Ese es el gran obstáculo.

Como cristianos, más que un sueño, tenemos un compromiso que no es una opción que se puede asumir si se quiere y rechazar si no se quiere. Es una exigencia como bautizados, por el que Jesús nos envía a transformar nuestro mundo a semejanza de su Reino: "La Iglesia se juega su presente y su futuro en el servicio a los pobres. Sólo una Iglesia que se acerca a los pobres y los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje evangélico" (IP 10). La Iglesia tiene que ser samaritana y salir al encuentro de los pobres. Nosotros debemos ser samaritanos. Estamos comprometidos a mirarles a los ojos, a llamarlos por su nombre, a conocerlos y quererlos, a salir a su encuentro, en lugar de esperar a que sean ellos quienes acudan en busca de apoyo, y a andar a su lado.

Compromiso activo estamos diciendo que hay que estar: con espíritu de lucha, de superación y de transformación de la realidad, con conciencia de estar promoviendo la justicia y viviendo la fe como encuentro personal con Jesucristo en su Iglesia y expresándola en el testimonio y en el compromiso por la liberación, sobre todo, de los más desprotegidos. Pero además, hoy más que nunca, se requiere capacidad y educación para trabajar en equipo, una "fe de resistencia" contra el desaliento y una gran dosis de compasión y ternura ante tanto sufrimiento.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

viernes, 22 de agosto de 2014

Los pobres son...

...los que no son...

LOS POBRES SON LA IGLESIA



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Vacío de plenitud

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La compasión


Alimentando la misericordia






Participación activa



Salir a las periferias es dialogar

El secretario general de Cáritas España, Sebastián Mora, ha participado esta mañana en la 67 Semana de Misionología de Burgos. Gran conocedor de la acción social de la Iglesia española, ha subrayado la necesidad de recuperar la caridad para hacer de la Iglesia una institución creyente y creíble. Asimismo ha dicho que la opción por los pobres no es de unos pocos, sino de toda la Iglesia.

Sebastian Mora, Secretario General de Cáritas,
y José Manuel Jiménez, Compromiso Marana-thá
En los primeros siglos del cristianismo la apologética de la caridad fue mucho más apabullante que la apologética de la doctrina”, ha afirmado Sebastián Mora, Secretario General de Cáritas, quien ha subrayado que la Iglesia necesita más testigos que teólogos. Y es que, según él, la caridad se ha quedado en un segundo plano. La Iglesia se juega su fidelidad a Cristo en los pobres, tal como ha analizado. “Un creyente nunca puede dejar de escuchar el clamor del pueblo de Dios, el lamento del que sufre. De ahí la indignación que inmediatamente arranca en compromiso por luchar y mejorar la condición del que sufre”.
El Secretario General de Cáritas España anima a salir a las periferias, tal como indica el Papa Francisco, sin esperar a que la gente venga. “Salir a las periferias es ir a dialogar, no a monologar. Dialogar es poner en cuestión no la verdad, sino mi verdad’. Sebastian ha puesto un ejemplo de salida a las periferias en la acción con los inmigrantes. Aunque reconoció el gran trabajo realizado por la Iglesia, reconoció que aún falta mucho por hacer. “Tantas veces son los despachos parroquiales los que han estado abiertos a los inmigrantes, pero no las comunidades’, explicó. “Se trata de convivir con ellos, hacerlos parte de nuestras comunidades, de nuestros amigos, de nuestros pensamientos. Los personas necesitadas son sacramentos de Dios".

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