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viernes, 18 de julio de 2014

UNA IGLESIA POBRE Y PARA LOS POBRES

Foto: Joaquín Hernández Conde (Kiki)
Una de las frases que más ha sonado de Francisco: "¡AH, CÓMO QUERRÍA YO UNA IGLESIA POBRE Y PARA LOS POBRES!” Y desde ella vamos a reflexionar sobre la Iglesia, el misterio que prolonga la presencia viva de Jesucristo a través de los siglos. En la Iglesia es donde Cristo realiza y revela su propio misterio como finalidad del designio de Dios: “recapitular todo en El” (Ef 1,10). San Pablo llama “gran misterio” (Ef 5,32) al desposorio de Cristo y de la Iglesia. Porque la Iglesia se une a Cristo como a su esposo (cf. Ef 5,25-27), por eso se convierte a su vez en Misterio (cf. Ef 3,9-11). Contemplando en ella el Misterio, san Pablo escribe: el misterio “es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria” (Col 1,27). Y en ella, es el Papa quien tiene como primer deber el anunciar a todos el Evangelio de Dios, según la orden del Señor (cf. Mc 16,15). Es quien lleva nuevos discípulos a Cristo. Es el maestro auténtico, “por estar dotado de la autoridad de Cristo”.

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