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lunes, 21 de julio de 2014

Indiferencia

Miramos el drama de la pobreza extrema, allende nuestras fronteras, que no sabe de crisis. Y en el interno, más crónico que nunca, porque nos alcanzó cuando pensábamos que no nos tocaría, cada vez más extensa e intensa, y a la que ya le ponemos incluso de niños.
Miramos y, más o menos, nos conmueve e incluso nos mueve a actuar.
Miramos desde hace mucho otro drama que tenemos muy cercano, construido a base de pateras y cayucos, organizado por mafias, y que hoy por hoy tiene nombre de vallas. De alambradas que llegan a lacerar el alma. Innombrables sin rostro que llenan los centros de acogidas. ¿Nos conmueve? ¿Nos mueve?
Nos trae el clamor de Francisco en Lampedusa, a la que fue para "despertar conciencias" y para que no se repitiesen tragedias y naufragios.
"La cultura del bienestar nos ha hecho insensibles a los gritos de los de los otros. Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto, la globalización de la indiferencia nos sacó la capacidad de llorar"

"Muchos de nosotros, y me incluyo, estamos desorientados, ya no estamos atentos al mundo en el que vivimos, no curamos, no custodiamos lo que Dios ha creado para todos y tampoco somos capaces de custodiarnos los unos a los otros", dijo Francisco al celebrar una misa penitencial en el estadio del campo deportivo, al lado de un sitio emblemático de esta isla, el cementerio de barcos que naufragaron en el Mediterráneo.
"Cuando esta desorientación asume las dimensiones del mundo, llegamos a tragedias como la que hemos visto", agregó, en referencia a un enésimo naufragio, hace menos de un mes, que para el Papa representó "una espina en el corazón" y que lo empujó a hacer esta visita relámpago.

RESPONSABILIDAD FRATERNA

"Estos, nuestros hermanos y hermanas, buscaban salir de situaciones difíciles para encontrar un poco de serenidad y de paz", dijo el Papa. "Buscaban un lugar mejor para ellos y para sus familias, pero encontraron la muerte. ¡Cuántas veces aquellos que buscan esto no encuentran comprensión, acogida, solidaridad! ¡Y sus voces llegan hasta Dios!", subrayó.
Al evocar el pasaje de la Biblia en el que Dios le pregunta a Caín "¿dónde está tu hermano?", Francisco se preguntó: "¿Quién es el responsable de esta sangre?". Acto seguido, citó un clásico de la literatura española, Fuente Ovejuna, para destacar que nadie se hace responsable de este drama. "¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanas y hermanos? ¡Nadie! (...) Hoy nadie se siente responsable de esto, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna", clamó.

"La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de los otros, nos hace vivir en pompas de JABÓN, que son lindas, pero no son nada, son una ilusión fútil, del provisorio, que lleva hacia la indiferencia hacia los otros, es más, lleva a la globalización de la indiferencia. Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, ¡no nos atañe, no nos interesa, no es asunto nuestro!", cuestionó.
Francisco también citó a Alessandro Manzoni y la figura del "Innombrable" de su obra maestra, "Los novios". "La globalización de la indiferencia nos hace todos 'innombrables', responsables sin nombre y sin rostro", denunció.

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