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sábado, 26 de julio de 2014

Esta realidad la cambio yo

Hecha la opción, y tomada la decisión, es muy frecuente pensar y caer en la tentación: Esto, lo cambio yo.

Entonces, comenzamos a hacer grandes planes, dedicamos tiempo a planificar recursos, y engendramos muchas ilusiones que se van fraguando en la cabeza. En el fuero interno llegamos a pensar, y sentirnos, como unos salvadores.

Hablamos, y hablamos, de los pobres, de sus creencias, de sus motivaciones, como si estuviésemos revolcándonos en su mismo barro durante toda la vida. Pero lo hacemos desde nuestros condicionamientos. No caemos en la cuenta que, ni los pobres, ni los que nos conocen nos entienden. Es como si hablásemos en otro lenguaje.

Al fin y al cabo, los problemas, nos hacen olvidar la realidad humana concreta. No es una cuestión a resolver, la pobreza, ni siquiera unas cuantas, las bolsas de pobreza, son tantas como hombres, son los pobres.

Entonces la realidad nos golpea, y en lo cotidiano nos grita: -¡Tú no cambias nada! 

La misión evangelizadora es elevada; sin embargo, para conocer hay que bajar a la realidad. Hay que conocer en sentido bíblico, penetrando en ella -la pobreza- desde la mirada de Dios, y contemplando la presencia de Él en cada una de las personas que habitan en la marginación.

Aún así, no te pierdas el tren. ¡Móntate en él! Experimenta que algo sí puedes cambiar: Tu actitud.



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