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domingo, 27 de julio de 2014

El momento de despojarnos

Ayer decíamos: Esta realidad la cambio yo (entra en el enlace para verlo), creyéndonos salvadores, y encontrándonos de bruces con una respuesta inesperada: ¡Tú, no cambias nada!. No sé si llegaste a preguntarte lo que hacías aquí. Aún así, decidimos no perder el tren. Lo cogimos, y poco a poco descubrimos el abismo existente entre los pobres y nosotros. A su mundo no estamos acostumbrados, y se produjo el choque. Golpe que frecuentemente nos genera la inseguridad desde nuestro acomodamiento.

Es el momento de despojarnos de cosas, de aferrarnos a la cruz, la de Cristo, y las de los demás. La hora de anonadarnos.

Sentirnos inseguros intentando trabajar desde la realidad de los pobres no deja de ser una manera de reconocer nuestra fragilidad.

Es la puesta en marcha de los discípulos a la respuesta de Jesús a su pregunta: ¿Dónde moras?:

-Escuchad: Venid y lo veréis.

Dejar que vuestras inquietudes y movimiento se deje interpelar y, como ellos fueron, id vosotros.

Un ir que sabemos que implica complicarse, replicar, escuchar, tocar, enjugar. ¡Mojarse!

No importa de donde vienen ustedes, sino adónde van.

Somos Iglesia; miembros de una Iglesia en misión; de una Iglesia unida en torno a la Luz que alumbra el camino. Comunión desde la diversidad, y nunca impuesta como praxis liberadora. El signo de nuestra liberación es la Cruz.

¿Estás lo suficientemente comprometido como para coger la tuya y seguirle a Él?  

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