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miércoles, 10 de marzo de 2010

Memorias de la Amazonía. Asi Viven ( y V)

Pero, por otra parte, el habitáculo donde viven no es algo mejor, como se ha dicho ya tantas veces, la miseria, la suciedad, el abandono y el hecho de ser una habitación común y para todo, donde conviven día a día, es difícil, en esas condiciones, es imposible, reunir las mínimas condiciones para poder estudiar. Después de todo esto lo extraño sería encontrar se con el colegio en buen estado material y de limpieza, por mucho que las religiosas se empeñen. Nos podemos imaginar donde no están ellas.

Entre los troncos que hacen de vigas en la clase, es fácil ver pasear como por una alameda roedores repugnantes y sus nidos, llenándolo todo de suciedad peligrosa para la salud. Las hermanas han advertido varias veces ya esto a las autoridades pero siguen haciéndose los sordos o excusándose con que no hay plata.

Vacunos, ovinos, sobre todo, no se ven por ninguno de esos pueblos de la selva, sin embargo existe, en la aldea donde viven y trabajan las Hermanas del Rebaño de María, una granja de búfalos. La leche de búfalas no la venden para beber sino para hacer queso que vende en las lanchas que llegan a ese caserío. La razón, según el granjero, de la existencia de búfalos por esas tierras en medio de la selva, es porque se adaptan mejor que el ganado vacuno a estas latitudes y además comen de todo.

Otro tipo de comida, propia de los que tienen un pequeño maizal, es la llamada “humitas”, es una masa hecha con harina de maíz envuelta en hojas de mazorca. Propio también las empanadillas de yuca.

Visitando algún barrio de los caseríos, que generalmente están fuera de lo que pudiéramos llamar “casco urbano”, para entendernos, sientes, desde luego cuando se va no sólo de visita sino con una visión comprensiva de la realidad y a buscar un entendimiento mayor con estas personas, se siente uno muy incapaz ante esa realidad doliente, pero en el fondo te sientes bien, tal vez porque te das cuenta que a nosotros nos sobran muchas cosas y esto alivia nuestro inútil peso, a la vez que vives con clara verdad lo relativo de todas las cosas e incluso personas.

No es que tengamos que volver al hombre primitivo, pero sí nos enseñan que se puede vivir con muy pocas cosas para que con nuestra abundancia no le empobrezcamos a ellos.

Fr José María Estévez Andamoyo, ofm.
Prov. Franciscana de Granada

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