domingo, 21 de julio de 2019

Betania



Betania es la casa de los amigos. El descanso del Corazón de Jesús. Allí es recibido y Jesús se encuentra como en casa. Aparecen en esta aldea tres maneras de relacionarse con Jesús. María que es el amor contemplativo. Marta que es el amor que se hace servicio. Lázaro es el amor que se deja elegir.
En este pasaje de Lucas, María acoge a Jesús y escucha a sus pies los secretos de su Corazón en su Palabra viva. María se bebe a sorbos la fuente de la vida de su Corazón. Su relación con Cristo esta cimentada en la serenidad que da la contemplación. Es un camino que se hace interioridad que se hace servicio desde un corazón enamorado.
Marta es amor hecho manos que sirven. Es un amor entregado que tiene el peligro de un cierto stress que es la madre de todas las crisis. Marta se pone nerviosa porque cree más en hacer que en ser. Si la entrega de nuestra vida no está cimentada en un amor contemplativo tiene el peligro de olor a quemado. Marta y María expresan las dos juntamente y no separadas que no existe autentica caridad sino se cimienta la dimensión contemplativa de la vida y una vida de oración que no se hace servicio de amor y caridad no tiene el sello de origen y autenticidad del ser cristiano.

miércoles, 17 de julio de 2019

Amar y servir


Amar y servir. Una máxima ignaciana que define una idea, un deseo, un modo de vida, una aspiración para todo creyente. Amar a cercanos y lejanos. Es verdad que en estos tiempos en los que la  cultura del ocio o de la diversión acapara todo nuestro tiempo libre, al final no nos deja tiempo para prestar atención a las personas y escucharlas. La búsqueda continua de experiencias cada vez más excitantes nos hace vivir estresados. Jesús no era una persona solitaria dedicada a la contemplación. Su agenda de cada día estaba siempre a tope, pero no caía en un activismo febril sino que sabía buscar sus momentos de descanso. Marta, María y Lázaro eran tres amigos entrañables de Jesús con los que pasaba sus buenos momentos. Las dos hermanas aparecen en el evangelio de hoy realizandoactividades distintas.
Aunque la tradición cristiana ha visto en ellas algunas veces la representación de la vida activa y de la vida contemplativa, parece que más bien encarnan dos de las dimensiones de la vida, que todos debemos cultivar. Hay muchas más, sin olvidar el sufrimiento del que nos habla san Pablo (Col 1,24-28). En todas ellas somos a la vez activos y pasivos.  En la vida recibimos y damos, damos para recibir y recibimos para dar. Ante todo queremos recibir amor para dar amor. Ese amor uno lo experimenta cuando presta atención a la fuente del amor: Dios que nos ha amado primero.
El que escucha la palabra, el que escucha a las personas, encuentra a Dios y a Cristo en la vida. Así  experimenta una transformación interior que se traducirá en su manera de vivir y en sus acciones y sufrimientos. Es lo que uno vive de manera especial en la oración cuando ésta es auténtica, cuando uno se expone a la presencia de Dios. Por eso Jesús aparece muchas veces en el evangelio orando a solas. Dios está siempre actuando y ponerse en su presencia es entrar en su acción de salvar el mundo.
Marta sirve al maestro, María lo escucha. Marta pretende que María abandone su propio ministerio de escucha de la palabra a favor del servicio (Lc 10,38-42). Jesús no sólo la defiende sino que indica que la escucha de la palabra  es lo único necesario y al mismo tiempo es lo mejor. Que sea lo único necesario no excluye la existencia de otros ministerios. La vida eclesial no se rige por la ley de la necesidad sino por la riqueza de dones del Espíritu.
Jesús alaba a María porque ha sabido centrarse en su vida, buscando lo único necesario y escogiendo la parte mejor. No siempre la parte necesaria es la mejor. Pero en este caso sí. Escuchar la palabra del Señor es lo único necesario y lo mejor que uno puede hacer. Pero la piedra de toque de la calidad de nuestra vida será siempre el servicio. San Ignacio de Loyola comprendió muy bien que no se podían separar ambas realidades y lo formuló diciendo: “en todo amar y servir”.
Probablemente el error de Marta es querer reducir todo unilateralmente al servicio práctico y pretender que es lo único que uno debe hacer y no perder el tiempo como su hermana. Eso es lo que le pierde a Marta. Quiere imponer su punto de vista a su hermana y para ello busca el apoyo de Jesús. Jesús no se lo da. María, en cambio, respeta lo que Marta está haciendo y no le pide dejar de moverse y venir a sentarse a los pies de Jesús para escucharlo.
El ejemplo de Abrahán (Gn 18,1-10) es muy elocuente. Da hospitalidad al Señor bajo la forma de los tres mensajeros. Los acoge en su tienda, les dedica tiempo y prepara todo lo necesario para servirlos. Da órdenes, pero también él se mueve y pone manos a la obra. Más tarde tendrá un sabroso coloquio con ellos. Ha sabido integrar la atención a las personas y el servicio concreto a su necesidad de comer.
En la celebración de la eucaristía se integran la escucha de la palabra de Dios, la participación en el banquete que el Señor prepara para nosotros, y el envío a hacer presente el amor de Dios que hemos experimentado. Así vivimos en plenitud toda la riqueza de vida eclesial.
Aprendamos a mirar con benevolencia y a trabajar por ello. Ahí entra el servir.

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